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Viernes, 30 de diciembre de 2011

LUX VA A PRIDE HOLLYWOOD

Barby Noel

La tradicional anfitriona de América convertida en objeto navideño hace las delicias de grandes y chicas, osos y Lux en una muestra de fotos donde quien sabe mirar, encuentra la tercera dimensión.

Me estalló mi agenda fiestera, Navidad y Fin de Año vinieron recargados de eventos y eventualidades, lo que me hacía difícil estar en todas partes pero lo logré, claro que a fuerza de quedar todx partidx. No tuve ninguna noche de paz, aunque sí muchas de amor, porque donde voy me llevo un souvenir para el arbolito: nada mejor que un polvo de estrellas entre las ramas. Entre tanta invitación encuentro la cita ineludible: muestra de fotos de La Barby encarnando a Mamá Noel, con chongos animalizados haciendo de renos en el Café Pride de Palermo Hollywood, venga hoy y todos los días hasta el martes 10 de enero, porque ahora el orgullo se comienza a ramificar por los cien barrios porteños. Y, además, se anunciaba cocteles gratis, lo que imponía llegar temprano. Arribé y La Barby ya había desplegado todo su arsenal de talento mutante, que la vuelve muñeco de nieve, con las curvas y todo, que cambia de forma para cada ocasión. Es decir, si viene un chongo a sacarse fotos, La Barby se convierte en una Coca Sarli de lujuria cándida pero zarpada; si viene una minita, establece una complicidad instantánea como si fuera una conductora punk de Utilísima. Y si vienen niñxs, Barby se vuelve una Panam caníbal que se devoró a Piñón Fijo, y siempre sigue siendo en el fondo y en el frente esta drag queen encarnada por el actor Leo Veterale, tradicional anfitriona en los viernes de Amerika y columnista queer en BdV. Siendo que a mí nadie me daba ni la hora, frente al magnetismo animal de la anfitriona, me acodé en la barra donde la barwoman descorchaba y servía como si estuviese regando las plantas, y yo que soy flor de borracheras, nunca traiciono a mis raíces. Con el bocho ardido de burbujas no sé si lo que vi es lo que había: dos niñas de trencitas y vestidos de flores, como salidas de una película lisérgica de Disney, eran fotografiadas por su madre junto a La Barby, mientras aparece un grupo de osos que me conmueve con su virilidad pop: remeras del arco iris o de equipos de fútbol, zapatillas flúo, gorras de béisbol. Entre ellos, el fotógrafo responsable de la muestra, Pablo Armando Mouriño, chongo hecho y derecho, con su respectiva remera rockera, vocifera sobre los chistes homofóbicos de su infancia. Todxs nos divertimos del anecdotario escolar, hasta que en el plasma del local de enfrente, nos damos cuenta de que se define el Bailando por un sueño, y quedamos hipnotizadxs hasta que las imágenes nos confirman que ganó Piquín. Y exaltadxs, con La Barby a la cabeza de la hinchada espontánea, como una barrabrava de un musical de Broadway, vitoreamos al grito de “¡Piquín! ¡Piquín!”, que pronto se transforma en “¡Pijín! ¡Pijín!” y luego en “¡Noelia! ¡Noelia!”. El malevaje extrañado miraba sin comprender a la troupe cantarina de esa esquina. Y así nos fuimos, subimos a un taxi o a un trineo, disculpen mi ebria confusión, con La Barby de Mamá Noel adelante, guiándonos, como si azotara a los renos con un látigo de dominatrix. No recuerdo más hasta que me desperté al otro día; pero por el rugido que sentía en mi cabeza, seguro me acosté con un oso la noche anterior.

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