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Viernes, 29 de junio de 2012

Orgasmos de Oz

Fernanda Cohen presenta casi simultáneamente una muestra (Arco iris) y un libro (Guía ilustrada del orgasmo femenino). En la primera, niñas con curvas redondeadas, entre inocentes y perversas, juegan al deseo entre ellas; en el segundo, las mujeres acaban gráficamente. El universo femenino a flor de papel.

 Por Diego Trerotola

Cuando se estrenó El mago de Oz, Judy Garland recién había cumplido 17 años. La película, a fines de la década del ’30, proponía un prodigioso virado del blanco y negro al technicolor y la canción “Over the Rainbow”, que convertían el relato en un libro para pintar automático, donde la niña actriz trazaba cada pincelada de candidez infantil, para convertirse primero en una clave secreta y luego terminar sacando el arco iris del closet para devenir símbolo de la diversidad sexual. De estampa camp a estampita de culto queer, Judy se convirtió en sinónimo de sensibilidad colectiva y todavía su figura es invocada como ángel guardián de ciertas formas de cultura transformadora.

Aunque no remite directamente a El mago de Oz ni a Garland, la muestra Arco iris de Fernanda Cohen parece invocarlas o, al menos, reclama como banda sonora la versión con voz de androginia teen de la estrofa que inicia la canción: “En algún lugar sobre el arco iris / muy alto / hay una tierra de la que escuché/una vez en una canción de cuna”. El lugar que construye Cohen en sus dibujos tiene algo de cuadro de comedia musical, de la tierra de Oz con propiedades hechiceras, habitada por un escuadrón de bailarinas formado por nenas gordas en bombacha, que se entrelazan en coros con tintes de carnaval seminudista. Aunque cada cuadro exhibe dibujos de línea negra firme redondeada en curvas delicadas de gracia orgánica, la técnica collage enmarca los trazos con texturas mezcladas y diversas, como unos hilos de colores rondando los cuerpos para hacer las veces de serpentinas pero también de sogas, hay algo de atarse a la fiesta, como querer quedar enlazadas en esos paraísos rectangulares encuadrados por manchas multicolores como un cielo estrellado de papel picado. “Mientras dibujaba, que fueron más de dos meses de mucha intensidad, de estar inmersa en este mundo de las gorditas, me di cuenta de que mi mano, y no necesariamente mi cabeza, quería romper la estructura física y por eso hay nenas que flotan, ¿y por qué no podían irse para arriba?”

NIÑAS TRAVIESAS

“Además, ellas tienen una rara articulación del cuerpo. Le puse a cada cuerpo que dibujé mucho lenguaje físico. Que jueguen, que jueguen con la libertad que ni siquiera hay en el mundo real, porque hay gravedad, porque somos humanos, porque los huesos se rompen. Sin deformarlas o hacerlas de goma, jugué mucho con eso”, explica Fernanda Cohen, ahora instalada en Buenos Aires tras estudiar en la School of Visual Arts (SVA) y comenzar una carrera exitosa como ilustradora en Nueva York durante años, pero reconociendo como gran influencia a la hora del dibujo a la Mafalda de Quino, que fue lo primero que dibujó en su vida. Tal vez, de las curvas de esa niña sesentista de historieta haya nacido parte del espíritu que anima esta fiesta del cuerpo libertario que se moviliza en cada cuadro de la Cohen sobre el Arco Iris. Fiestas paganas femeninas, cuerpos que no tienen una belleza convencional y diet, pero festejan en topless ingenuos y bombachones níveos decorados por un pompón rojo y ambiguo, que también puede ser un asomo menstrual. “En general recuerdo cuando surgieron las ideas, pero la de esta serie no la recuerdo. Me dieron muchas ganas de dibujar estas nenitas en bombacha y quería que tuvieran la puntillita y el moñito que tenés en la bombacha cuando sos chica. Cuando mi galerista vio eso, dijo que ese moñito era como la herida cuando se corta el cordón umbilical. Y fue la primera persona que me remarcó eso, lo que me acabás de remarcar vos. Y es que estas nenas tienen una cosa entre inocente, promiscua y traviesa. Y hasta asquerosa a veces podría ser.” Y también sensual, porque la fricción entre ellas es constante y sonante y llegan a organizar amontonamientos con sesgo de orgías del roce, como si se tratara del erotismo espontáneo de una libido lésbica liberada como juego carnal. Cada cuadro es una caja de música que se abre para que giren bailarinas libres de la presión sobre el cuerpo y sobre el deseo, para ejecutar la danza bucólica de infantilismo emancipatorio. “Toda mi obra tiene algo muy lésbico. Yo no tengo nada lésbico, más que estar convencida de que a todas las mujeres nos gustan las mujeres.”

MUJER CONTRA MUJER

“Edité el libro Guía ilustrada del orgasmo femenino, y hacemos la presentación a fines de junio con Juan Carlos Kusnetzoff, que escribió la introducción. Y lo que pasó durante la investigación, que no está en el libro porque no tiene que ver con la temática, es que terminé comprobando científicamente algo de lo que estaba convencida, y es que las mujeres estamos atraídas naturalmente por las mujeres. Fisiológicamente, si a vos te hacen un estudio y te ponen todas las cositas para estudiar qué te pasa adentro, el hombre no está atraído por el hombre, pero las mujeres sí se atraen entre ellas, seas lesbiana o no. Yo miro mujeres, a veces más que mis hermanos, pero no porque me guste o porque me estimulan sexualmente, sino porque me atrae entender y mirar la forma de la mujer, y por ende me atrae dibujar la forma de la mujer. Hice una muestra que eran todas mujeres gigantes que se cagaban de risa de un tipito que se mostraba de atrás abriendo un piloto. También hice obra comercial, con dibujos de todas mujeres grandes que bailan desnudas. Hay tanta mujer en mi obra, que si no me conocés podés pensar tranquilamente que soy lesbiana. Y no me molesta que se piense. A mí me atrae la sensualidad, nunca entro en lo grotesco al usar el sexo, o la excitación más que el sexo. Incluso el libro no tiene nada de grotesco hablando del orgasmo femenino: mi abuela lo tiene y se lo regaló a una amiga.”

En cada página de la guía ilustrada por Cohen, una mujer de vestido rojo a lunares, que puede ser pariente de las que flotan en los cuadros de Arco Iris, expone en soledad la multiplicidad de prácticas y posibilidades alrededor del orgasmo. La primera oración de la Guía es muy clara para definir la autonomía del mundo mujeril proyectada por la obra de Cohen: “Empecemos por entender que el orgasmo de la mujer empieza y termina en UNA, la mujer, no con ellos, los hombres”.

La muestra Arco Iris de Fernanda Cohen se exhibe hasta el 20 de julio en la galería Elsi del Río, Humboldt 1510. CABA.
Más información: fernandacohen.com

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