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Viernes, 18 de enero de 2013

DE TRANS A TRANS

Lavado de cabeza

Cómo cuidar el pelo, cómo cuidar la cabeza.

 Por Valeria Licciardi

Fue un golpe seco. Una cachetada a mano abierta que me dio vuelta la cara. Tenía 7 años cuando les dije a mis padres que me sentía una nena y que por eso quería dejarme el pelo largo. Luego vinieron tiempos más civilizados, pero el pelo siguió cortito. Recién en la secundaria comencé a dejarme el pelo largo, aunque nunca pasaba de los hombros, me había acostumbrado, y la verdad, creo que haber tenido el pelo corto hizo que muchas cosas de mi interior se hicieran sentir más. En el camino había comprendido que la feminidad no pasaba por simbolismos.

Educación capilar

Ahora al pelo lo tengo cortito, pero en otro sentido. Le di una educación y una rutina, pregunto a expertas y sigo consejos.

Hay que cuidar el pelo todos los días porque más allá de que le pongamos la connotación de belleza y estética, es una cuestión de salud. Quizás algunas chicas no tengan mucho pelo o sean peladas. Hoy la ciencia y sus avances tiene muchas soluciones si desean cambiar. Desde implantes, masajes, pelucas, sombreros o pañuelos. Pero ¿quién dijo que todas tenemos que tener pelo? ¿Qué nos garantiza tener pelo? ¿Somos mujeres si tenemos pelo? ¿El largo es mujer y el corto es varón? El pelo viene con nosotras y puede irse como tantas cosas que se van, pero hay algo que nadie puede cambiar por más que no tengas pelo o te lo corten como a mí.

Peinadas por experta: Lizy Tagliani

¿Cómo empieza tu relación con el pelo?

–Por necesidad. Porque era no conseguir trabajo en ningún lado. Yo empecé estudiando sociología y llegaba un momento en el que tenía que empezar las prácticas y no me daba la plata para tener una carrera. Entonces era o ir al Lawn Tennis, en ese momento la zona roja, o ponerme a laburar. Pero era un momento difícil para nosotras. Hoy tengo 42 años, o sea, que te hablo de hace 22, cuando no es que ibas y te hacías telemarketer. Entonces lo que hice fue buscar trabajo donde ser afeminado o trans tuviera sus beneficios, y eso tenía que ver con la estética. Entonces dije: “peluquería”, pero no es que era una vocación, lo hice y solamente dije “bueno. Soy marica peluquera”, como decir tengo un martillo, me hago carpintero.

¿Cómo fueron los primeros pasos?

–Arranqué de asistente y yo no tenía idea de cómo se agarraba ni siquiera un peine. ¿Que hago con esto? Porque en mi familia no hay nadie que se asemeje, mi mamá, ama de casa, mi papá. carnicero. No hay forma de que un peine tenga que ver conmigo, en mi infancia al menos. Nunca peiné una muñeca, no hay nada en relación con lo femenino.

¿A qué jugabas?

–A los autitos, pero adentro del autito, yo era mi abuela. La que manejaba era mi abuela, una mujer que usaba tapado de piel y se pintaba de celeste los ojos.

¿Odiás tu trabajo?

–¡No! Con el tiempo empecé a descubrir que la peluquería era algo que me interesaba, que me producía placer, que me daba mucha creatividad.

¿Te preparaste en alguna escuela?

–Sí, es muy importante prepararse. Siempre hice cursos, ramos y tocados, todo. ACP es un lugar muy conocido, APIA también, son lugares más económicos y donde podés hacer varios cursos.

Hablemos un poco de cómo empezar si una quiere armar su look.

–Siempre hay que tratar de destacar lo más lindo que tiene la persona, pasa con todos y todas. Es encontrar el estilo que va para la cara. Hay que prestar mucha atención en las chicas, lo que ellas quieren ver, porque en general todas tienen un prototipo de mujer que está en su cabeza y no siempre coincide con su imagen.

¿Cómo sería?

–Darle el mejor uso al pelo en beneficio de tu propio rostro. Porque a veces te lo pide. Si tenés cara redonda, tenés que desmechar, afinar, sacar. Hacer flequillos largos, casi como crecido, para poder jugar. Flequillos que te hagan sexy. Cuando la cara es angulosa, necesitás volumen. Pero hay algo fundamental a la hora de elegir un tipo de corte y peinado: es importante el cuello, más allá del rostro. Si tenés un cuello de boxeador y encima le agregás volumen, lo que hacés es encogerte. Ojo que unís la cabeza al torso.

¿Cuáles serían los cuidados imprescindibles?

–Nosotras necesitamos hacernos hidrataciones, no nutriciones, la mujer biológica sí necesita nutrir porque después, cuando baja el estrógeno, aumenta el colágeno y ahí es cuando ella pierde el cabello. Nosotras tenemos exceso de colágeno y si vos encima le agregás baño de crema, puede producir caída y demás. Hidratar más que nutrir. Hidratamos con ampollas, vamos cambiando la crema de enjuague por ampollas.

En cuanto al color, ¿qué cosas son importantes?

–Las chicas solemos teñirnos mucho. Está bien buscar el color, una vez que lo tenés, ¡¡¡buenísimo!!! Lo más importante, si se lo hacen casero, es lavarse a morir, enjuagar, enjuagar hasta que salga transparente el agua, porque a veces te lavás y ansiás pensar que está bien limpia y la tintura sigue actuando y después produce descamación, se deshidrata la piel y se cae.

¿Hay algún truco económico que podamos hacer en casa y que dé buenos resultados?

–Casero casero, lo mejor para nuestro pelo, en nuestro caso, es un día que no tenés plan, lavarte con detergente. Al principio, parece una monstruosidad y después te queda de publicidad. Porque el pelo se defiende, el pelo es piel. Tu mismo organismo empieza a generar cosas para curarse, el pelo también. El pelo se siente desprotegido, entonces ¿qué hace? Comienza a producir su propia grasitud, su propio colágeno. Recomiendo el Querubín.

Visita a Lizy Tagliani en Vicente López 1844 y mirá sus shows los miércoles 0.30 en KM0

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