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Viernes, 8 de marzo de 2013

Nuestro día

Vida Morant y Valeria Licciardi. Conversaciones a propósito del Día de la Mujer.

 Por Valeria Licciardi

”Volvía del colegio, almorzaba, dormía la siesta, me despertaba y me ponía a jugar. No lo hacía con muñecas porque no las tenía, ni tampoco me llamaban la atención. Jugaba con los chicos y chicas del barrio. Me copaba treparme a los árboles, jugar a la escondida, al poliladron. También me divertía ayudar a cocinar a mi abuela, estar sola, mirar películas, leer revistas. Mis recuerdos de la infancia no los vivo como mujer u hombre. Si yo tuviera que decir lo que pienso, diría: es que para mí no debería existir el género, hay cosas femeninas y masculinas, algunos se animan más y otros no tanto, creo que todos tenemos esto incorporado.

Está bueno empezar a ver a las personas como personas. Por ejemplo, cuando estoy con alguien no le pregunto si es gay, trans, operado, no operada, hombre, mujer, peronista o heterosexual. Me gustó y le gusté. Su definición no se la voy a estar pidiendo, como tampoco le voy a dar la mía.” Así habla, sin que nadie la pare, la actriz y activista trans independiente Vida Morant cuando la convocamos para desear y recibir un feliz Día de la Mujer. Le lanzamos una pregunta que nada que ver para empezar el diálogo y entonces, sí, el diálogo avanza y no para.

¿Fuiste concebida por parto natural o cesárea?

—Parto natural, muy trabajoso, ¡pobre mi madre!, ¡yo era muy grandota!, jaja.

¿Como recibís este día? ¿Te sentís identificada con el Día de la Mujer?

—Lo recibo como mujer trans que soy. No reniego en absoluto de lo trans. Me reconcilio con la palabra mujer y cuando digo mujer no estoy repitiendo los modelos culturales que históricamente se le ofrecieron a la mujer, hablo de otra cosa.

¿Qué otra cosa? ¿Qué significado tiene para vos?

—Es un día donde se reivindica la lucha por las conquistas ganadas y por las que faltan. Quizá después se le dio todo este efecto tan de merchandising, tan capitalista, para regalar flores y para homenajear, lo cual no está mal. Vos dirás, a vos qué carajo te importa si no sos una mujer biológica, pero, a ver, yo soy una de las luchadoras para que salga la ley de aborto legal, seguro y gratuito. Es mi causa también, es la lucha de las mujeres donde entran las lesbianas y las feminidades trans. Para mí es un día para borrar las rivalidades.

¿Rivalidades?

—Yo tengo una frase dolorosa, pero que siento que cada vez es más cierta. “No todo el feminismo es feminista.” Creo que el feminismo tiene muchas maneras de concebirse y de vivirse. Te lo digo porque precisamente yo me identifico mucho con el feminismo pero, por ejemplo, en el encuentro nacional de las mujeres, en más de una oportunidad a nosotras no nos dejaron participar. Se generaba un gran debate acerca de si deberíamos o no estar presentes, por supuesto había un gran brazo del feminismo que luchaba por nosotras. Pero la discusión se mantuvo vigente hasta hace dos años.

¿Qué argumentaban?

—Que no éramos mujeres. Ser mujer para el feminismo ortodoxo es gozar del privilegio de la apoteótica vagina de nacimiento, genética, ni siquiera la vaginoplastia.

¿Qué pensás cuando la Presidenta hace diferencia de género cuando dice todos y todas?

—¡A mí me gusta la Presidenta! Depende desde donde lo miremos, hay diferencia, pero también puede ser leído como que nombra a las feminidades y las masculinidades. Creo que en el todos y todas está tratando de visibilizar ese borramiento político que siempre hubo para con el género de la mujer.

Y ahí entramos nosotras.

—Mirá, desde donde entramos nosotras que este gobierno nos piensa a nosotras. Impulsó una ley. Nos incluye. En ese todas nos está nombrando y en ese todos está nombrando a los varones trans.

¿En tus recuerdos de la infancia hay algo femenino que recuerdes?

—Hay un recuerdo sobre los juguetes, cuando yo tenía 4 años, tenía una pelota, un karting y yo los resignificaba. La pelota era como un bebé y el karting, como una cuna.

¿Hoy tenés algún objeto fetiche?

—Tengo una obsesión por el calzado, porque al calzar 43 me cuesta conseguir zapatos. Estoy enamorada del calzado. Para mí estar bien vestida tiene que ver con el calzado. Me gustan las chatitas, los tacos chinos. Me gusta mucho el rojo.

¿Viste lo que se dice de las mujeres que usan zapatos colorados?

—No, ¿qué?

Que les gusta el sexo oral.

Vida se ríe y calla, como quien otorga. Pero a lo mejor es un prejuicio de esta cronista. Después de todo, quién no tiene unos zapatos rojos.

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