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Viernes, 4 de octubre de 2013

ENTREVISTA

De las mechas

 Por Magdalena De Santo

El argumento resumido es más o menos así: en una Córdoba de hace quince años, Mecha (Claudia Cantero) le confiesa a su pareja, Ofelia (Mara Santucho), que esa misma mañana se acostó con Ana Laura (Carolina Solari). Aunque le promete abandonar a la amante, claudica por esas imposibilidades de elegir que padece la torta alfa, arrastrando a todos a lidiar con su propia incapacidad: ingresan los amantes a esta ruina de dos. Primero Ana Laura, el minón de Mecha (rubia tipo modelo de piernas largas) y luego Mario (Carlos Possentini) (macho municipal y desagradable golpeador que, aunque ande con su estuche de cuero bajo la axila, no paga ni el telo ni el vino). Los cruces entre los cuatro y una serie de eventos desafortunados arman el entramado ficcional.

El guión tiene un gesto radical: monólogos precisos con palabras poco cotidianas, chistes inteligentes en medio de la crisis de los siete años. Parodia de tratamiento severo, Amar es bendito se construye con variadas elipsis, primerísimos primeros planos y un vestuario ecléctico. Propuesta modesta con peripecia bizarra. Las primeras escenas nos anticipan un film intimista, casi teatral, pero luego todo se desmadra. El género se tuerce de la comedia romántica a una de robo y secuestros, hasta el dramón existencial con ecos absurdos.

En ella, conviven distintos tipos de lesbianas: la amiga ultra chongo de tímida cresta, la protagonista con enterito carpintero laburando entre chablones, la gordita bisexual feminizada mediante depilación prolija y vestidos de colores, la joven y bella objeto de disputa que se confunde en una construcción casi heterosexual.

Manos a la torta

Hablar con Liliana es un placer: tiene la tranquilidad de una estirpe que no es la de la negra atropellada que es una, es de esas mujeres que saben escuchar y hablar bajo. Capricorniana con altas llantas y delantera, no se inmuta ante mi grabador chino.

¿Cuándo hiciste la película?

–Mirá, la escribí hace un montón de años, en el ’99, la releí y me pareció que había algo potente. El rodaje duró cuatro semanas y unos días. La filmé el año pasado, con un aporte propio y después con la ayuda del Incaa.

¿Dirías que la película tiene algo de teatral?

–Bueno, eso algunos podrían considerarlo como un error, pero yo experimenté que cuando uno discute con una pareja y te estás peleando y saltan esas cosas tan horribles, uno sobreactúa, porque querés herir... Además se mueven todas las herramientas de la lógica, “me decís que no sabés si estás enamorada de ella, pero me decís que estás enamorada de mí”. La mente es un escenario de cosas, que en momentos de baja uno dice todo lo que se le ocurre. Y sí, es teatral.

Amar es bendito, ¿dirías, como leí por ahí, que es un triángulo de mujeres?

–No, la verdad que no. Es más fácil publicitarlo de esa manera, como estrategia de venta... bueno, no es fiel esa descripción. Digamos que es la historia de una ruptura de una relación entre dos mujeres, una relación de pareja, que se produce a raíz de la aparición de una tercera, pero en realidad todas las tensiones se dirimen entre la pareja. Hay dos personajes que son convocados por la pareja, se crea una ilusión de triángulo o de cuarteto, pero desde el principio hasta la última toma los conflictos son entre ellas dos.

¿Y por qué el título de la película?

–El amor está un poco idealizado en el título porque es algo a lo que no arriban ninguna de las dos protagonistas. Y queda el consuelo de que sin amor no se sufre tanto, es decir, la existencia del no amor es un poquito un resguardo... es un poco triste también. Lo de bendito es irónico también porque la película no tiene absolutamente nada de religioso.

Claro, a mí como espectadora me pasaba que no veía amor, veía sus ruinas. ¿Por eso no se dan besos en la boca, o por una cuestión de época, previa a la visibilidad que trajo el matrimonio?

–Bueno, la sanción del matrimonio igualitario no es que hace que de un día para otro las cosas vayan a cambiar. Pero además, pensando un poco esta observación tuya, el tema de los besos en las mejillas es algo que en los ensayos se dio así entre las actrices y me pareció muy natural. Si yo las hacía darse un beso en la boca o un piquito sentía que estaba forzando algo, que estaba ilustrando la relación de lesbianas. Además, esta pareja está en un momento muy poco sexual. Las parejas tienen momentos de remanso, no siempre hay juego, no siempre el beso en la boca es indicador de que hay amor. Muchas veces, con mi pareja o con otras parejas de mujeres, los besos son en la mejilla y eso no significa nada.

Acá viene lo más divertido: ¿quién te inspiró Mecha?

–¿Quién me inspiró Mecha? Bueno, una persona, la idiosincrasia de una persona muy cercana, una persona con la que estaba involucrada en un momento. Pero en el proceso de ficcionalizarla también se me mezcla con partes mías, de otras personas.

¿Y cómo la describirías?

–A mí me gustó cómo la describís vos (risas).

La torta alfa que no quiere perderse nada y encima sufre...

–De pronto esto del sufrimiento Mecha lo usa como excusa, pero después le pasa en serio. Lo que al principio es una excusa, una excusa machista, te diría, después es algo que se le va haciendo carne. Y termina de una forma ridícula... pero mejor no contemos el final.

¿Y el resto de los personajes?

–Y Ofelia termina haciendo un fundido encadenado, salta de una relación a otra, aunque queda dolida. Los otros dos son como los catalizadores, apuran el proceso que está haciendo la pareja. Son los personajes objeto, pero no hay que olvidar que los eligen ellas. A veces me cuestionan por ahí por qué que el personaje del hombre es tan malo... sobre todo, me lo dicen hombres (risas).

Cuando veía la peli, pensaba en eso, en la que se está metiendo...

–Bueno, más allá de que no es lo peor que pueda ser ese personaje (porque en definitiva no las mata), sí es desagradable. Pero no llega a extremos como los que vemos a diario en la televisión. Además no hay que olvidar que es elegido por Ofelia. Para mí no daba suavizarlo... si te ponés a complejizar, hay gente que es así; en todo caso, lo más complejo es la reacción de Ofelia, por qué lo sigue sosteniendo. Además es simpaticón, hay gente que disfruta viendo a Mario, disfruta bajo el amparo de la ficción, disfruta de ver un villano que tiene esas salidas.

Pensaba si Ofelia, con esa ingenuidad, es una cizañera hija de puta o es un gesto tuyo de autora...

–El dolor es un tema importante para mí; estar hecha bosta no te permite tener una mirada a la altura de lo que pasa. Pero no hay parodias de mí, yo no me burlo de los personajes, no ironizo con ellos, los personajes hablan en serio, con todas sus falencias. Las cegueras son de ellos. Con esto de definir los personajes yo tengo un problema. Porque los personajes cambian; en general pienso que los buenos personajes son los difíciles de definir.

Esas formas de vestir tan lésbicas de distintos tiempos, una parece un clásico de los ’80, otra parece la tortita moderna... ¿esa convivencia fue buscada?

–No lo hemos pensado como una forma de ilustrar distintos tipos de tortas, pero esa convivencia que ves se da así fuera de la ficción. Uno puede establecer un estudio sociológico para ver cómo van cambiando las tipologías, pero creo realmente que la sociología no sirve demasiado para construir ficción. La ficción tiene que conseguirse una voz que salga de esos carriles, de la cosa normativa. Porque la sociología cuenta una generalidad y para construir una ficción tenés que meterte con lo particular, en lo que te llama la atención.

¿Y estás en diálogo con otro cine gay nacional?

–No he visto, salvo algunas apariciones de personajes gays o con impulso gay, pero donde la trama de la película va por otro lado.

Amar es bendito se estrena el 10 de octubre en Buenos Aires.

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