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Viernes, 24 de enero de 2014

¿Transformismo transformador?

La poética revisteril de Sublime, la última puesta del grupo Exótica, conjuga la celebración del cuerpo expuesto con algunos clichés de cuadros hétero y despliegue de luxe.

 Por Clara Laura Gualano

Rojo, azul, verde y rosa. Plumas que no son de faisán recubren los cuerpos aceitados y trabajados de los bailarines y bailarinas del music hall porteño Sublime, recién estrenado en el teatro café concert Moulin Bleu. Maquillaje extremo, pestañas de un tamaño descomunal, máscaras de fantasía y brillo construyen a la loca grotesca que baila y canta mientras sacude su peluca verde, al galán meloso que se trepa al caño secundado por dos mujeres vestidas de angelitos (y que ratonea, no sé si a los angelitos, pero a muchos varones de la sala, seguro), a las chicas tipo Barbie y los chicos tipo superhéroes, a la parejita que baila en su noche de bodas y termina toqueteándose desnuda al ritmo de un non sancto Ave María. Los 150 cambios de vestuario que recorren los 27 números del show parecen imposibles: los actores se visten y travisten a lo loca en un tiempo veloz y loco. Pero —¡ojo!— para Luis Marcelo Correa, creador del grupo Exótica y actor destacado en la obra, vale la siguiente aclaración en la obertura del show: “En estos tiempos modernos, la gente mete todo en la misma bolsa: travesti, transexual, transformista. Los transexuales como Bibi Anderson o Simone se han operado, se la cortaron y se agregaron otras cosas. Una travesti como Flor de la V no se la cortó, pero elige vivir como mujer toda la vida. El transformismo, en cambio, es un género del arte...”. Que es otra manera de decir, guay que nosotros somos transformistas, no travestis, ¿eh? Bueno, qué va, la aclaración hace falta, según Correa, para que el público entienda que el elenco se inserta en la genealogía Batato Barea, Alejandro Urdapilleta y Fernando Peña, y no en la de Flor de la V. Pero tenerla o no tenerla, ¿hace la diferencia? No. No sólo las plumas hacen al faisán como no sólo contar chistes hace al humorista. Por momentos esta obra recae en monólogos que carecen de un buen remate cómico y ése es el giro que le falta para atribuirse la grandeza de la sublimidad. Lo que los amantes del género sin duda disfrutarán es un muy buen despliegue coreográfico, el vuelo lírico que le otorga el tenor Ariel Maida y un vestuario de luxe que concentra el talento de muchas personas. La poética revisteril de Exótica reúne lo transgresor de los cuerpos expuestos, el cliché de los cuadros súper hétero y un humor negro que logra los mejores momentos de la obra.

Viernes y sábados a la 0.30, Teatro Moulin Bleu, Rodríguez Peña 411.

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