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Viernes, 24 de enero de 2014

Versión libre

Escrito por Ana Lía Glas y Silvia Kurlat, declarado de interés por el Inadi, presentado en la Biblioteca Nacional, Diversidades en primera persona (Editorial Deldragón) puede leerse como un material de divulgación orientado a aportar más voces y relatos para aquello que el mismo libro anuncia en su subtítulo: un imaginario inclusivo. Entre los entrevistados figuran Norma Castillo y Ramona Arévalo, Esteban Paulón, Marcela Romero, Raquel (Lucas) Platero, María Rachid. En las páginas siguientes, se reproducen algunos fragmentos del libro.

El relato de los raros, de los que no coinciden en cuerpo, en gustos, o en actitud con lo que la norma manda, ha estado y sigue estando en los últimos siglos capitalizado por médicos, jueces y otros profesionales. En general, e incluso en el mejor de los casos, lo que se lleva el primer plano es la mirada testigo de los medios, de la amiga o el amigo, del teórico o del investigador, que interpreta o pretende una traducción entre dos extremos. Los que son y los que no entienden. Defender la primera persona no implica pretender que el testimonio es condición de verdad o que no está ella misma contaminada por interpretaciones y mandamientos. Defenderla es llamar la atención sobre la ausencia de trabajos que permitan el fluido de la voz de personas lgbti, sin que el juzgamiento, la compasión o el morbo, por nombrar sólo tres tics de la escucha, se lleve las inflexiones. Una de las demandas históricas de la militancia y una necesidad para abrir la brecha que acorta vidas y vivencias ha sido desde hace años la oportunidad para emitir y escuchar la voz propia. Unica e intransferible. Cruzada por los clichés y capaz de soltarse en giros, en datos personales, en reconstrucción no lineal. No es casual que la palabra “clic” aparezca tantas veces en las entrevistas de este libro. Aquello que en algún momento de la experiencia a alguien le hace un ruido y un quiebre. Este libro, especie de pequeño manual introductorio no sólo al arte de escuchar sino a información sobre activismos y conceptos teóricos que aparecen en la primera parte, constituye un paso pequeño y firme hacia la construcción de un imaginario inclusivo.

La palabra diversidad aquí burla los prejuicios que la condenan, paradójicamente, a ser monotemática. El cruce de etnia, estrato social, familia, filiación, clase social, discapacidades físicas, migraciones, entre otros, dan cuenta de la necesidad de las alianzas, de la relación entre el cuerpo de cada uno y el cuerpo de la sociedad. La mayoría de los discursos de Diversidades en primera persona están atravesados por la opción del activismo. Sin dudas, estos relatos que hoy leemos no son los mismos que estas personas se hicieron años atrás, pero tampoco son iguales a los que ellxs mismxs harán en el futuro. Las personas convocadas abren a su vez cierta inercia que impone la palabra diversidad: entre ellxs, por ejemplo, hay un médico, pero dando cuenta de las trampas del sistema médico-burocrático sobre todo en la puesta en práctica de la Ley de Identidad de Género. Se le suma un hombre gay cruzado por la paternidad y por sus reflexiones sobre la adopción en nuestro país hoy, una mujer trans que relata un recorrido que va desde la vida en la calle hasta la posibilidad que ha tenido de torcer el destino en el que muchos de los cuerpos trans quedan atrapados, un joven migrante boliviano que reside en la Argentina y contrasta el imaginario alrededor de la homosexualidad en su tierra natal y en esta tierra de destino, una lesbiana de casi ochenta años con un pasado como monja. Y las voces siguen.

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