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Viernes, 28 de noviembre de 2014

El día de las bestias

María Rachid presentó un proyecto para otorgar un subsidio a las personas trans de más de 40 años que vivan en Capital Federal. Antes que debate, la noticia generó un aluvión de bromas pesadas.

 Por Lohana Berkins

“Si los jubilados nos ponemos pelucas y minifaldas... ¿nos darán algunos pesos de aumento?”, espeta uno dentro de la catarata de comentarios de lectores. Otro espeta: “En este país te dan subsidio por ser y no por hacer”. Y no faltó quien dijo que José Pablo Feinmann, Pepe Soriano y Orlando Barone también merecen el subsidio trans, porque envejecen “con cara de señora”. Una gran pregunta que yace detrás de estas cuestiones es quién construye las agendas de derechos. La Argentina tiene una tradición riquísima en materia de avances de legislación. Es fruto de la lucha popular que ha encontrado respuesta en este gobierno, que también es popular. A medida que esta agenda crece, se pasa de la etapa de reconocimiento de derechos al reconocimiento de la categoría de víctimas. Estos comentarios pueden leerse como una especie de palimpsesto, hay que rascar para descubrir todo lo que hay debajo. Se anclan en una cuestión de clase. Son señoras pavorosas que sienten que van a perder sus derechos en la medida en que otrxs las vamos “alcanzando”. Hay detrás de estos dichos una extraña concepción de democracia, más cerca de la monarquía que de cualquier otro sistema (sólo el rey decide quién entra y quién sale de la corte). Los derechos serían bienes escasos, que no alcanzan para todos. Para darle derechos a un grupo necesariamente habría que quitárselos a otro. Yo les preguntaría a estos lectores del portal si en un día como el de la no violencia contra la mujer (que tuvo lugar en simultáneo con la noticia de este subsidio), se atreverían a decir cosas de este estilo contra las leyes que consagran derechos para las mujeres, o contra los judíos, contra los hijos de detenidos desaparecidos. Me llama especialmente la atención la idea de envejecer como mujer. ¿Qué sería? ¿Cómo envejecen las mujeres? ¿Los hombres envejecen más dignamente? La respuesta masiva para ese comentador podría ser que nosotras no queremos envejecer como hombre o como mujer sino como travesti. Estamos hablando de una población con un promedio de vida de 35 años y, como se señala desde la Federación, “las trans que llegan a los 40 pueden ser consideradas verdaderas sobrevivientes por la extrema exclusión social en la que vivieron”. Este proyecto de reparación se suma al que presentamos la semana pasada para las personas trans que hayan sido víctimas de violencia institucional: qué hermoso será ver que en la cola de los bancos puede haber un jubilado junto a una trava. ¿O es que también van a pedir colas separadas?

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