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Viernes, 28 de noviembre de 2014

TEATRO

Siempre listo

Dennis Smith fue boy scout y regresó para contarlo en un musical confesional que denuncia el bullying sin una pizca de pedagogía.

 Por Alejandro Dramis

“Soy como Alicia. Sólo que en vez de caerme en medio de las Maravillas, me caigo en medio de la mierda.” Las luces se encienden y descubren un hermoso bosque de sogas colgantes, un laberinto de múltiples significados, dentro del cual un boy scout rememora su pasado plagado de maltratos y explora su presente en un tono catártico. La escena se transforma en un musical que evoca un mandato de la infancia, aquel que condujo a su protagonista a pertenecer a la organización de los boy scouts, bajo el ofrecimiento de la “hombría” y la “normalidad”. Boy Scout representa una terapia individual, ficcional y, a su vez, real; un abrirse al mundo para intentar comprender el porqué de tanta crueldad contra lxs niñxs que descubren en su edad temprana la atracción hacia personas del mismo sexo. Gracias a su carácter nostálgico y tierno, Dennis Smith logra evitar cualquier golpe bajo como recurso efectista en su desarrollo (comunes en muchas historias sobre abuso y discriminación). La obra constituye una condena hacia el maltrato, pero lo hace sin apelar directamente a una pedagogía para la toma-de-conciencia del problema. Por eso, Boy Scout trasciende ese aspecto del tema y se piensa como un proyecto superador del pasado, hacia una reescritura de un presente sanador, tal como lo dice una de las canciones favoritas que nuestro scout interpreta: “Hay que sacarlo todo afuera / como la primavera / nadie quiere que adentro algo se muera”. La imagen de la normatividad social que condena y reprime la diversidad en lxs niñxs aparece paródicamente representada en el personaje que lidera el campamento scout: Mr. Camp Leader, un chongo militarizado con pinta de puto reprimido e ínfulas de masculinidad dominante.

Para completar la trilogía que comenzó con Negra (2012) y que continuó un año después con la obra Dos hermanos, Boy Scout cierra el recorrido autobiográfico con el cual Dennis Smith se subió a los escenarios porteños estos últimos años. Los músicos en escena ejecutan clásicos como “Gracias a la vida” y “Paloma negra”, que con la privilegiada voz de Smith conforman un número vivo de homenajes e ironías que sueñan con la aceptación de la propia historia, vivida como tragedia primero y luego como farsa ficcional.

Hasta el 10 de diciembre. Miércoles a las 20.30 en el Centro Cultural San Martín, Sarmiento 1551.

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