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Viernes, 19 de junio de 2015

DIA DE LOS PADRES

Grande(s) Pa(s)

Hernán Muscio no recuerda lo que es dormir una noche completa pero nunca fue tan feliz. Junto a Rolando Lillo, su pareja desde hace 20 años, crían a Bautista y Agustín, dos nenes de 2 y 1 año, fruto de la gestación por sustitución que lograron en India, ya que en nuestro país esta técnica no está regulada. En su lucha por ser padre vivió una verdadera odisea: en medio de la gestación cambió la legislación hindú y penalizó la homosexualidad. La Cancillería y la embajada debieron hacer una auténtica patriada para que los bebés pudieran viajar a la Argentina.

La idea de formar una familia siempre fue una presencia que convivió con ellos. Pensaron en compartir la vida familiar con una pareja de lesbianas o adoptar, pero abandonaron ambas ideas. Antes de la sanción de la Ley de Matrimonio Igualitario comenzaron los viajes a distintas partes del mundo para encontrar dónde realizar la subrogación de vientre. Los foros de padres gays aportaron el dato: India se presentaba como la opción ideal, aunque ahora está vedada para parejas homosexuales.

Con tono profundo y hablar pausado, Hernán cuenta que resignaron la compra de la casa propia para poder pagar el tratamiento: “Es triste pero hoy es padre sólo quien puede pagarlo. Nosotros pudimos acceder siendo científicos, cuánta gente quiere y no puede”, se pregunta. Los procedimientos pueden costar entre 100 mil y 200 mil dólares. “Como nación tenemos las tecnologías reproductivas y la posibilidad de hacer acuerdos con mujeres, a veces amigas, que muchas veces ayudan a los gays. Pero la ley no lo permite”, se resigna.

Las partes que intervinieron en el proceso son tres: la donante del óvulo, la mujer gestante y la pareja. Hernán y Rolando querían conocer a quien iba a aportar material genético para poder tener idea de las raíces biológicas de sus hijos. El nombre y las fotos llegaron de parte de una agencia canadiense. Una vez realizado el contacto, buscaron una clínica hindú que pudiera asegurar que no explotaba mujeres para dar con la gestante. Resultó ser una estudiante de veterinaria. Debieron viajar los tres y sincronizar el proceso, firmar contratos y hasta buscaron un departamento para quien gestó su primer hijo. Hernán lucha contra quienes ven la gestación por sustitución como un hecho meramente económico: “Todo este proceso es un hecho muy amoroso, la mujer donante del óvulo tiene una historia difícil y quiso ayudar a otros a tener una familia. En muchos casos, gestar por vos implica un espíritu cooperativo; una mujer se mete en tu familia para que puedas ser papá. Hay una tercera parte que te ayuda y merece cuidado por parte del Estado. Ojalá se pudiera hacer en nuestro país”.

La historia de la concepción tiene ribetes humorísticos. Hernán y Rolando estaban en India con una temperatura que rozaba los 50 grados y la doctora les pidió que estuvieran refrigerados porque los espermatozoides corren riesgo a más de 37 grados. Al momento de donar, la clínica lo hizo entrar a un cuarto con películas pornográficas heterosexuales. Los nervios hicieron estallar a Hernán, que pidió que sacaran las imágenes y permitieran el ingreso de su pareja. Juntos llevaron adelante el proceso y ambos donaron: uno para cada uno de sus hijos que se llevan 8 meses y comparten información genética por parte de la mujer que donó óvulos. Los meses que siguieron pasaron entre temores y ansiedad, hasta el nacimiento, con los problemas legales y la posterior llegada a la Argentina. Ahora afirma que hay una agenda fuerte de trabajo: “Es triste que muchas familias igualmente se metan en el closet por miedo o paranoia de que se perjudique a sus hijos; esa invisibilidad atenta porque necesitamos visibilidad de quienes ya somos padres para romper con el modelo hegemónico.

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