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Viernes, 19 de junio de 2015

TEATRO

En el nombre del hijo

Pepito, la importancia de llamarse explora la relación madre-hijo y la homosexualidad con portación de apellido famoso.

 Por Alejandro Dramis

Madre e hijo se encuentran trabajando en una obra teatral sobre la vida de Oscar Wilde, hasta el momento en el cual ella decide no seguir con su papel por no poder soportar más esa vida libertaria que lleva su hijo ficticio en la obra, y cuya ficción es un espejo de la realidad de su relación con su verdadero hijo, el director de la pieza sobre el escritor irlandés, a quien tampoco comprende ni acepta del todo abajo del escenario. Así se construye una relación dialéctica entre Pepito y su madre, los rechazos y las dificultades de ella y las permanentes imitaciones de él, sus modos de volverse su propia madre frente a ella, sus provocadores gestos, sus ropas femeninas, sus numerosos anillos y el carácter a veces irritable y egocéntrico similar al suyo, aunque despojado de toda moral prejuiciosa. Desde su título, en su doble paráfrasis de la famosa obra de Oscar Wilde y del musical de Pepito Cibrián La importancia de llamarse Wilde, la trama de Hernán Vidal no esconde su propósito: Pepito, la importancia de llamarse explora las vicisitudes más o menos reales y algo ficticias de la compleja relación entre Pepito Cibrián y su madre Ana María Campoy, y a su vez pone el acento en el interés maternal obsesivo sobre el hijo a causa de su abierta homosexualidad y la portación de un apellido famoso en el mundo del espectáculo, de su imagen pública y del consecuente “qué dirán” los otros con respecto a él y a ellos como figuras reconocidas. La obra también hace foco en la carrera profesional de Pepito, y poco a poco se construye como un musical de musicales, como una biopic no tanto acerca de Pepito Cibrián en persona sino sobre aquel que está detrás de sus máscaras y antifaces, revelados en las comedias musicales más visitadas de la calle Corrientes y a las que se hace referencia en escena, como Calígula, Cleopatra o El jorobado de París.

La sucesión de los variados personajes está representada enteramente por Hernán Vidal y Gustavo De Elía, así como las canciones cantadas en vivo y el desdoblamiento actoral permanente que ejecutan sobre el escenario. Frente al tradicional armado de un género como la comedia musical, que requiere de base un numeroso elenco, constantes cambios de vestuario y un gran espacio con desplazamiento de escenografías y luces, Pepito se las ingenia muy bien con los recursos básicos de un teatro independiente y de un espacio chico, para crear así un show original, sarcástico y, sobre todo, muy disfrutable.

Viernes a las 22.30. La Ratonera Cultural,
Juan Domingo Perón 1422

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Imagen: Luis Tenewicki
 
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