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Viernes, 16 de octubre de 2015

ENCUENTRO NACIONAL DE MUJERES

EN TODOS LADOS

 Por Paula Amarilla

Porque la cosa fue así: de Minotauras que hartas de oscuridad, hartas de sombras, hartas de cuerpos ocultados y tapados, mejor dicho de cuerpas, salimos del laberinto a bañarnos de luz, a abrir pupila para vernos. ¿Cómo? A la luz solar de Facebook, se creó un evento virtual que buscaba sacudir pudor lesbiano, que admitamos ya nos tenía podridas a todas. ¿Hasta cuándo la sótana interior nos iba a cubrir el cuerpo?

Sí, el tortazo empezó como una convocatoria lesbiana para mostrarnos, un tijeretazo virtual a la ropa que nos oculta, que buscaba revelarnos en sus palabras las “imágenes lúbricas y fluidas de lo que tragamos, lo que escupimos, lo que chupamos; lo que hacemos y lo que gozamos las lesbianas cis, las lesbianas trans, las mujeres-lesbianas, las tortas, las marimachos, las tortilleras, las chongas, las femmes, las kiki y todas [email protected] que son parte de esa comunidad tortillera”. ¿Clarito, no? Y sin más, activamos posporno lesbiano y bien caserito. Y lo que parecía ser solo un evento fugaz se hizo dinamita y prendió la mecha de unas ganas infinitas de mostrarnos, lamernos, conocernos, desearnos que se te pegaban en la lesboretina hambrienta de cuerpas. Y el encuentro no podía hacer menos que encontrarnos a nosotras y a otras. Así que se posteó y pactó encuentro mañanero un domingo a las 11.30 en la Bristol para conocernos y lamernos.

Pero las ganas de nosotras estallaron mucho antes. Porque si eras tortiña y estabas en el Encuentro, había torta para tirar al techo. La escuelita en la calle San Lorenzo se convirtió en una de nuestras sedes con talleres de lesbianismo, activismo, bis y trans. Pero no era el único bastión, al toque salías y veías la plaza Mitre, centro de dispersión de todos los talleres, plagada de banderas, remeras, pins del orgullo que delineaban un arcoíris de chicas de toda forma y color, de la hippie con rastas/greñas pasando por la punk, de peso pluma onda “desaparezco” hasta peso sumo, depiladas y sin bigotear o cardudas y peludorgullosas, maquilladas salvajes de mirada lasciva o las impasibles cara de nada. Éramos horda torta multiregional que ventilaba por todo el Encuentro.

Tanto como para no perder chance de organizar una marcha y con teta en mano Sandra, Rosario y el Bondi Monstruoso convocaron y se juntaron 200 bi-trans-tortas que coparon calles y marcharon envinadas, alegres, risueñas al son de: Nuestra lucha es chucha con chucha, libera tu cachucha, nuestra venganza es ser felices. Un Mar del Plata tenso vio de reojo, nos saludó seco y dio paso a nuestro festejo que no terminó y direccionaba al bar. Porque todo estaba calientemente calculado, el Bondi junto a Las Grasas Trans organizaron un fiesta de puro deseo cachuchiento, un tortazo espontáneo que de virtual no le quedaba nada. Tan sólo teníamos que cruzar la entrada del bar y tortidesvirgarlo furiosas. Llegamos como marea yin, un tsunami de les-cuerpas, ansioso por cubrir todo, por ser torbellido de pelo. Y así fue: taller, plaza, marcha y bar que desembocaba en un voleo de camperas, buzos y un paulatino entetarse que dio comienzo a un toqueo incansable donde de una pared se regalaban latigazos, de otra Serigrafistas Queer te dragueaban, de otra multibesos, multiabrazo, multifraneleo que ya no respondían a nada más que un libre fluir de deseo. Era el juego en vivo y directo de nuestras cuerpas, un cariño porno erótico que se replicaba por todo el lugar, un clítoris gigante punzante, preparado para estallar.

Y claro así, ¿quién llegaba a la Bristol a las 11, hacía falta? Las que llegamos éramos tan solo un par de cakes desperdigadas formando una especie de ronda, curando resaca a mate y budín, que luego de un rato somnolientas nos despedimos hasta la marcha. Y a la marcha fuimos. ¿Quién pensaría que los cuerpos amantes, que las cuerpas franeleantas, bah!, que todas nos petrificaríamos que seríamos un mar de tetas gaseadas y asustadas? Porque en 1, 2 y 3 la mano de la sotana cristiana de ultra derecha en las garras neonazis de Pampillón y la policía se nos llevó en la cara a 3 compañeras. Y la marcha paró, vino el empujón, la bala a vuelo, el humo y la corrida en estampida que nos separaba, nos ahogaba, nos desfiguraba para querer hacernos una nada de miedo que nos dejara a todas como tortilla mexicana. Pero no. Porque golpeadas, magulladas, moretoneadas sacamos pecho y sin más miedo esperamos firmes cuatro horas a esas otras cuerpas que se nos habían amputado. La marcha era ahora un kraken muñido que rugía por sus partes. En un pestañeo la juerga y la mañana soleada eran una noche anublada en la que las mismas tetas que se habían restregado para conocerse ahora se abrazaban doloridas, embroncadas, enmierdadas de angustia que sólo aflojó con su aparición. Cansada y en la plaza me senté en un banco embargada de tristeza por terminar así la marcha, la fiesta, el tortazo. En mi mundo y sin pensar, agarré al vuelo un mate ofrecido por la mano de una chica que reconocí de la fiesta. La miré, ella también estaba agujereada, quebrada con la bronca latiéndole y muda en un acto de pura confesión se sacó el buzo, se levantó la manga, y me mostró ese brazo fustigado por la ley. Me callé, no había nada que decir, así que la miré a los ojos, le musité un: subite la manga, y acercándome a su moretón, abrí mi boca, y la mordí feroz, gritó, yo también grité; pero ya no era dolor, más bien placer. Un coletazo, el tortazo no había muerto. 

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En la Bristol, en la marcha y en el bar. Lesbianas por doquier. Tres días para todos los gustos y en todos los rincones.
 
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