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Sábado, 28 de noviembre de 2015

CINE

LA BONAERENSE

El jueves se estrena Kryptonita, película de ciencia ficción donde un grupo de super-anti-héroes bizarros del conurbano bonaerense resiste su extinción gracias al amor inquebrantable de Lady Di, una mujer maravilla trans. SOY dialogó con el escritor Leonardo Oyola, autor de la novela homónima en la que se basa el film, y con el director Nicanor Loreti.

 Por Alejandro Dramis

Cuando era joven Lady Di hacía lo imposible para que le gustaran los Rolling Stones y no quedarse afuera de la banda de amigxs y de los bailes que hacían en el barrio Los Eucaliptos, pero sus verdaderos gustos musicales estaban junto al amor incondicional que sentía por Madonna. Siendo aún Daniel se enamoró perdidamente de Pinino, y aunque ese amor nunca fue correspondido, la amistad entre ellos creció hasta la misma noche en la que transcurre Kryptonita. Las calenturas y los deseos aumentaron, y entre corso, baile y disco, una noche en el boliche Sky Lab, cuando su amor imposible se alejaba cada vez más mientras se besaba con una piba en un rincón, Daniel se dirigió por un trago a la barra y conoció a Las Amazonas del Atalaya, una comparsa de diosas y, sobre todo, de reinas. La más veterana de ellas, una travesti que se llamaba Hipólita, le dijo borracha al oído después de presentarse: “no tenés cara de llamarte Daniel, linda”. Esa frase la marcó tanto que en el otoño siguiente se dejó el pelo largo y comenzó a ir más seguido al Atalaya, hasta que finalmente, en el verano del 86, parafraseando a las Azúcar Moreno en eso de que sólo se vive una vez, el carnaval atestiguó el final de la existencia de Daniel Duque y, sobre unas botas de taco aguja coloradas que le llegaban hasta las rodillas, bombachón estampado de estrellas, top rojo, muñequeras y vincha doradas, hizo su aparición triunfal Lady Di —aún sin su nombre— junto a Las Amazonas del Atalaya en el corso de Los Manzanares. Con sus poquitos 16 años no la podían tratar de reina, pero su amigas veían en ella a una princesa y el piropo que le regaló Hipólita reforzó la idea y accionó como bautismo: “Si fueras rubia serías como la Princesa Diana de Gales, linda. Candidata para reina, candidata para diosa”.

Comienza la novela de Oyola: la conocida banda del Nafta Súper, un grupo de personajes con poderes sobrenaturales que recuerda a los Superamigos y remite a La Mujer Maravilla, Superman, Linterna Verde, Flash y Batman pero en el Conurbano Bonaerense, toma de rehén a un médico de guardia en el hospital Paroissien para que le cure una herida de muerte a su jefe, quien debe permanecer con vida hasta la salida del sol para sobrevivir. El exterior del hospital se va poblando de policías que quieren exterminar la banda y el interior se debate entre tácticas y estrategias para mantener vivo al Nafta Súper, también conocido como Pinino. Con el jefe moribundo, la esperanza y la unión del grupo reposa sobre Lady Di, desafiante, marginal y guerrera, que cuenta con algunos poderes maravillosos de los cuales sobresale, ante todo, el amor. En su versión cinematográfica, Kryptonita respeta casi a raja tabla la integridad del personaje de la princesa, encarnada por un agudo y comprometido Lautaro Delgado, y rescata los momentos más emotivos de sus relatos personales, como sus deseos más íntimos y el origen de su eterno enamoramiento con el Nafta Súper, sumando acción, escenas violentas y efectos especiales que remiten al cine hollywoodense pero con un marcado acento de ciencia ficción local. En diálogo con Soy, Leonardo Oyola y Nicanor Loreti cuentan cómo trabajaron el personaje de Lady Di, sus orígenes y por qué interpretar con un actor el personaje de una chica trans.

Leonardo Oyola

¿Cómo apareció Lady Di cuando comenzaste a escribir Kryptonita?

Leonardo Oyola: Se dieron varias cosas hasta llegar a ella. En una saga que dirige Juan Sasturain tengo publicados dos libros y ahí ya aparecía una chica trans, que es Loreley. También empieza bastante más atrás. Me habían hecho una nota y me preguntaron cuál era el mejor piropo que me habían dicho y recordé una vez que estaba con mi novia en una estación de servicio de noche y ahí había una chica trans cosiéndose el corpiño. Cuando nos sirven el café nos preguntan si queríamos algo más, y mi novia le pide un churro y ahí ella le dice: “pará qué pedís si ya tenés uno”. Fue de los mejores piropos que me hicieron.

¿Y esa anécdota te marcó para crearla?

L. O.: Una de las líneas que más me gusta de la novela Trainspotting es cuando Renton dice “en el futuro no vamos a habla ni de mujeres ni de hombres, sólo de personas”. Eso me parece jamón del medio. Lady Di nace de eso, y para mí nunca fue querer indagar en su sexualidad. Simplemente me parecía que era una decisión de ella, importantísima, y sobre todo una decisión que tomó allá, en La Matanza, en donde todavía todo era muy áspero.

¿Cuánto determina su personalidad el contexto del que ella surgió?

L. O.: Forma parte de su valentía, eso la pone bien al frente, porque no son lo mismo los 80 en Capital Federal que en el Conurbano. El origen de Lady Di es de las comparsas, de los corsos del Carnaval, pero no del tipo que se viste por una vez de mujer en una despedida de soltero, sino viviéndola, en ambientes que eran fuleros. De todos los personajes que escribí, Lady Di es la más amorosa y es la más cercana a la idea del amor. Un personaje tenía que hablar desde el amor y desde la cercanía y apareció ella, y desde que apareció le dio el pulso a la novela, porque funciona como la madre de todos y a la vez es la primera que los quiere felices.

¿Cómo viste reflejada su personalidad en el traspaso al lenguaje del cine?

L. O.: En la película Lautaro entendió todo, pero todo. Se juntó con Karen Bennett y con Susy Shock, la leyó a Naty Menstrual, fue a bailar un montón de veces a Jessie James para sentir la mística y la hostilidad de la elección en un lugar así.

Nicanor Loreti

Nicanor Loreti: En este personaje Lautaro dio en el clavo completamente. Creo que en parte lo quiso hacer porque lo vio y dijo “esto me va a salir”, y ese lugar de confianza es el espacio en el que tenés que creer en el actor. Si tomamos a la banda como un cuerpo y a cada uno como representando una parte, Lady Di es el corazón, la que lleva adelante toda la historia porque jamás pierde las esperanzas.

¿Por qué no convocaron a una actriz trans para ese papel?

N. L.: Desde el principio, uno de los primeros actores —si no fue el primero en sumarse al proyecto— fue Lautaro Delgado. Le llevé le guión para que hiciera de médico y a la semana él me contrapropuso la idea de hacer el personaje de Lady Di. Era el papel más difícil de castear en la película y Lautaro es un gran actor, tenía muchas ganas de hacerlo, fuimos armando el personaje y luego él se puso a trabajar con mi novia y con Karen Bennett. Todo ese trabajo paralelo que ellos hicieron hizo que funcionara. Estuvo la idea de darle el papel a una actriz trans, pero Lautaro fue el primer actor que convoqué y me pidió ese personaje, pensé que lo podía hacer y entonces eso disipó cualquier tipo de duda o de intento de pensar en alguien más.

¿Trabajaron con algún universo ficcional queer que les sirviera de contexto para el personaje?

L. O.: No busqué indagar tanto porque nunca la quise escribir como una chica trans, sino que la escribí como la chica de la banda, la madre de la banda. En un plano ya de locura, si Lady Di alguna vez se me aparece, yo le voy a decir que era obvio que no la había inventado, porque tiene su presencia propia. Estoy híper orgulloso de lo que hicieron todos en la película, porque fue respetuosa y con mucho amor hacia la novela. Me siento muy alegre, muy desbordado.

N. L.: Yo le pasé a Lautaro para que viera Dallas Buyers Club, porque cuando la vi no me di cuenta de que el personaje de la chica trans era Jared Leto hasta el minuto ochenta. Me flasheó mucho en Mar del Plata que alguien que vio la peli me dijera que no se había dado cuenta de que Lady Di era Lautaro hasta que vio los créditos al final. Yo no dejo de verlo a él porque sé que es él, pero si veo la película y veo lo que hizo, es bastante sorprendente, sobre todo porque no fue a un lugar que hubiera sido más fácil, el de feminizar completamente al personaje, sino que lo dejó como en un lugar intermedio, que es lo que él hubiera construido si fuera su propia historia.

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