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Viernes, 11 de diciembre de 2015

Música para vibrar

El músico y productor británico SOPHIE lanzó en formato de dildo su último trabajo, que es también un culto nada irónico del hiperconsumismo pop de los noventa.

 Por Franco Torchia

Como en un ida y vuelta a favor y en contra del mercado de la música -y en franca parodia a su otrora líder, el objeto disco- el artista y productor británico SOPHIE lanzó su nuevo trabajo, no casualmente llamado “Product”, en formato de consolador. El dildo, “un producto de silicona inoloro, insaboro y seguro para la piel” según describe la página web del creador, cuesta 70 euros, trae cuponcito para descargar los temas y lleva el logo de su responsable. En el terreno de las correspondencias, la alevosía bien podría ser considerada un crimen: aquí, el atentado interpretativo del colaborador de Charli XCX, Liz, Lef1f, QT, Madonna y Namie Amuro entre otros, satura su lanzamiento de simbologías obvias: que la silicona y su textura resultan tan elásticas, sintéticas y lustrosas como sus producciones; que la improbable “transgresión sexual” de Samuel Long -primera identidad del artista- ha sido siempre su (sin)razón de ser; que en el 2014, con “Torture Garden Intro” y sus sólo 30 segundos de disparos (una pueblada seguida de represión policial en Puente Avellaneda sonaría igual, o mejor) fue simultáneamente homenaje a su predilecto club de fetichismo sexual de Londres y un preludio de la pronta llegada de este juguete y, finalmente, que el disco llega para -una vez más- hacernos reflexionar acerca de la relación amo-esclavxs entre consumismo y género pop, de allí que la falsa promesa sea la de poder adquirir la placa también en forma de anteojos de sol, zapatos y campera. Ahora bien, ¿a qué viene? ¿En qué contexto? Sam/SOPHIE colabora con PC Music, unos piolas bárbaros que reconvierten el “ultracomercialismo” del pop noventoso y no tanto hundiendo sus inquietudes en lo más inmundo de la inmundicia, poniéndole a todo estética Windows 2000. Deliberadamente, PC Music apuesta al rechazo o la complicidad de lxs entendidxs. Suele decir la prensa especializada: “el futuro del pop”. Suele decir la prensa especializada: “un insípido proyecto artístico de un puñado de niños ricos”. De hecho, esa parodia secreta, urdida entre cófrades capaces de reírse a solas de la basura de las multitudes, se puso en evidencia con dos respuestas a la revista Rolling Stone: “No hay sátira en lo que hacemos. ¿Para qué molestarse en invertir tanto tiempo y energía en algo que básicamente sería burlarse de algo y no contribuir con nada?”. Y “Nuestra influencia es comprar. Compramos sobre todo lo que no puede llevarse en el equipaje de mano”. En suma, “pos-ironía”, término acuñado por el periodista Jazz Monroe tras analizar cómo en un show neoyorquino en mayo, Hanna Diamond, integrante de PC, hizo de Spice Girl con amor y sordidez.

En la misma línea del capitalismo de cuentas corrientes abultadas y papuchos profesionales exitosos, otro de los miembros de PC, A.G. Cook, dio a entender hace poco en una entrevista que lo de ellos es “una suerte de reflexión crítica sobre el capitalismo”. Tomá. Y agregó: “Las marcas y la publicidad corrompen la autenticidad. Lo nuestro es ambigüedad y misterio”. Por ejemplo, QT es una cantante surgida de este caldo de cultivo y también una bebida energética. Por eso, a SOPHIE le fue bárbaro con el tema “Lemonade” que sonó ¡en un comercial de McDonald´s! Líquido y empalagoso, es el rap-tecno que Cris Morena hubiera deseado pegar para retener a la monja Lali en la laicidad de su beneficencia. Pero contrahegemónico. Y no. Ambigüedad y misterio, justamente. Preeminencia del envoltorio para desterrar el envoltorio: casi todo “Product” fue antes, single tras single. La diferencia ahora es que te relaja y vibra. Ahí, en esa doble condición inherente a los objetos sexuales, diseñados a partir de la presuposición de cuerpos necesitados de placeres semejantes, seriados e insatisfechos, dependientes de un placer inscripto en la mismidad del orgasmo y el falocentrismo, aparece el consolador de SOPHIE. Plano en su naturaleza. Ocurrente en sus eventuales usos.

Oculta durante mucho tiempo -supo alterar su voz y tapar partes de su cuerpo para intercambios periodísticos- Long eligió de nombre propio SOPHIE porque le sonaba a crema hidratante. Las primeras imágenes que ofreció montada forman parte de una serie de fotografías en situación de “comida casera molecular”: saturadas y diáfanas, deconstruidas, etéreas, pero de feria americana parroquial. Infantilización vocal donde antes aullaba una potranca presa del ácido o una Barbie girl sin dobleces, como en la tortura sonora de Acqua. No hay dudas: SOPHIE, como tantos en esta tierra, morirá de literalidad.

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