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Viernes, 18 de marzo de 2016

A LA VISTA

40 AÑOS ¿NO ES NADA?

Ocurrió en Miramar. Un joven, presidente del centro de estudiantes de su escuela y activista LGBTIQ, fue detenido y agredido brutalmente por la policía. El pasado no vuelve, pero las viejas malas prácticas sí, en especial si se mantienen reglamentaciones de la dictadura.

 Por Liliana Viola

Mientras se editaba la nota de tapa sobre los 40 años del golpe, un comunicado con el titulo URGENTE apareció reenviado cientos de veces al correo de SOY. Es probable que muchxs lectorxs lo hayan recibido también en teléfonos y computadoras y que al salir este suplemento la noticia haya aparecido en todos los medios. El comunicado terminaba con un pedido desesperante: “La familia necesita contactos en los medios, en la política, todo suma porque tienen miedo que lo maten.” Y empezaba con un siniestro dejá vu: “A Lautaro Blengio, activista LGBTIQ lo levantó la policía en un Fitito, en Miramar, lo encapucharon, lo llevaron al vivero donde mataron a Natalia Mellman, lo quemaron con cigarrillos, le pegaron brutalmente, le cortaron los brazos con una navaja y le hicieron una cruz en el pecho ‘donde le iban a pegar un tiro’ y finalmente lo dejaron tirado ahí.” 

A 40 años del golpe, por el modus operandi, porque actuaron a cara descubierta, e incluso como si fuera una mala broma, por el auto elegido, parece un relato calcado de aquellos que no aparecieron en el Nunca Más ni en la reconstrucción de la memoria sobre la dictadura. Una retórica del abuso pero también del silencio por portación de sexualidad disidente que la propaganda oficial de entonces marcaba como subversiva de los grandes valores familiares en peligro. Por la elección del mismo lugar donde se halló muerta a la joven Natalia Mellmann, también parece un desparpajo de impunidad, un ajuste de cuentas. ¿Con qué? Probablemente con tanta regla de conviencia que imponen instituciones como el INADI, las leyes como las del matrimonio universal, la aparición en la vía pública de familias atípicas y cuerpos atípicos, entre otras gestiones reproductoras de la institución derechos humanos.

Pero un detalle en el comunicado nos coloca en el presente: Lautaro Blengio es un activista LGBTiQ. La sigla no existía hace 40 años. Su potencia, su circulación en la vida cotidiana de los ciudadanos es demostración y efecto de que han cambiado las cosas. No hay vuelta atrás. Y no es que el activismo de la disidencia sexual no tenga su historia. José Sebreli contó alguan vez que Manuel Puig, que aportaba no solo fondos para el FLH (Frente para la Liberación Homosexual) sino reflexiones que aun tienen vigencia (“El error gay”, por ejemplo) además de su literatura pedía no aparecer entre los militantes con nombre y apellido para proteger su carrera literaria. Eran otros tiempos donde la militancia problematizaba sus propias condiciones y donde el closet también era trinchera. 

Operativo Sin Sol

“Lautaro es un chico de diecisiete años que tiene su forma de vestirse muy suya, muy propia, tiene su orientación sexual. La vive con orgullo. Ese día empezaba el ultimo de su secundaria. Ahora se usa festejar el primer día del ultimo año, es una tradicion nueva: pasan la noche en la casa de un amigo y hacer un poco de ruido ahí, hasta que se van a sus casas. El volvía de un festejo. Esto fue el lunes entre las 8 y las 9 de la mañana.” El relato de Daniel Blengio, padre de Lautaro, termina de volvernos al presente. No es un padre excepcional. En estos últimos años se ha ido formando una conciencia cívica que comienza a entender como criminal y retrógrado la discriminación de la diferencia. Sobre todo de algunas diferencias entre las que la sexual tiene cierta ventaja. Hay una comunidad, una institución familiar que sale a defender la vida del hijo gay, joven, y militante por los derechos estudiantiles y de la diversidad sexual, sin atenuar ninguna de estas señas particulares. Y sin destacar una sobre otras. Continúa el padre: ¨Dudamos con mi mujer de que sea un tema de homofobia, tiene que ver más con su militancia tanto por diversidad sexual y como también su militancia en el centro de estudiantes. Es un chico que siempre la tuvo muy clara en ese sentido. El le decía a la policía defendiéndose y sabiendo de lo que hablaba: “a mí no me vas a pegar”, “te corresponde identificarte”. Yo hacía mucho tiempo que no veía a la policía hacer tantos procedimientos sistemáticos contra los jóvenes como lo hicieron este verano en la Costa y la forma extremadamente violenta en que lo hacen. Incluso si en medio de un operativo contra los chicos, un adulto se acercaba a observar, terminaba teniendo que entregar el también sus documentos.

No es sólo ser, sino tener conciencia de las libertades y los derechos, es ejercerlos, disfrutarlos, son los derechos adquiridos los que ponen a ciertos sujetos en la mira de la reacción. En la mira de esa señora (ver entrevista en página 8) que cuando vio que dos papás retaban a su hijo en la calle, llamó a la policía. Y en la mira de los agentes que enseguida pusieron a los dos padres homosexuales en un calabozo. Es para la señora del subte que la semana pasada hacía callar a Ernesto Meccia al grito de ”Callate, Matrimonio Igualitario”. En la mira de los que hoy le piden al presidente que derogue la ley de identidad de género desde la plataforma Change.org. 

Justicia por mano ajena

La justicia por propia mano, aunque lo parezca no es un acto solitario. Por algo, ese concepto irónico, mantiene la palabra justicia, como el crimen pasional mantiene el factor sentimientos. A la justicia por mano propia no la ejerce cualquiera, la ejerce esa mano de “obra de bien” desocupada que responde a lo que se supone es un código perdido. El neonazi mata putos no por propio placer sino para una supuesta comunidad que no es capaz de llegar a tanto. Mata putos y travas para una policía que no es capaz de detenerlos.

Se dirá que los crímenes de odio no son nuevos, como tampoco los femicidios. Pero no se podrá negar que a 40 años del golpe siguen vigentes atribuciones para la policía heredadas de la dictadura y el gobierno nacional presentó un Protocolo de Seguridad para regular las manifestaciones públicas, y también la tarea del periodismo para “que no interfieran con el procedimiento”. Y que muchas personas han interpretado el Cambiemos como un regreso al pasado.

Las leyes no se van a derogar, pero ¿cómo va a prevenir el Estado la reacción del odio? Las redes sociales y ciudadanas tiene la gran oportunidad de entretejerse, protegerse, estar alertas y proteger el presente.

Al cierre de este suplemento la fiscal Ana María Caro asegura que ninguna autoridad policial va a participar de la investigación, que hay siete policías implicados e identificados, que se investigan apremios ilegales y la privacion ilegitima de la libertad.

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