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Viernes, 3 de junio de 2016

MÚSICA

Pop-lítico

Anohni, la primera intérprete trans en recibir un Oscar –por la banda sonora del documental Racing Exctintion– acaba de editar Hopelessness, disco con el que se mete en temas que van del calentamiento global a las torturas en Guantánamo.

 Por Ignacio D’Amore

Pocas personalidades de la música pop pueden jactarse, hoy, casi promediando 2016, de llevar adelante una carrera que combine exitosamente su producción audiovisual con una mirada distintiva y genuina sobre los asuntos sociopolíticos que nos intersectan de manera continua. No todx popstar se encuentra en condiciones de sostener una postura más allá de un par de entrevistas en Harper’s Bazaar o, en el mejor de los casos, The Gentlewoman; y aunque la discusión sobre todo aquello que define y conforma a unx popstar es sencillamente inacabable, algo que sí puede ser comprobado por cualquiera es que no abundan las figuras del pop que logren sostener un discurso de profundidad, que atraviese su obra, que invada sus videos y letras, que estimule a su público a repensar y remirar.

Anohni, a quien solíamos conocer como Antony Hegarty, es de esa estirpe que prefiere –y puede– entrelazar su militancia con su producción artística y su vida personal. Con su grupo Antony and the Johnsons editó cuatro álbumes, todos ellos de un sonido folk melanco que a veces se inclinaba al soul y otras resultaba más bien inclasificable, también y en gran parte debido a la especialísima voz de su líder, siempre fluyendo entre lo animal y lo lírico. Colaboró con Björk, que la capturó después de verla consagrada en 2005 con I am a bird now, y fue parte integral en el debut de Hercules and Love Affair, el tándem nu-disco comandado por Andy Butler.

Hace unos meses, Anohni fue la primera intérprete trans y la segunda persona trans de la historia en ser nominada a un premio Oscar, en este caso por la canción Manta Ray, que compuso junto al músico J.Ralph y que sirvió de banda sonora para el documental ecologista Racing Exctintion. La Academia de Cine Norteamericana evitó sumarla a la lista de performers de la noche de premiación, mientras que sí incluyó a Sam Smith y Lady Gaga, ambxs también nominadxs, que no emitieron palabra respecto de semejante gesto a pesar de decirse representantes de la lucha por los derechos lgtbiq. En un comunicado, Anohni adjudicó la decisión de la Academia al hecho de que las cuestiones medioambientales suelen tener poca llegada con el público pero también se ocupó de destacar lo evidentemente transfóbico de la situación. Es la misma transfobia que forma parte estructural de la industria del entertainment a la usanza yanqui y que detiene la proliferación de identidades diversas y miradas renovadoras más allá de las procesadas para nuestro deleite.

Hopelessness es el disco debut de Anohni como solista y el primero que edita después de asumirse como mujer trans de manera pública. En él colaboran Oneohtrix Point Never, una de las caras actuales más prominentes del ambient y la electrónica experimental, y Hudson Mohawke, especialista en desgarrar los cimientos del trap y el hip hop hasta volverlos híbridos sonoros ominosos. La producción es exquisita y suena intencionadamente rara: los arreglos reptan dispersos y las capas sonoras perduran sin mucha lógica. Anohni suena igual de mareante que siempre, fluida su voz entre la animala sagrada y la intérprete lírica calma. Cada canción es un statement: se la escucha cantar sobre violencia patriarcal, sobre el estado de vigilancia que controla nuestro minuto a minuto y sobre Barack Obama (!), sobre la destrucción del medio ambiente de la que somos responsables, todxs, aunque nos reconforte creer otra cosa.

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