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Viernes, 22 de julio de 2016

TEATRO

Rituales

Después de casi veinte años de impulsar colectivos teatrales y artivistas, Clodet García presenta Desnacida, su primer trabajo solitario, y cuenta por qué esta obra es una cita obligada para todas las amantes.

 Por Magdalena De Santo

Suenan los aplausos desde el fondo del restaurante de Pan y Arte. Un montón de lesbianas en mesa extendidas ocupan el fondo y aplauden la llegada triunfante de la que recién baja del escenario. Es el ritual después de la función del reestreno de Desnacida. Comer, beber, abrazarse, hablar de los momentos plenos de la obra y de los imperceptibles errores que el público jamás detecta. Clodet García, la mujer orquesta del espectáculo, actriz, dramaturga y directora, fija una entrevista con SOY. "Pero sí, si no hay modo de que mi teatro no sea lésbico como tampoco hay modo de que mi personaje no sea gorda", comenta Clodet. Abrazo, beso y vuelve al centro de la mesa entre los sonidos de chinchín y vozarrones por esta tercera temporada a sala llena.

Desnacida es una obra de autora porque aparece íntegra: concepto, puesta y abordaje actoral. Se trata de un unipersonal que cruza el exilio, la visibilidad y una existencia que desborda. La obra no tiene relato, sino mas bien "Un canto a la existencia cuando una siente que no existe". En la pieza dramática, una mujer sólo vive en y por el teatro. Relata su frágil existencia en la ficción ¿qué es de ella cuando se apaga la luz? El linaje de las desnacidas, las exiliadas del ser, se remontan a Lilith, la expulsada del paraíso, la olvidada que puede devenir en reptil seductor por habitar lo indebido. Se trata del primer trabajo solitario después de diecisiete años de coordinar colectivos teatrales. Y llegó el día. "Me dije, bueno, pará. Algo de mi propia singularidad queda escondido en estos grupos. Si se ha invisibilizado los nombres de mujeres y lesbianas históricamente y yo quedo subsumida en lo grupal, le estoy haciendo el juego al patriarcado. Así que me animé a hacer Desnacida"

Hablando de nacimientos, ¿Clodet es tu nombre de nacida?

–No, es el nombre que me da el teatro. Me lo pusieron a los 17 años mis amigas y amigos del teatro. Clodet en algunos lugares es nombre de mujer y en otros de varón, en algunos lugares es apellido. Soy este nombre, el otro para la medicina y la policía. Aunque con ganas de ponerlo en el documento, porque mi nombre anterior me raya porque representa a la niña sobreadaptada por fuera y frustrada por dentro.

¿Ese grupo que duró de 14 años, Teatro de la Tierra, dónde estaba? Nunca lo escuché…

–Tercer cordón, en un galpón en Adrogué. Pero en el culo de Adrogué. Era una decisión política habitar esa periferia. Pensábamos que si no venían a vernos, mejor. Hay años de investigación sin registro ni fotos.

¿Hacían teatro y no querías que las vayan a ver?

–Que vengan los realmente interesados. Teníamos una concepción de lo secreto, de lo clandestino. Éramos parte de una red de teatros clandestinos, los espacios eran garajes, habitaciones…

Esto, pre-Cromañon…

–Sí, en los 90. Toda esta apología de lo secreto me dejaba en contradicción con el mundo, con lo que pasaba en términos colectivos amplios. Ahí arranco en paralelo con el artivismo.

¿De qué se trata esto del artivismo?

–Que cualquiera que decida hacer un activismo a través del arte, puede.

¿Y qué hacen?

–En mi caso no se trata de llevar una idea y representar algo, sino que mujeres, lesbianas, feminidades nos empoderamos en una acción. Pero no estamos representando nada, armamos nuestro ritualcito.

¿Y quienes son las artivistas?

–Cualquiera puede serlo. Con Mujeres de Artes Tomar, que es el grupo de artivismo que llevan adelante Claudia Quiroga y Sandra Posadino, no trabajamos con las feministas rabiosas, trabajamos con algunas mujeres que en la puta vida se imaginaron que iban a estar despeinadas, transpiradas y aullando en el medio de la calle.

¿Y sino es representación, qué buscan con esas intervenciones?

–Estar en este cuerpo, estar con estas otras y que no quede afuera el deseo. Porque la sociedad todo el tiempo nos fuga. Y si tenés un cuerpo no normativo, y si tenés un cuerpo normativo también porque implica una carga pesadísima, pero con un cuerpo disidente, ni te cuento.

¿Cómo circula el deseo?

–Y… la vincularidad entre quienes hacemos teatro es fuerte. Las pasiones, los dolores que se nos desatan son fuertes.

¿Tu manera de coordinar grupos de mujeres es distinta al legado que dejaron tus maestros?

–Cuando arranqué me di cuenta de que tenía otros tiempos y otras maneras de los que me habían enseñado. Aprendí que romper con lo jerárquico no es lo mismo que la diferencia de roles. Limpiar el agite de los vínculos entre mujeres, sobre todo cuando estamos lesbianas y hay amores.

¿Qué entedés por un quehacer lésbico?

–Hacer lésbicamente la vida tiene que ver con pararme entre pares.

Desnacida. Domingos a las 21, Pan y Arte, Boedo 876.

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Imagen: Sebastián Freire
 
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