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Viernes, 29 de julio de 2016

Desde Nicaragua con (otro) amor

Visita la Argentina la investigadora nicaragüense
Ileana Rodríguez, autora de libros imprescindibles para una teorización del amor, el género y las identidades de este lado del mapa. Aquí adelantamos una breve conversación con ella, para que quede claro por qué no hay que perdérsela entre el 3 y el 4 de agosto en el Malba.

 Por Laura Arnés

David Rocha, alumno, le escribe a su profesora: “usted me corrobora que las revoluciones no se pierden; que las revoluciones no son un tango que hace eco en las nostalgias; me ha demostrado que la revolución y el amor se construyen a cada paso hasta que la vida nos hace multitud en el aire.” Ella es Ileana Rodríguez, profesora emérita de la universidad de Ohio, Investigadora del Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica, la misma que reconoce: “Yo escribo sobre el amor, pero no sobre el amor romántico, ese fix, esa chutada que tanto daño nos ha hecho, sino sobre el amor en su forma social”. Para quien quiera escucharla, la semana que viene estará en Buenos Aires, participando de un encuentro literario y teórico, de una conversación larga, variada e ininterrumpida sobre género que se llevará a cabo el 3 y el 4 de agosto en el Malba: El silencio interrumpido: escrituras de mujeres en América Latina.

Me dijeron que tu último libro es muy provocador, muy atrevido...

Es el libro que más miedo me ha dado. Me genera mucha incertidumbre, es un libro lleno de preguntas. Y también, de algún modo, habla sobre el amor, pero del amor desde los intestino. Trata el tema del incesto, un tema muy espinoso. Digo que: el aspecto que más define a Nicaragua es el incesto. Digo que: el Estado es cómplice. Y además creo que, sobre todo en las clases altas, sigue siendo un modo de mantener la “pureza de sangre”, la “blancura de la piel”.

En el libro, además, hablás de “masculinidades perversas”

Si, porque lo que me interesa analizar, asediar, a partir de diversos materiales culturales, es como se construyen ciertas masculinidad “perversas” (tomo la palabra de los periódicos nicaraguenses, que la repiten una y otra vez). Cómo, de algún modo, el incesto es una respuesta a una cultura altamente hóstil y cruel: un retorno a las vísceras, sustitutas del seno materno. Porque lo privado, sin lugar a duda, tiene que ver con lo público. Como dice Lauren Berlant, los sentimientos, lo privado, interaccionan, a u vez, con la política y con nociones como pertenencia social e intimidad.

En Cánones literarios masculinos y relecturas transculturales. Lo transfemenino/masculi-no/queer planteas la necesidad de pensar lo “homo-social”...

Si. Pero ese libro, de algún modo hoy obsoleto, todavía se sitúa sobra la diferencia masculino/femenino como posiciones antagónicas. Aunque, en realidad, frente a la insistente pedagogía y educación sentimental de los medios masivos, que refuerzan las performances normativas del género e inducen a pensar en el amor romantico, los textos que dan cuerpo al libro efectivamente ponen en cuestión las identidades siempre, además, contextuales. De hecho, en el artículo que ahí escribe Raúl Antelo, persiste una idea de Proust que desestabiliza, que pone en cuestión las construcciones de género y sus orígenes a partir de la figura queer: “Nada como un homosexual para hacer nacer a la Mujer”.

Me distraigo pensando en los relatos de Manuel Puig pero Ileana me trae de vuelta cuando retoma la idea de lo ‘homo-social’ y el gusto de los varones por estar juntos:

Unos años antes había escrito “Women, guerrillas and love” (Mujeres, guerrillas y amor). Ahi, entre otras cosas, desarrollaba la idea de que mucho de lo social se construye sobre la erótica -esa sexualidad latente y a veces desplazada- que se despliega entre hombres y que constituye la base de las instituciones y del Estado; ese punto sobre el que se articulan muchas de nuestras políticas. Pero, en ese momento, no conocía el concepto de “homo-socialidad” de Eve Kosofsky Sedwick. De hecho, yo lo había llamado “homo-sexualidad”.

¿No leías a Kosofsky Sedwick?

Lo que pasa es que yo estaba en Nicargua, no tenía acceso a ese tipo de textos. Y esto me parece algo fundamental sobre lo que reflexionar: cómo se escribe, cómo se piensa con o sin acceso a ciertos materiales; como nos influyen teorías que tal vez no tienen relación con el contexto en el que una está.

Y esta idea tiene un poco que ver con tu libro “Liberalism at its limits” (El liberalismo en sus límites)...

Si. En él básicamente propongo que no es posible hacer estudios de casos latinoamericanos usando la categoria de “liberalismo” porque siempre requiere ajustes. La noción de liberalismo no porta valor universal: Latinoamérica tiene diferencias epistemológicas y políticas. Los conceptos no se pueden importar así como así.

Claro.... ¿Y se te ocurre otro ejemplo?

Y sí. Estos desplazamientos entre teorías, geografías y activismos siempre tienen efectos concretos. Por ejemplo, pienso en lo que está pasando con el feminismo en Nicaragua, a partir de su relación con lo queer. Hay una falta de reconocimiento -un borramiento- de todo el trabajo que venimos haciendo las feministas hace años y que, sin lugar a dudas, habilitó los lugares que ellxs hoy pueden habitar: por ejemplo, para hablar del placer y el sexo hay que haber hablado del cuerpo primero. Pero, además, parecería que los debates que hay que tener, esos legítimos, hoy se dividen en dos: violencia de género vs. placer. Y la segunda opción, claramente es más de vanguardia.

Pero tienen que ser reflexiones excluyentes? Puntos de vista divergentes?

No, claro que no. Yo insisto en que no tienen porqué, quizas incluso no deberían ser dos debates ajenos....

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