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Viernes, 29 de julio de 2016

Memoria

Por inciativa del legislador porteño Pablo Ferreyra, en la puerta de una casa mítica de Buenos Aires se colocó una placa que recuerda el paso de Carlos Jáuregui por este mundo

 Por Gustavo Pecoraro

Quisiera encontrar una palabra que no sea refugio para hablar del departamento de la calle Paraná 157 donde estaba la sede de Gays por los Derechos Civiles y la casa en donde Carlos Jáuregui vivió sus últimas horas. Las que acompañamos dolientes entre esas mismas cuatro paredes que -sin embargo- recordamos llenas de vida y sueños.

Tantas risas, amores, discusiones y fiestas se quedan grabadas en el amplio living y en cada rincón donde aún resuena ese eco orgulloso sin nada que esconder que se escapaba por ventanas abiertas en una época apasionante de crecimiento feliz y valiente, pero a la vez muy triste.

Libre, indudablemente.

Mirar las fotos que guardamos de “Paraná” tiene la melancolía obligada del pasado que no volverá y que se marcó como yerra en nuestros cuerpos jóvenes.

Y representa el significado del encuentro.

Ese primer reconocerse en los ojos ajenos con parada diaria o cena semanal de los viernes, maremoto de amistad que usamos como escudo para la tormenta policial y del sida que nos azotó ferozmente en casi toda la primera mitad de la década del 90, y que ya venía desde mucho antes pero fue allí -entonces- donde pudimos protegernos de alguna manera. Si más no fuera con la salvación al alcance de las manos, al menos sabíamos del abrazo que nos esperaba.

Esta placa que hoy luce el frente del edificio donde actualmente funciona Casa Jáuregui preserva la historia y el recuerdo de quienes la habitamos.

Y sin dudas, la memoria del colectivo LGTBI.

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