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Viernes, 29 de mayo de 2009

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Alegres mascaritas animadas

Su nombre no dice nada, lo cual puede tanto ser una ventaja a la hora de pedirlo en el kiosco o farmacia amiga como un problema por la imposibilidad de recordar una palabra que bien podría pertenecer al diccionario de los orcos. Smodnoc. Tal el apelativo que designa la última creación del mercado para promover el sexo seguro... o el fetichismo, según cómo se lo mire. Se trata de una especie de mordaza de latex con algo parecido a un títere con tachas en el medio que se anima mediante la lengua. El efecto, una vez colocado, es similar a la primera impresión que cualquiera ha tenido de la máscara de Hannibal Lecter, aquel adorable caníbal que enamoraba a la investigadora principiante. ¿Las ventajas? Según sus creadores –o distribuidores en el mercado– es que permite practicar el sexo oral –ya sea sobre la vagina o sobre el ano– dejando las manos libres, a la vez que promueve mejores sensaciones gracias a las escamas que tiene en la punta y favorecen las cosquillas y evita la transmisión de bacterias o virus. Claro que la referencia a las manos libres –¿también con guantes de latex?– supone que antes del Smodnoc era el campo de latex la barrera habitual para el sexo oral, algo que la experiencia y las encuestas indican que está muy, pero muy lejos de ser una práctica habitual sobre todo en este tipo de sexo oral. Y es que más allá del discurso médico, tantas veces copiado sin dudar por las ONG, que insisten en que esta práctica es riesgosa sin –valga la redundancia– arriesgarse a cuantificar ese riesgo, millones de mujeres han comprobado en su vida cotidiana que tomando algunas precauciones de sentido común no es necesario envolverse en papel film para gozar de las mieles (vaya bien empleada la palabra) del sexo oral.

Por supuesto que no es posible afirmar que es ciento por ciento seguro hacer feliz a alguien aplicando la boca sobre su vulva o incluso su ano. Bacterias, hongos, ciertos virus también son transmisibles. La diferencia es que la mayoría se curan fácilmente, a excepción del vih. Y sobre el vih, pues no hay registro cierto de ningún caso de transmisión por esa vía. Puede ser que se les haya pasado alguno por alto –admite, con otras palabras, el Centro de Detección de Enfermedades de los Estados Unidos–, pero la cifra es tan menor que no merece la pena invertir en investigación para o bien liberarnos del campo de latex y sucedáneos, o bien darnos una pauta concreta sobre cuál sería el riesgo.

Queda, entonces, el sentido común: mantener la boca sana, sin heridas por donde pudiera penetrar el virus que contienen las secreciones vaginales, no lavarse los dientes antes de practicar sexo oral –para no generar pequeñas heridas–, evitar el sexo oral sin protección cuando la beneficiaria está indispuesta y evitar las mordeduras o rasguños muy fuertes. Y también se puede recurrir al Smodnoc, claro, siempre que lo que se busque sea una carcajada o una linda sesión de fetichismo bucal.

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