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Viernes, 11 de junio de 2010

Encuesta doméstica

 Por Dawn Beckman

Hace poco le pregunté a Ben, nuestro hijo de 16 años, si encuentra diferencias entre sus dos madres.

“Bueno, sí.” Respondió. Susi siempre se preocupa por el tema de los estudios y esas cosas.

Entonces le recordé que él y yo habíamos tenido no hace mucho unas cuantas conversaciones extensas sobre el tema estudios.

“Ah, sí, pero vos no sos como ella.” Le pregunté entonces si él piensa que las diferencias están relacionadas con el hecho de que no tenemos un lazo biológico. Pensó un rato y me dijo: “Cuando fuimos al bar mitzva el mes pasado (lo cual vino por parte de mi familia) yo pensaba, yo no soy pariente de estas personas, por lo tanto por lo que veo acá está lleno de primitas que están muy buenas “. No pregunté más.

Mi hija de diez años, ante la misma pregunta, me respondió directamente que no piensa nunca en eso.

Sí, estuve haciendo preguntas a nuestros hijos. Me doy cuenta de que en los últimos años he empezado a tomar conciencia de que no soy la madre biológica. Me he pensado hasta ahora diariamente con mis hijos. Les tengo un amor intenso y profundo. Me impacientan, me preocupan, me dan alegría. No me dieron tiempo para pensarlo hasta hoy, soy tan madre como cualquiera.

Testimonios recogido por Harlyn Aizley en su libro Other Mother.
(La otra madre. Confesiones de madres no biológicas y lesbianas) Beacon Press, Boston.

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