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Viernes, 11 de octubre de 2013

Orsay en orsai

200 hombres desnudos, 200 años de arte

 Por Dolores Curia

Lampiños, proporcionados, en reposo o llenos de fibra y tensión. Así posan por los pasillos del Museo de Orsay de París los desnudos –algunos gráciles, algunos hipersexualizados o ¿metrosexuales neoclásicos?, se animará un espectador contemporáneo– de Masculino/Masculino, la muestra que durará hasta febrero de 2014, que repasa algunas representaciones del cuerpo de los varones desde el 1800 hasta hoy. El adolescente sentado en una piedra frente al mar es Joven desnudo (1835) de Hippolyte Flandrin, un viejo conocido de la iconografía gay. La perfección formal de su figura no contradice el ethos romántico; ahí están las olas, la introspección, la palidez, la sensación de vértigo en la altura y con la piel contra la roca, y ni hablar de cuánto encajaba Flandrin en el estereotipo de artista aventurero, agitador de audiencias y bisexual.

La propuesta de una historia rosa de la belleza en una sala tan oficial como el Museo de Orsay, más allá de que rompa con el tabú –al correr a la mujer de la posición de objeto de deseo y tema de la representación– y ponga todo al aire (porque destapa mucho de lo que suele quedar fuera de los recortes curatoriales del mainstream), es, como consigna, como mínimo un problema. No porque nadie lo hubiera hecho antes (el Leopold Museum de Viena durante a mediados de 2012 lo hizo primero) sino porque las palabras (y las ideas) “gay”, “lesbiana” y “bisexual” son demasiado contemporáneas como para leer gestus marica en La escuela de Platón (Jean Delville, 1898). Y, sin embargo, no es una locura ir a buscar las semillas de la conciencia gay moderna al siglo XIX, empezando por locas autoconscientes como Simeon Solomon y Wilde.

Masculino/Masculino es un Pride en pleno canon occidental, una selección de 221 cuadros, fotos y esculturas consagradas a la gloria del cuerpo masculino que, si bien llega hasta la actualidad, elige al gusto neoclásico como garantía de masculinidad exaltada (en la vereda de enfrente del feminizado Rococó). Sobre todo porque su revival grecolatino combinado con el culto a la creatividad individual retornaba una y otra vez a los arquetipos míticos de “lo viril”; una y otra vez, Apolo, Cupido, Narciso, Baco (que ya habían sido ilustrados con lujuria desde Donatello hasta Caravaggio), en los que el ojo del pintor y del espectador se relamen tanto por la languidez del efebo como por el tono muscular del guerrero. No podía quedar afuera un emblema lgbt arrebatado de las entrañas mismas del catolicismo: el martirio de San Sebastián, reinterpretado acá por la brocha gorda del mexicano Angel Zarraga. Sebastián tiene todos los condimentos para ser gema homoerótica, sobre todo un cuerpo atlético perforado por las fechas y una expresión que no se distingue si es de éxtasis o dolor. Masculino/Masculino no deja de lado al simbolismo de Gustave Moreau y ni siquiera al superhombre de dos metros, dorado y con –obediente al leitmotiv de toda la muestra– nalgas de piedra del escultor conocido por la perfidia con que combinó su homosexualidad con coqueteos con el nazismo: Arno Breker. No faltan Munch, ni Picasso, ni Bacon, ni Mueck. También la foto está presente desde Edward Muybridge y sus investigaciones pre-cinematógrafo (aquí, la secuencia entre dos fortachones esculturales que van del juego de manos a la volteada cuerpo a tierra), ni la fotografía gay post-Stonewall de Mappletorphe. Simetría y divina proporción conviven con el aura camp de los jugadores de fútbol a los que sólo les quedaron puestas las medias (Vive la France del dúo Pierre y Pilles), y un Eminem (de David Lachapelle) a punto de eyectar la dinamita que lleva prendida entre las piernas. Si todo desnudo en el arte se hace cargo de alguna inscripción de género e invita a una posición de lectura, de diferencia, Masculino/Masculino no esquiva el bulto al reunir mucho de eso que la historia oficial de las imágenes ha preferido pasar a segundo plano y siembra la duda sobre qué pasa cuando los modelos desviados penetran el canon.

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Eminem: About to blow, David Lachapelle (1999)
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