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Viernes, 25 de abril de 2014

Mi vida conmigo

 Por Julián Arias

Tengo parálisis cerebral por una mala praxis en mi nacimiento. En mi infancia pude caminar con andador, hasta que por otra mala praxis perdí reflejos en la cadera y el movimiento en las piernas y tuve que bajar a la silla. Al contrario de lo que se creería, la silla para mí abrió una oportunidad. De la cintura para bajo tengo poca sensibilidad, pero esa sensibilidad se ha desplazado a muchas otras partes de mi cuerpo. Fue en estos últimos años (ahora tengo 25) que pude encontrar mi vocación. Soy cantante y bailarín. He hecho presentaciones junto con el taller de danza integradora del que soy parte. El taller, que dirige Susana González Gonz, reúne tanto a personas con discapacidad como a personas sin y se llama Todos podemos bailar. Cuando yo descubrí que podía bailar eso influyó en el resto de mi vida. Poco antes, en 2010, había empezado a transicionar. En 2011 empecé a ir al Durand. A los 9 ya le había dicho a mi mamá que quería ser varón y ella no actuó en consecuencia. Es difícil encontrar padres que respeten que su hijx tiene una identidad de género distinta de la biológica. A eso se suma que los padres y madres de los hijos con discapacidad suelen tener un papel, en el mejor de los casos, muy presente, y en el peor, sofocante. La discapacidad me trajo dificultades a la hora de transicionar: obviamente dependo para muchas cosas de mis viejos. Ellos me elegían la ropa, me peinaban como querían. Las posibilidades de vestirme como quiero dependen de la buena onda de los asistentes que pueda encontrar. Ahora que Rodrigo es mi asistente es todo más fácil. Que me permitan tener un asistente varón es una señal de que empiezan a comprender que soy varón. Que Rodrigo sea gay ayuda, es mucho más abierto a otras identidades.

La gente acepta una sola etiqueta por vez. Si sos discapacitado, no podés ser más que discapacitado. Yo no siento que la silla me limite como persona, yo tengo una vida más allá de ser discapacitado, con mis gustos, mis problemas. Te miran y dicen: “Ah, sos discapacitado, entonces sos hétero”. Cuando voy al neurólogo siempre me pregunta si tengo novio, siempre digo que no. Estoy seguro de que espera que le diga que sí en algún momento. Leí mucho e intercambié información con amigos trans sobre hormonación. Me interesaría tener un cuerpo como el que siento mentalmente, pero como lo mío es un tema neurológico, cerebral no medular, no se sabe qué consecuencias podría tener para mi salud la hormonación. Cuando empecé a ir a danza, a leer, a hablar con otros trans, me di cuenta de que no tenía nada que ver lo hormonal con la identidad.

Estoy seguro de que soy Julián y eso no cambia si tengo tetas o no. La transición y la danza, también como espacio social, vinieron de la mano. Ahora puedo abrirme, mostrarme bailando y cantando. Si me toca bailar con otro varón, no bailo como pareja sino como dos varones, no en un acting romántico. Para mí tendría que haber un tercer género. Ok, nací mujer, pero no me gusta nada de ese rol. He recibido críticas de mis amigas feministas durante la transición, acusaciones de machismo y personas muy ignorantes me han llegado a decir que quería ser varón porque con la ley la cosa se había puesto de moda. Me gusta el rol de varón con este cuerpo y todo lo que traigo. No haría nada de lo que hace una mujer, ni siquiera lo que hace una feminista. Sexualmente no me gusta el tema de recibir y esperar. Soy frontal. Cuando me gusta una chica voy y se lo digo. Me puede ir bien o puedo rebotar, pero quiero llevar adelante la situación.

Me interesaría en algún momento dar clases de danza integradora. Hay una cátedra en el IUNA, con docentes en silla. Hice un año de traductorado. Después hice el CBC y entré a Ciencias Políticas. Me interesa mucho la política y en algún momento me interesó la partidaria. El tema es que militar en un espacio progresista que habla de inclusión muchas veces no te asegura que todos los integrantes tengan incorporada esa inclusión. Me ha pasado estar yendo a una reunión del partido y llamar por teléfono desde el colectivo a un compañero para ver si me podía ir a buscar a la parada y que me diga que eso le corresponde hacerlo a mi mamá. Ahora entiendo que se puede hacer política desde muchos lados. Entregarse de lleno a la danza integradora, cantar, enseñar, transmitirles a otras personas las experiencias que tenemos ahí es muy político.

Música y Diversidad

Primer Simposio Música en Personas con Discapacidad: habrá conciertos, mesas redondas y taller a cargo de especialistas. Organiza IUNA. Martes 29 de abril a las 8.30, Av. Córdoba 2445, primer piso.

Inscripciones: [email protected]

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