turismo

Domingo, 29 de marzo de 2009

BRASIL > EN EL ESTADO DE ESPIRITO SANTO

Playa atómica

Al sur de Vitória, capital del estado de Espirito Santo, y al norte de Río de Janeiro, la playa de Guarapari es famosa en todo Brasil por sus arenas “radiactivas”, que tienen propiedades medicinales. Manglares, la “Praia da areia preta” y la Ruta del Sol y la Moqueca.

 Por Graciela Cutuli

Sobre una roca que apenas sobresale del mar, frente a una de las playas más céntricas de Guarapari, una estatua de San Pedro, de colores lavados por la lluvia y el sol tropical, recibe a los barcos de pescadores que regresan a sus muelles. Se dice que hace unos años la estatua giraba sobre sí misma para poder saludar también a los barcos que salían de pesca. Pero hoy la estatua es fija, y los ojos de cemento pintado del santo están clavados en este horizonte por el sol que se levanta cada mañana. Podría ser un símbolo de todo el balneario: una idea audaz que funcionó un tiempo, un augurio para los pescadores que se convirtió en atractivo fotográfico para los turistas.

UN MANGLAR EN LA CIUDAD Guarapari tiene muchas playas, algunas muy céntricas y otras en las afueras. Cada una tiene un estilo y una atmósfera propios. Las Tres Praias, por ejemplo, son tres playas pequeñas, cercanas entre sí, donde se practica buceo por la visibilidad que le confieren a sus aguas (hasta 15 metros) el estar protegidas del oleaje del océano. Las del centro son las más concurridas, y están bordeadas por edificios de departamentos, condominios y centros comerciales, donde se concentra gran parte de sus 100 mil habitantes.

No cuesta nada imaginar que estas playas ofrecen hoy un aspecto muy distinto al que tuvieron en el año 1585, cuando un religioso fundó la ciudad; lo que sí conservó su aspecto más o menos original, y parece como surgido de una primera mañana del mundo, es el manglar situado a orillas de la albufera que se abre paso entre las playas mismas de la ciudad. Allí, donde las aguas saladas del mar bañan las raíces desnudas de los manglares, colonias de ostras y de cangrejos siguen prosperando como si la naturaleza siguiera siendo la misma, a muy poca distancia de los edificios del centro, de los restaurantes y de los muelles de los pescadores.

Las “escunas”, barcos anchos preparados para el transporte de personas, ofrecen excursiones al manglar, pasando delante del San Pedro inmóvil con su saludo mudo. A muy poca distancia, los restaurantes y las construcciones ceden el paso a la naturaleza y el manglar comienza a desplegarse. Con la marea baja, no tardan en descubrirse sus raíces cargadas de ostras y algunas barcas, finas como una canoa, se deslizan sobre el tranquilo espejo de aguas, donde el oleaje del mar no alcanza a llegar. Sobre estas embarcaciones, parado y en equilibrio, un solo hombre lanza y recupera una red para sacar a las aguas unos pececitos que terminarán en las “moquecas” de los restaurantes del centro. La moqueca es el plato más típico de la costa de Espirito Santo, el estado donde se encuentra Guarapari, al norte de Río de Janeiro.

ARENAS NEGRAS Si bien el manglar puede parecer lo más extraño y exótico que Guarapari tiene para ofrecer a turistas que llegan de latitudes como las nuestras, para los brasileños en realidad el balneario es famoso por las arenas negras de la “Praia da areia preta”. Son las famosas arenas monacíticas, que los guías de la región presentan de manera muy rápida y simplificada como “arenas radiactivas”. Estas arenas negras tienen propiedades curativas y son benéficas para quienes padecen gota, reumatismos o artritis. Se recomienda caminar sobre ellas durante un cierto tiempo para que puedan actuar en las piernas y los pies. No faltan quienes dudan de tantas virtudes, como en otros tantos lugares del mundo donde la naturaleza oficia de médica, pero estas arenas le valieron a Guarapari el nombre de “Ciudad de la Salud”, y gracias a esta playa se convirtió en uno de los balnearios más famosos del estado y de toda esta región del este de Brasil.

En total, el balneario tiene más de una decena de playas, todas con su impronta particular. En el centro de la ciudad, las de los Enamorados, de los Castaños y del Medio son las preferidas por los chicos, que pueden ver cómo los pececitos quedan atrapados en piletas naturales formadas por las rocas durante la marea baja. La playa de Setiba, por el contrario, es la preferida por los surfistas por la fuerza de sus olas, y la de Meaípe fue calificada hace poco como una de las diez playas más lindas de todo Brasil. Se sabe que las clasificaciones de este tipo abundan en el país vecino, y no hay lugar que no haga gala de un superlativo. En Guarapari, por supuesto, las arenas negras monacíticas son “las más benéficas... del mundo”.

Además de sus playas, las arenas negras y sus platos de moqueca, Guarapari es un centro completo para practicar deportes náuticos. No sólo el snorkeling en sus aguas costeras sino también buceo en el navío hundido “Victory”, o entre las rocas de las Tres Playas. Se puede probar suerte con el windsurf, pesca submarina, surf y muchos otros deportes. El clima permite disfrutarlos durante una buena parte del año, con un promedio de 33ºC en verano y 20ºC en invierno, un verdadero privilegio.

RUTA DEL SOL Y DE LA MOQUECA Guarapari es también el punto de partida ideal para conocer otros lugares muy interesantes en este pequeño –a escala brasileña, claro– estado de Espirito Santo. En primer lugar, queda cerca de la capital estatal, Vitória (50 kilómetros), una pujante aglomeración de un millón de habitantes, que parece un mini Río de Janeiro gracias al paisaje de torres, bulevares costeros y una costa donde el agua, las penínsulas y las islas forman un mapa complejo. Guarapari está cerca también de Vila Velha, la ciudad más antigua del Espirito Santo, donde la oferta turística en playas (32 kilómetros en total) se combina con edificios históricos, museos y la fábrica de los chocolates Garoto, uno de los emblemas comerciales de Brasil. Y no es todo: Guarapari está cerca también de otro balneario, Anchieta, atractivo por un carnaval que se realiza en sus mismas playas cada año, y por tener en la costa un lugar de desove de tortugas marinas. Allí también se pueden conocer ruinas jesuíticas, y otro cangrejal que anida en una laguna costera. Vitória al norte, Vila Velha y Guarapari en el centro, y Anchieta al sur, forman un circuito de poco más de 70 kilómetros que es conocido como la “Ruta del Sol y de la Moqueca”. El nombre lo dice todo, un lugar ideal para buenas playas y buena comida.

DE LOS ALPES A LOS MORROS Pero en realidad hay algo más, y vale la pena conocerlo: quien se aleja de la costa, entra en un mundo de pequeñas montañas, ahí nomás detrás de las playas, donde hay más opciones para el visitante. La Rota do Sol e da Moqueca se convierte así en la Rota do Mar e das Montanhas, que recorre una región de montañas bajas y verdes, de valles tapizados de plantaciones de café y de frutales. Los pueblos de toda esta zona fueron fundados principalmente por inmigrantes italianos y alemanes, hasta tal punto que todavía algunos de ellos –como Venda Nova do Imigrante o Domingos Martins– tienen una fisonomía más alpina que tropical. El clima ayuda también para hacer este paralelo... y es que las lluvias son abundantes y provocan neblinas que a veces empañan el paisaje. Hay días que es imposible ver la Pedra Azul, aun estando a sus pies. La Pedra es una roca gigantesca, de 1822 metros de altura, situada en el centro de un parque natural donde se desarrolló una modalidad de turismo rural en torno de la producción orgánica. Además de visitar fincas, se pueden conocer uno de los orquidarios más completos de Brasil, una iglesia luterana, una fábrica de violines, pasear en los senderos montado sobre caballos de Noruega y visitar museos dedicados a los inmigrantes y sus obras. Claro que no hay que irse sin probar los quesos y los embutidos, fatti come in Italia, pero en pleno Brasil, ni sin escuchar a alguno de los coros cantar “Bella Ciao”, “Quel mazzolin di fiori” (que aquí son más bien flores tropicales) y otros cantos tradicionales del Tirol y el norte de Italia, de donde proviene la mayoría de los habitantes de los pueblos de esta ruta.

Arriba en estas montañas, donde Brasil se asemeja a Europa y donde todo es distinto, Guarapari parece, muy lejos, un país tropical lejano. Sin embargo, en apenas una hora en auto se vuelve a la costa, para disfrutar una vez más del sol y de las moquecas, con pescados recién extraídos del Atlántico, a bordo de barcos que pasaron una vez más delante de la estatua de San Pedro, mientras ella espera tal vez eternamente que se destrabe su mecanismo para volver a mirar hacia toda la costa del balneario.

Por las calles de Guarapari

Detrás de las paredes de torres que bordean las playas, queda muy poco del Guarapari del padre Anchieta, su fundador. La antigua Iglesia Matriz es el único edificio que sobrevivió desde aquellas remotas primeras épocas. Su construcción se remonta a 1585, y su antigüedad es su mayor atractivo, junto con sus portones enmarcados por caracoles de mar. Además de esta iglesia se pueden conocer las ferias artesanales y la feria hippie del balneario, y pasear por el Parque Natural estatal Paulo César Vinha, en Setiba, ya en las afueras. Se trata de un área protegida de 1500 hectáreas de dunas, arrecifes y lagunas, a orillas del mar. También hay que ver el Expo Mar, un acuario con un centenar de especies de peces y animales marinos que se encuentra en la Isla de las Gaviotas, cerca de la Playa del Morro, una de las más animadas de día –y sobre todo de noche– de todo Guarapari.

DATOS UTILES

Informes sobre Brasil en la Argentina: el Comité Visite Brasil, que funciona en la Embajada del Brasil en Buenos Aires, ofrece informes y cuenta con documentación sobre Guarapari, el estado de Espirito Santo y las demás regiones de Brasil. Dirección: Cerrito 1350. Teléfono: 4515–2400. Horarios: de lunes a viernes de 9.30 a 12.30 y de 15.30 a 17.30. Su sitio en la web es www.brasil.org.ar

Otros sitios de información sobre Guarapari y Espirito Santo en la web: www.brasiltour.com y www.guaraparivirtual.com.br

Para llegar: por avión a Vitória desde San Pablo o Río de Janeiro, donde hay varias conexiones diarias con la Argentina. Hay colectivos, taxis y agencias de alquileres de autos en Vitória para llegar luego a Guarapari.

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Un pescador sobre el brazo de mar entre el manglar y los modernos edificios de Guarapari.

Una vista desde el mar de la ciudad de Guarapari.

Ciudad-balneario. Imagen de la playa del centro de Guarapari.
 
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    Playa atómica
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