turismo

Domingo, 29 de marzo de 2009

VILLA GESELL > EN LA RESERVA DUNICOLA

Las dunas y el faro

Creado en 1922, el faro Querandí es la primera edificación del municipio de Gesell. Hoy es el centinela de una vasta reserva dunícola a la que sólo se llega a pie, a caballo o en excursiones con vehículos 4x4. En Semana Santa y en cualquier época del año, un lugar muy especial para recorrer.

 Por Pablo Donadio

Soberbio en los 54 metros de altura que dominan la región, la lámpara del faro Querandí ilumina hasta 18 millas mar adentro. Centinela de la reserva dunícola de 5575 hectáreas creada hace 12 años, el gigantesco faro sigue en servicio gracias a su potencia lumínica y al trabajo de fareros, y es el mejor mirador para obtener una panorámica de la zona. Además, es el punto de referencia no sólo para los navegantes de alta mar, sino para las actividades que se organizan por las desafiantes dunas. En las cercanías, algunos prestadores turísticos invitan a descubrir la particular flora y fauna de la reserva, a recorrer las ondulaciones de arena junto al mar en vehículos 4x4, y a partir en busca de fabulosos caracoles.

EXTRAÑA FORMACION Las costas marítimas del país superan los 4600 kilómetros, pero extrañamente, apenas unos 180 kilómetros de esas playas presentan dunas. Mirada con el Google Earth, la reserva es un rectángulo perfecto con más de 20 kilómetros lineales, donde surgen los bañados de agua dulce que llegan desde ríos lejanos hacia esta pendiente de Buenos Aires. Llegar implica recorrer 15 kilómetros por la playa desde la localidad de Mar Azul, ya sea a pie, a caballo o en vehículos de doble tracción. Aunque la primera impresión es la de un desierto tradicional, el lugar constituye un ecosistema muy rico, con una importante función biológica. Al descansar sobre un subsuelo arcilloso, la estructura de las dunas actúa como si fuera una gran esponja. “Si acá hacés un pozo con las manos encontrás agua potable. Y sobre la superficie de dunas hay bañados que permiten contar con agua y contrarrestan los efectos de sequía que han vivido otras zonas”, explica Rocío Chala, guardaparque regional.

En medio de ese escenario se encuentra el faro, el segundo en altura de nuestro litoral (sólo superado por el de Bahía Blanca). Enmarcado por añosos pinos, aromos y acacias, su construcción en 1922 no fue fácil, pero sí muy significativa: tras 276 escalones, la cumbre del centinela permite internarse en el océano y observar todo Gesell. Desde arriba se ven en diminuto las montañas doradas donde los jóvenes practican el sandboard, y algunos puntitos fugaces representados por los veloces cuatriciclos.

DE PASEO La excursión en Pedro Cuevas Jeep, quizá la más requerida en esta zona junto a la visita a la nueva playa naturista, comienza temprano en el centro de Gesell. Para ello la caravana de vehículos, con grupos de 5 a 18 personas, debe atravesar en línea recta Mar de las Pampas, Las Gaviotas y Mar Azul, bordeando en algunos tramos el mar por sectores de playa. No bien se llega a la arena, la ciudad toma otra dimensión y suma a sus encantos los magníficos desniveles de las dunas, que pueden llegar a los 30 metros de altura y bajar abruptamente, transformando el vehículo en una coctelera. “Si bien tenemos mucha demanda en verano, a la gente le gusta venir acá fuera de temporada. En general comandamos nosotros la excursión, pero si le vemos pasta de buen conductor, hasta podemos alquilarle el vehículo”, afirma el mismo Cuevas. Tras media hora de rodaje se llega a una parte de playas amplias donde se ubican los nudistas en el nuevo parador municipal. Luego del balneario hay que pasar unos 2000 metros para hacer la primera parada estratégica, en las inmediaciones de las dunas. Allí es de crucial importancia el conocimiento de los conductores, ya que los médanos suelen presentar caras tan diferentes como peligrosas: por el efecto del viento, uno de su lados puede ofrecer una empinada pero accesible subida de 25 o 30 metros, pero al llegar a la cima, el corte transversal deja un auténtico precipicio hacia el otro lado, donde muchos inexpertos han volcado. Ese escenario asombroso (si se lo respeta), es el lugar de los amantes del sandboard, que llegan en colectivos de doble tracción con decenas de chicos, instructores y sus infaltables tablas de madera lustrada. Luego de subir la pendiente, el resto es sólo placer, y hay que ver los porrazos que se pegan. Sólo después de unos cuantos intentos es posible permanecer hasta el final sobre el deslizador y ganar en orgullo y diversión. Esa práctica también puede contratarse en el centro de la ciudad, y hacer el paseo y las bajadas en una misma tarde.

Continuando camino el jeep comienza a transitar ondulaciones más pequeñas y se llega al bosque de la reserva y al faro. En la tranquera aparece uno de los guardaparques provinciales que guía al grupo hacia la entrada del faro. Adentro esperan fotos, restos de lámparas en desuso y otros artefactos. Lo que sigue es la colosal escalera caracol, que se repite y repite haciéndose más fina hasta que por fin se alcanza el más fantástico mirador de la playa y el mar. Allí, vale la pena descansar unos minutos y sentir el viento en la cara, frente a un escenario infinito.

MUCHA VIDA Agua y pocos humanos cerca ha sido una combinación perfecta para que la zona se desarrolle como un perfecto oasis natural. El paisaje es en apariencia monótono y sin mucha vida, pero con paciencia se va descubriendo un mundo fabuloso. Las formaciones de entre dos y tres kilómetros de ancho, que van desde el cabo San Antonio (al Norte) a la desembocadura de la laguna de Mar Chiquita (al Sur), son un valioso ecosistema, con una flora y fauna específica. Allí habitan animales y plantas autóctonas, por lo cual al regresar el jeep se aleja de la orilla donde la avifauna deja las crías y los huevos para no perjudicar el medio. En la reserva hay cientos de gaviotas, patos, chimangos, petreles y varios tipos de chorlos, aunque el ostrero común es la estrella. Esta especie emigra desde América del Norte y es la única ave que anida en la costa, y sólo puede ser observada en la reserva y en Canadá, donde existe un predio semejante. Otra de las especies de mayor interés científico y ecológico es la lagartija rojiza, que solamente tiene como hábitat natural el cordón dunícola bonaerense. Entre los mamíferos, es posible cruzarse con alguna liebre europea, culebras, vizcachas, coipos, carpinchos, ratones de los médanos y hasta algún zorro colorado. “Un regalo fantástico de este 2009 fueron las ballenas. Este año se observaron varias, y muy cerca de la costa”, cuenta Chala.

Hacia los caracoles Algunos apasionados de la búsqueda de caracoles pueden encontrar en los dominios de la reserva el famoso cementerio, pero ese paseo necesariamente implica otro día visita, ya que transitar las orillas hasta los lugares más apartados lleva algunas horas. Si bien toda la playa y las dunas están repletas de trozos de caracoles y de rocas marinas, es posible en horarios de bajamar (se dan dos al día: uno a la mañana y otro por la noche) y en días posteriores a una sudestada, encontrar restos de alguna especie rara. Para ello hay que caminar mucho y por supuesto tener suerte, pero el lugar es ideal porque no suele haber gente más que esporádicamente y en las excursiones. Así que si el océano ha traído algún caracol interesante, no habrá competidores. Examinando la costa con paciencia y recorriendo pequeños acantilados que se forman por la erosión y quedan a la vista al bajar el mar, pueden encontrarse conchas, cáscaras de mejillones y algunos cangrejos. Al compás de las olas que llegan y se van, quedan a la vista desde los clásicos caparazones blancos y rosas (los caracoles “comunes”) hasta los trompitos rayados y esos que parecen cáscaras de nueces, ambos con una concha más cónica y alargada. Algunos guardaparques aseguran que en las inmediaciones y no tan a la vista, han aparecido piezas de importancia, como mandíbulas de ballena y hasta huesos petrificados de dinosaurio.

DATOS UTILES

Para hacer las excursiones al faro hay que llegar hasta Villa Gesell y contratar el servicio en la ciudad. El precio ronda los $ 20 por persona.

Alquilar un vehículo cuesta $ 50 y se requiere ser mayor de 25 años y presentar DNI, registro de conducir y una tarjeta de crédito.

La excursión con Pedro Cuevas Jeep (02255-458604) dura de 3 horas a medio día o día completo, a convenir, y es apto para grandes y chicos. Incluye el guiado de caravanas y el tour de playas, un servicio técnico e instrucción de manejo sobre dunas.

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La inmensidad de la reserva, con el mar de fondo, desde la altura del Querandí.

La entrada al parque donde se emplaza el faro, primera edificación de la zona.

El caracol que forma la escalera del faro: 276 peldaños desde la base hasta el mirador.
Imagen: Pablo Donadio
 
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