turismo

Domingo, 4 de octubre de 2009

CORDOBA > CERVEZA EN VILLA GENERAL BELGRANO

Oktoberfest a la cordobesa

Este fin de semana comenzó en Villa General Belgrano, la aldea estilo alpino de las sierras cordobesas, la Fiesta Nacional de la Cerveza. Inspirada en el Oktoberfest de Munich, atrae a miles de personas con música tirolesa, gastronomía centroeuropea y naturalmente la rubia bebida espumante.

 Por Julián Varsavsky

Se cuenta que hace aproximadamente seis mil años un grupo de monjes paganos a orillas del Eufrates descubrió la cerveza de pura casualidad, al observar la fermentación de algunos cereales abandonados en la fértil región mesopotámica. Desde entonces, la cerveza recorrió un largo camino hasta hacerse popular en la Alemania decimonónica, cuando tuvo ocasión de alegrar con miles de litros la boda del príncipe Ludwig con la princesa Therese, el 12 de octubre de 1810. La fiesta fue tan comentada y popular que se repitió el octubre siguiente, ya sin matrimonio pero sí con carreras de caballos. Y así fue creciendo, hasta convocar actualmente a seis millones de personas cada año en Munich. El culto a la diosa espumante se desperdigó también por otros rincones del mundo y llegó hasta la lejana aldea estilo alpino de Villa General Belgrano, en las sierras de Córdoba, donde el Oktoberfest se celebra desde comienzos de los ’70.

Al llegar a la Villa, la primera impresión es que en algún rincón de los Alpes suizos una aldea desapareció del mapa por mágico sortilegio –incluyendo sus casas y su gente– para reaparecer en el Valle de Calamuchita. El estilo arquitectónico define el espíritu del pueblo, corporizado en casas con tejados rojos a dos aguas, paredes de piedra al desnudo y jardines llenos de flores. La madera barnizada es el elemento clave de la decoración y está presente en techos, balcones, ventanas y carteles con el nombre de las calles y los negocios.

LA GRAN FIESTA Un gran barril de cerveza en la plaza principal del pueblo da la bienvenida a los visitantes del Oktoberfest, que comenzó como cada año con el tradicional desfile callejero de las distintas colectividades de Villa General Belgrano. Encabezando la procesión va siempre el Monje Negro, representado por una mujer enfundada en una túnica con capucha negra: en las aldeas de Baviera en el siglo XVI era un monje verdadero, precisamente el encargado de preparar la cerveza. Muchos hombres suelen ir vestidos de tiroleses, con enteritos de pantalones cortos, tiradores y el vistoso sombrero de plumita lateral. Hay quienes desfilan con su perro salchicha o “salchichardo”, como llaman aquí a esa supuesta mezcla de salchicha con San Bernardo que es la mascota caricaturizada de la fiesta. Atrás vienen las carrozas cerveceras y comunidades como la española, con sus andaluzas de falda a lunares bailando al ritmo de las castañuelas. Luego desfilan la colonia holandesa, la comunidad rusa –enarbolando un estandarte con el escudo de San Petersburgo–, la suiza, la alemana, la austríaca y la italiana, cada cual con su indumentaria tradicional. Y entre ellas van las bandas de música tirolesa compuestas por trombón, trompeta, saxo, redoblante, clarinete y el infaltable acordeón.

EL PARQUE CERVECERO La fiesta principal continúa en un predio con escenario a cielo abierto, a la sombra de unos árboles. Allí hay centenares de mesas de madera rodeadas de puestos de venta de comida y stands de las principales marcas de cerveza, que parecen las casitas de un cuento de hadas con su correspondiente techo a dos aguas. En las parrillas se asan suculentas salchichas frankfurt que se acompañan con chucrut, y costeletas de cerdo. Y entre los postres están la torta Selva Negra (bizcochuelo de chocolate con crema y guindas) y el apfelstrudel, de manzanas con masa de hojaldre. Mientras tanto, sobre el escenario desfilan gaiteros escoceses, ballets de música de Irlanda y Ucrania, zapateadores bávaros e incontables grupos de música tirolesa.

En algún momento de la fiesta conviene acercarse hasta la fábrica de cerveza artesanal Viejo Munich, a dos cuadras del parque cervecero. Allí se puede ingresar de manera gratuita a los talleres donde se explica todo el proceso de elaboración, para descubrir por ejemplo que la diferencia entre la cerveza blanca y la negra es que la segunda se prepara con una malta tostada que le da sabor más dulzón. Como despedida, al visitante le ofrecen probar cerveza directamente de los tanques de almacenamiento.

A las cinco de la tarde suben al escenario del Oktoberfest los “espichadores oficiales” y el Monje Negro. El “espiche” consiste en abrir algunos huecos con un martillo en varios barriles de cerveza de manera simultánea: se insertan entonces las canillas, y el líquido sale a presión mientras todo el mundo se amontona frente al escenario con los vasos en alto, tratando de embocar algún chorro. Se dice que beber de esos barriles trae buena suerte, pero en los hechos lo único que consigue la mayoría es terminar bañado en cerveza y con los vasos vacíos.

El Oktoberfest de Munich

La Fiesta de la Cerveza de Munich es quizá el festival más grande del mundo. Seis millones de visitantes convergen a lo largo de 16 días en el predio original donde se inició la fiesta en 1810. Para la apertura se realiza un gran desfile de carrozas representantes de las principales marcas de cerveza, tiradas por caballos y decoradas con millares de flores. Alrededor de 7000 personas participan del desfile, vistiendo indumentarias tradicionales. Luego de doce salvas de cañón, el intendente de la ciudad destapa el primer barril y comienza la fiesta. A lo largo del día se realizan concursos de mozas para ver cuál puede llevar más vasos al mismo tiempo. La música no se detiene, y si bien los alemanes beben a morros tratan de mantener una recatada sobriedad (claro que no siempre lo logran). En cambio los extranjeros, que al fin y al cabo han venido para esto, pierden el control bebiendo a lo loco.

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Durante el Oktoberfest, en Villa General Belgrano la cerveza es pasión de multitudes.
 
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