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Domingo, 27 de diciembre de 2009

BRASIL > AñO NUEVO EN RíO DE JANEIRO

“Reveillon” en Copacabana

Los cariocas consideran al reveillon –la celebración del Año Nuevo– la fiesta callejera más grande del mundo. Y quizá no exageren, porque dos millones de personas se reúnen en la playa de Copacabana para disfrutar y bailar con shows de funky, rock y samba bajo el cielo iluminado por los fuegos artificiales.

 Por Julián Varsavsky

Cada 30 de diciembre la ciudad de Río de Janeiro parece lista como para la guerra. Unas 25.000 toneladas de explosivos flotan sobre 16 balsas frente a los 4 kilómetros de la playa de Copacabana; 3000 policías –muchos de ellos apostados en 17 torres de observación– están listos para entrar en acción junto con 450 bomberos, 200 rescatistas de defensa civil y escuadrones de médicos y enfermeros. Lo que esperan es un conteo regresivo vociferado a través de 34 torres de sonido que preanuncian una gran explosión y un cielo rojo de fuego.

Pero durante el 31 de diciembre reina en las abarrotadas playas cariocas un ambiente festivo con muchos partidos de fútbol y voley sobre la arena, hombres disfrazados de mujer y gente de todas las edades que se toma su último chop del año en los botequins frente a la playa. Están a la espera de una fiesta llamada reveillón (fiesta de fin de año) a la que asisten dos millones de personas que en la noche se juntan a escuchar música y bailar antes y después del conteo final de la media noche. Este año el show de fuegos artificiales durará 15 minutos exactos, acompañados por el fervor carioca más extremo, que se manifestará como siempre en besos, gritos y abrazos. Frente a la playa, adentro del mar, una flota de diez trasatlánticos llenos de turistas de todo el mundo mirarán el espectáculo cómodamente sentados en la cubierta.

LA FIESTA DE LOS MILLONES El reveillón carioca no es por cierto fruto de la improvisación. Hasta comienzos de los 80 era una fiesta de tipo religioso en la que participaban unos pocos miles, pero a partir de allí se masificó de una manera increíble. Muchos meses antes se hace una licitación pública, que este año ganó –con una factura de nueve millones y medio de dólares–, la empresa Five Currents Producoes Criativas, la misma que organizó la apertura y el cierre de los Juegos Panamericanos 2007. Los dos principales sponsors son Coca Cola y Bradesco, que pusieron casi dos mil millones de dólares cada uno. Además el municipio está invirtiendo casi siete millones de dólares. La idea es también celebrar la designación de Río como sede de los Juegos Olímpicos 2016.

En los días entre Navidad y Año Nuevo la vida cotidiana se trastoca en Río de Janeiro casi tanto como para Carnaval. Se rompen todas las rutinas y a los cariocas les encanta ese desorden y la excitación constante en que viven pensando y hablando todo el tiempo sobre el reveillón que está cerca. Pero todo se hace de manera muy planificada. Por ejemplo, 1533 ómnibus de 72 líneas ponen sus flotas completas en actividad y orientan los circuitos hacia las playas de Copacabana e Ipanema. Y el subte tiene horario extendido.

En Copacabana este año habrá cuatro grandes escenarios con pantallas de 12 metros, el principal de ellos ubicado frente al histórico Palace Hotel. Allí la fiesta comenzará temprano y en calma con la Orquesta Sinfónica Petrobras. Pero a las 20.05 subirán al escenario los roqueros de Paralamas do Sucesso con Carlinhos Brown como invitado. Y más tarde el rockero Lulu Santos animará la fiesta hasta 5 minutos antes del conteo después del cual todo estalla.

Pero rápidamente, a las 12.15 del primer día de 2010, seguirá la música con Beth Carvalho, luego la Escola de Samba Academicos de Salgueiro y finalmente un DJ animará la fiesta alternando funky carioca con música electrónica hasta la madrugada.

Un programa similar pero con otros artistas se repite en los otros tres escenarios de Copacabana con el objetivo de entretener nada menos que a dos millones de personas. Pero ahí cerquita, en la playa de Ipanema, se juntan 200.000 personas más. Y en un total de once barrios de la ciudad se organizan fiestas masivas con shows y fuegos artificiales, al igual que en San Pablo, donde en la Avenida Paulista se dan cita dos millones de personas. Y así en todo Brasil.

La gran fiesta carioca: Monumentales shows en un escenario monumental.

ARBOLITO FLOTANTE Los cariocas ostentan con indisimulado orgullo el arbolito de Navidad flotante “maior do mundo”. Para certificar que no es una típica exageración brasileña, los inspectores del libro Guinness de los Records encontraron una buena razón para acercarse a las playas cariocas y declararon al árbol como el pinito flotante “más alto del mundo”, que difícilmente tenga mucha competencia, ya que mide lo mismo que un edificio de 28 pisos: 85 metros. Esta verdadera estructura de ingeniería se levantó por primera vez en 1996 auspiciada por Bradesco, a un costo millonario. Está compuesto, por ejemplo, por 2,9 millones de bombitas eléctricas que están colocadas a lo largo de 52 kilómetros de cordones luminosos, a los que se suman 1600 bombitas estroboscópicas que producen un efecto de estrellas titilando.

A la fiesta de encendido de este arbolito de 520 toneladas asistieron nada menos que 200.000 personas. Y después, hasta el 6 de enero, desfilarán unas 80.000 personas por día para verlo flotando en medio de la laguna Rodrigo de Freitas.

SINCRETISMO DE FIN DE AÑO El reveillón también tiene su perfil religioso en Río, ligado a las ofrendas que se le hacen a Iemanjá, una diosa africana pasada por el sincretismo que tiene la forma de una virgen algo pulposa y es protectora de los mares y los navegantes. Se la celebra arrojando pétalos sobre la arena y ofrendas al mar.

En la Bahía de Guanabara se dan cita algunos de los 2000 centros umbanda que hay en Río para depositar ofrendas en medio de conmovedores rituales colectivos. Porque es justamente a fin de año cuando los orixás visitan la tierra y ayudan a sus fieles.

Casi todos quienes esperan el reveillón en Río de Janeiro sobre la playa se visten de blanco, al igual que los miembros de los grupos de candomblé, quienes al homenajear a Iemanjá durante el día tocan tambores y bailan en trance. Luego sueltan en el mar unas ofrendas flotantes sobre unos barquitos en miniatura donde despachan a los dioses frascos de perfume, espejitos, collares de cuentas y cantidad de flores.

La parte religiosa de la fiesta transcurre durante el día, focalizada en el mar. A la noche, las miradas se dirigen a lo alto, donde estallan las luces y están los artistas elevados en enormes escenarios. Y al día siguiente un ejército de varios miles de barrenderos invaden las calles de Río para borrar todo resto de la descomunal fiesta. En la playa se ven ofrendas a Iemanjá como botellas paradas con una flor adentro, y sobre la arena hay un gran tapiz de pétalos blancos y miles y miles de latitas de cerveza –la bebida principal de la fiesta–, al pie de las estructuras metálicas de los escenarios a medio desmontar. La basura cubre absolutamente todo, aunque en pocas horas todo volverá a su orden natural. Y si un extraterrestre aterrizara en las arenas de Copabacana creería que el día anterior hubo allí una batalla campal, en lugar de la autodenominada la “fiesta de fin de año más grande del mundo”.

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La bahía de Copacabana destella con el magnífico espectáculo de los fuegos artificiales.
 
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