turismo

Domingo, 5 de diciembre de 2010

FRANCIA. EN EL CORAZóN DE NORMANDíA

Recuerdos de Rouen

Rouen, la capital de la Alta Normandía, tiene uno de los centros históricos más pintorescos y heterogéneos de Francia. Aquí fue quemada en la hoguera Juana de Arco, pero la Rouen de hoy es conocida también por sus numerosos campanarios, su tradición artística y la buena mesa.

 Por Graciela Cutuli

A Rouen, como a París, el curso del Sena la divide en dos y señala sendas orillas de diferente carácter, la “rive gauche” y la “rive droite”. Pasado literario –con Emma Bovary a la cabeza– no le falta, y mucho menos artístico, empezando por la serie de Catedrales pintadas por Claude Monet. Por si fuera poco, en menos de una hora el tren rápido desde París permite llegar al mismísimo centro de la ciudad, tan grato y caminable que dan ganas de no irse nunca: es que hay una iglesia gótica por aquí, un bistrot tentador por allá, más lejos una callecita con maisons à colombages. Victor Hugo la llamó la “ciudad de los cien campanarios”, y aunque –Revolución mediante– los que quedan son unos cuantos menos, su riqueza arquitectónica no puede sino sorprender. El paseo ruanés, además, tiene la ventaja de ser a escala humana: no se trata de dejar la vida caminando, sino de disfrutar cada paso.

La Rue du Gros-Horloge, el monumento más emblemático de Rouen.

EL GRAN RELOJ El eje inicial es la Rue du Gros-Horloge, una peatonal que va desde la Place du Vieux-Marché hasta la catedral de Notre Dame, sobre la ribera derecha del río. La calle ostenta el honor de ser la peatonal más antigua de Francia –no hace tanto en realidad, 1971– pero su acta de nacimiento es muy anterior: varias de las casas à colombages se creen anteriores a la muerte de Juana de Arco, en 1431. Aquí siempre hay animación, por razones históricas pero también comerciales, sobre todo al pie del Gran Reloj que da nombre a la arteria: se trata de uno de los monumentos insignia de la ciudad, un reloj astronómico del siglo XVI colocado sobre un arco renacentista que atraviesa la calle de lado a lado. Sobre la Place du Vieux-Marché se encuentra uno de los sitios más visitados de Rouen: la iglesia de Santa Juana de Arco, un edificio moderno construido en 1979 junto al lugar donde fue quemada la joven heroína francesa en 1431. No es del todo seguro que la iglesia le haga justicia, con su rara forma de barco, pero sí despiertan admiración los preciosos vitrales recuperados del antiguo templo de Saint-Vincent, destruido en 1944. Afuera de la iglesia, en el lugar donde se prendió la hoguera se levanta una cruz, y a pocos pasos existe un museo íntegramente dedicado a Juana de Arco (que también tiene una interesante calle transversal a la peatonal del Gros-Horloge). Menos ilustres, muchos otros condenados a muerte marcharon al cadalso en esta misma plaza, hasta 1836.

NOTRE DAME En el otro extremo de la calle se encuentra la famosa catedral de Notre Dame. Famosa porque inspiró toda una serie de pinturas de Claude Monet a partir de 1890: son 28 versiones que la muestran bajo una luz diferente según el clima y la hora del día, desde distintos ángulos que pueden ser reproducidos con exactitud por el visitante de hoy (uno de ellos es la oficina de turismo local, que antiguamente era un negocio de ropa). A fines de los años ‘60, Roy Lichtenstein reinterpretó, en versión pop, la misma fachada que inmortalizó el pintor impresionista. Aunque con el tiempo sufrió algunas reformas, la catedral conserva una augusta imponencia gótica y, sobre todo, una característica poco frecuente en Francia: junto a ella se encuentran todavía el palacio arzobispal y otras construcciones medievales. Quien visite Rouen en verano tiene un atractivo adicional: es el encantador espectáculo nocturno Monet aux pixels, con proyecciones de imágenes sobre la fachada de la catedral.

La otra joya del arte religioso es la iglesia de Saint-Maclou, una obra maestra del gótico flamígero levantada a partir de 1437 y coronada por un campanario cuatro siglos posterior. Muy dañada durante la Segunda Guerra Mundial, conserva sin embargo su preciosa luminosidad interior y algunos de sus vitrales originales. El Atrio Saint-Maclou está muy cerca y tiene una curiosa historia, ya que en la época de la gran peste negra de 1348 tuvo que ser convertido en cementerio para recibir a las numerosas víctimas de la enfermedad. Otra peste, dos siglos más tarde, obligó a ampliarlo nuevamente con tres galerías más.

Vale recordar también que Rouen tiene una de las pocas obras de la arquitectura gótica civil del fin de la Edad Media francesa: es el Palacio de Justicia, construido en los últimos años del siglo XV como sede del Parlamento de Normandía. Aunque sufrió grandes destrucciones durante los bombardeos de la Segunda Guerra, buena parte fue restaurada y otras se conservan originales desde hace siglos.

Las típicas maisons à colombages en el centro histórico de la ciudad.

ARTE Y MUSEOS Su protagonismo en la pintura no podía sino dotar a Rouen con uno de los principales museos de Bellas Artes de la región. Sesenta salas componen su colección, en un edificio situado en el centro de la ciudad, con obras maestras que van desde los siglos XV al XX. Once son de Claude Monet, pero también están representados Degas, Fantin-Latour, Renoir, Pissarro y Sisley.

La ciudad tiene muchos otros museos, consagrados a la cerámica, las antigüedades e incluso el Gran Reloj, pero dos de ellos son los favoritos de los aficionados a la literatura que recorren Rouen: el Museo Flaubert y de la Historia de la Medicina, y el Museo Corneille. El primero funciona en uno de los pabellones del hospital donde nació Flaubert, ya que su padre era cirujano. Pero aunque conserva recuerdos de la familia del escritor está dedicado, en realidad, a la historia de la profesión de su padre y la reconstrucción de algunos sectores de un hospital del siglo XIX. El museo de Corneille también fue creado en la casa natal del dramaturgo, cerca de la Place du Vieux-Marché. Aquí escribió El Cid, y se puede visitar la habitación donde trabajaba y su biblioteca.

SABORES NORMANDOS Además del arte, la historia y la arquitectura, Rouen tiene un imán importante a la hora de sentarse a la mesa. Rodeada de una campiña que está entre las más bellas de Francia, los productos de la tierra son aquí objeto de un culto milenario. Leche y lácteos están primeros en la lista: sobre todo manteca y crema, ingredientes esenciales de la cocina francesa tradicional. En los verdes campos y colinas normandos se encuentra, por ejemplo, el pueblito de Camembert, cuyo queso dio la vuelta al mundo. También hay que probar el Livarot y el Pont l’Evêque, acompañados por un embutido de fuerte gusto llamado andouille: en los restaurantes y bistrots ruaneses cualquiera de ellos son fáciles de encontrar (hay que recordar, sin embargo, que en Francia la costumbre es servir los quesos después del plato principal y antes del postre). Y todo debe ir bien acompañado por sidra, ya que la región es la mayor productora de Francia. También son oriundos de Normandía el calvados, un aguardiente de manzana, y el pommeau, un aperitivo que mezcla calvados con jugo de manzana. La oferta de restaurantes es muy grande, pero se puede tener en cuenta al menos La Petite Auberge y Chez Colette, que ofrecen ambiente y cocina tradicional a precios accesiblesz

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Vista desde las colinas que rodean Rouen, postal de la campiña francesa.
Imagen: J. F. Lange, Oficina de Turismo de Rouen
 
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