turismo

Domingo, 20 de mayo de 2012

CORDOBA. PASEO POR EL BARRIO GüEMES

Sur, Cañada y después

La calle Belgrano de la capital cordobesa articula un polo cultural y gastronómico con galerías, bares temáticos en patios internos, tanguerías, artesanías, diseños de autor y salas de teatro. Antiguo arrabal bohemio, donde hoy las viejas casonas albergan el Paseo de las Artes y el Museo de Artesanías, aquí también surgió el primer barrio obrero cordobés.

 Por Cristian Walter Celis

El cencerro de las vacas se mezcla con las risas de los chicos que se acercan a don Rosario para que les llene los vasos de leche por cinco centavos, en medio de la calle. Esa imagen romántica de la Córdoba de fines del siglo XIX surge al leer los carteles del circuito autoguiado de Pueblo Nuevo (así se conocía al barrio Güemes), apenas se deja atrás la nueva fuente del bulevar San Juan y Vélez Sársfield y se recorren 100 metros del pasaje Garzón hasta la calle Belgrano.

Unas cuadras más adelante surge el olor del chipá recién horneado mientras pasa un trolebús, otro emblema de este barrio que, para muchos, es el “San Telmo cordobés”. Bastan ocho pasos para ir cruzando de vereda por la angosta calle Belgrano, mientras se recorren galerías, paseos, tiendas y bares. Hay desde objetos con influencias criollas hasta otros que sólo siguen las ocurrencias de su autor. Cada fin de semana, cerca de cinco mil personas deambulan por la zona. Son estudiantes del vecino barrio Nueva Córdoba, turistas, amigos y familias cordobesas que se disponen, con infinita paciencia, a peregrinar a paso de hormiga por la meca de los artesanos y los diseñadores locales.

TANGOS, TABA, RIÑAS A mediados del siglo XIX, la traza de la Córdoba colonial con sus 70 manzanas repletas de campanarios empezó a borronear sus límites del sur. Hacia 1860, la Cañada –por entonces sin la actual canalización de cemento– dividía al sector en dos partes. Más allá del arroyo estaba El Abrojal, tierra de guapos con pocas pulgas que odiaban a los “cajetillas del centro”. Un auténtico arrabal criollo de tangos, taba y riñas. Antes de cruzar la Cañada aparecía Pueblo Nuevo, donde árabes e italianos les daban vida a los almacenes de ramos generales como la Casa de Pepino (Fructuoso Rivera y Belgrano), hoy centro cultural. En 1925, los “barrios-pueblo” El Abrojal y Pueblo Nuevo se fusionaron en Güemes, según relatan los carteles a lo largo de la calle Belgrano, como si fuera una línea del tiempo.

ARTE OBRERO Es raro que algún cordobés no sepa guiar a los turistas hasta el Paseo de las Artes, pero en la Docta no todos saben que allí funcionó el primer barrio obrero. A fines del siglo XIX, Pueblo Nuevo y El Abrojal estaban llenos de rancheríos y casas humildes, hasta que en 1889 el intendente Revol logró levantar 60 casas para obreros, dando origen al primer barrio diseñado fuera del centro. Las construcciones compartían la manzana donde en 1862 había sido creada la Plaza de las Carretas para recibir a los carros con frutas, verduras y productos de las fincas y de las sierras.

En 1980 la zona fue convertida en el Paseo de las Artes, un complejo con salas para talleres, espacio para shows musicales y una gran plaza donde 200 artesanos exponen los fines de semana en el mismo lugar que ocupaba la Plaza de las Carretas. Aunque con algunos signos de abandono en sus paredes rosadas, el estilo arquitectónico del barrio obrero aún se aprecia al andar por la feria del Pasaje Revol.

El olor a pachuli y otros sahumerios, el sabor de los panes caseros rellenos, el praliné recién hecho y el sonido del bongó acompañan en el Paseo de las Artes, mientras se encienden las luces de los puestos dentro de un laberinto de colores, formas y aromas.

Desde hace un tiempo, el circuito se extendió abarcando cerca de 10 manzanas, entre bulevar San Juan y Pueyrredón, pero los visitantes se concentran en Belgrano y Achával Rodríguez, corazón del Paseo de las Artes. De esta manera, antiguas viviendas de la zona fueron recicladas como galerías, locales de diseñadores independientes, restós y anticuarios. En las paredes de las habitaciones, donde colgaban fotos familiares a principios del siglo XX, ahora hay estanterías repletas de artesanías. Un ejemplo es la vieja casona convertida en el paseo Caminito Cordobés (Achával Rodríguez 225).

TARDES DE MATE, NOCHES DE LOCRO En Güemes hay más de 10 galerías y paseos con tiendas, decenas de bares y restós, más cuadras y cuadras de ferias callejeras con ropa, muebles, arte, música, artesanías, plantas, alimentos, libros... A cada paso se respira el aire bohemio del barrio, donde trabaja medio millar de artesanos.

Cuando cae el sol, la gente deja de mirar los puestos y busca alguna mesa libre en los patios internos y galerías como Casa Tomada (Belgrano 763), Tiempo Atrás (Belgrano 867) o San Plácido (Achával Rodríguez 250). En las terrazas de las casonas recicladas funcionan bares como La Nieta ‘e la Pancha (Belgrano 783) y Alfonsina (Belgrano 763). “Recibimos generalmente a turistas alemanes, estadounidenses e italianos. La mayoría pide comidas criollas y todos quieren probar el mate. Esta es una zona ideal para conocer tradiciones, no sólo por la gastronomía sino también por la arquitectura, todo es muy rústico”, asegura Sergio Estil Heredia, encargado de Alfonsina.

En los alrededores se la pasa bien en Santa Lupita (Belgrano 891), un bar de copas con aires mexicanos, y en el distendido patio del Abrojal (Belgrano 873). En la galería Tiempo Atrás, las mesas de la Ramonita Moreno (Belgrano 867) se prestan para las charlas tranquilas, mientras que los amantes de la cocina de autor se acercan al restó Adentro (Belgrano casi Achával Rodríguez). Entre las farolas de la peña Los Infernales de Güemes (Belgrano 631), la zamba es la guarnición perfecta de un locro humeante.

Las cartas son generosas, pero la mayoría de los visitantes señalan los platos regionales. De noche, entre las cervezas y el clásico fernet, asoman empanadas de carne cortada a cuchillo, tamales, humitas, locro. En busca de gustos más particulares, el transeúnte se topa con Mil Grullas y una Taza de Té (Belgrano 893), una tienda de té gourmet con impronta cordobesa, que se destaca por sus blends, como la edición limitada Otoño (frutos rojos, naranja, limón, flores de hibiscus, pétalos de girasol y té orgánico).

LUNITA ARRABALERA La jornada resulta extensa para quienes no quieren dejar ningún rincón sin develar. Con la luna reflejada en la Cañada, también aparecen historias de fantasmas, gente del teatro independiente y otros con ganas de milonguear.

“El mito más importante hace referencia a una mujer bajita: la célebre Pelada de la Cañada, que para algunos fue real y para otros un fantasma que nacía del suelo y te decía tu nombre al oído. A muchos les lloraba, como “la llorona”, a otros les pedía dinero. Mi abuela se encontró con ella, vestía un manto negro y le descubrió su cabeza rapada. Su lugar de aparición era el Calicanto, muro que todavía se puede ver al costado de la Cañada”, cuenta Stella Navarro Cima, quien coordina caminatas guiadas sobre mitos y leyendas del patrimonio intangible cordobés.

En Fructuoso Rivera 541 abre La Cochera, creada por el director de teatro Paco Giménez en 1984 y referente del teatro independiente. En el Pasaje Escuti 915 asoma La Luna, otra sala donde la tonada local sube a escena. En Güemes hay de todo, pero lo que no puede faltar es el tango, que acompañó en sus orígenes a esta zona de la Docta. Algunos afirman que hasta Carlos Gardel disfrutó de su noche arrabalera. Hoy se escucha y se baila el 2x4 en El Arrabal (Belgrano 899) y Tsunami Tango (Laprida 453). Tal vez, estas tanguerías son el fundamento de quienes se animan a comparar al tradicional barrio cordobés con el porteño San Telmo.

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