turismo

Domingo, 2 de diciembre de 2012

ITALIA. UN PASEO CLáSICO POR VENECIA

La ciudad de piedra y agua

Cuna de grandes personalidades como Marco Polo, Casanova y Vivaldi, Venecia ha sido fuente inagotable de inspiración para todo género de artistas y es legendaria por su amplio patrimonio artístico. Un paseo recorriendo sus plazas, canales y palacios, siguiendo el fluir lento de las románticas góndolas.

 Por Mariana Lafont

Fotos de Mariana Lafont

Hay ciudades únicas en el planeta, completamente diferentes del resto y con un espíritu especial que hace que todo el mundo se enamore al instante. Venecia es sin duda una de ellas. Recibe millones de visitantes al año, desde 1987 la Unesco la considera “herencia cultural de la humanidad” y es sede de la célebre Bienal de Venecia. La capital del Véneto está en el nordeste de Italia, sobre 118 islas y 150 canales que emergen de una amplia laguna junto al mar Adriático. La ciudad de los canales es netamente peatonal y sus islas están unidas por 455 puentes, incluyendo las islas de Murano y Burano. Para llegar se cruza la laguna por el largo Puente de la Libertad –que tiene ferrocarril y autovía– hasta Piazzale Roma, puerta de entrada a Venecia. Desde allí parten los vaporetti, una suerte de autobuses flotantes muy utilizados por los propios venecianos. A partir de entonces hay que olvidarse del tránsito para internarse en una telaraña de vías navegables cuya arteria principal es el Gran Canal, por donde circulan multitud de embarcaciones y las tradicionales góndolas. En realidad, las góndolas sólo se usan turísticamente (y no son económicas) o en ceremonias. Y para los presupuestos más ajustados está la opción de los traghetti, góndolas más económicas que cruzan el Gran Canal por lugares donde no hay puentes.

El Gran Canal, de casi cuatro kilómetros, divide Venecia en dos y pese a su gran longitud sólo se puede cruzar a pie por cuatro puentes: el de Rialto, el de la Academia, el de los Descalzos (junto a la estación de tren Santa Lucía) y el de la Constitución, el más moderno, que comunica Piazzale Roma con Santa Lucía. Quien viaje en vaporetto recorrerá el Canalazzo –como llaman los residentes al Canal Grande– alternando paradas en ambas orillas y con una agradable vista de bellos edificios y palacios sobre ambas márgenes. La mejor línea para recorrerlo es la 1, ya que permite ver palacios como el Ca’ d’Oro y el Ca’ Rezzonico, la Galería de la Academia, la iglesia Santa Maria della Salute y el mítico puente de Rialto.

Desde su fundación la ciudad ha sufrido los efectos de inundaciones periódicas. Hoy se ve amenazada por repetidas crecidas de primavera y otoño, que inundan toda la plaza San Marcos, donde las autoridades deben colocar pasarelas para los peatones. Aunque, a pesar de todo, la plaza llena de agua también una postal digna de ver.

Tan románticas como indica el mito, las góndolas surcan las aguas silenciosamente.

LA SERENISIMA Hasta su fundación en el año 421, Venecia tenía unos pocos habitantes que vivían de la pesca y la extracción de sal. Luego algunos pobladores del Véneto, expulsados por ostrogodos y lombardos, se refugiaron aquí y crearon la ciudad que, gracias a su especial ubicación, estuvo protegida de asedios y conquistadores.

Durante siglos primero estuvo bajo la protección del Imperio Bizantino, hasta que las familias ricas eligieron el primer dux (dogo o máximo dirigente): sin embargo, también mantuvieron una relación fructífera con Bizancio, gozando de numerosos privilegios en el comercio de sedas y especias. La época dorada llegó en 1204 con la Cuarta Cruzada y la toma de Constantinopla. El imperio se repartió entre cruzados y venecianos, que tomaron barrios comerciales de Siria, Palestina, Creta y Chipre y se expandieron hasta el Atlántico. Tal era el poder económico que en 1284 acuñaron el ducado, moneda de oro que por tres siglos fue patrón monetario del mundo. Hacia el siglo XV Venecia era la mayor ciudad portuaria del globo, con más de 200.000 habitantes y un esplendor reflejado en sus lujosos palacios. Gracias a la riqueza de sus poderosos mecenas, Venecia mantuvo un prolongado patrocinio sobre grandes artistas entre los siglos XV y XVIII. Así surgió la Escuela Veneciana, caracterizada por su colorido, calidez y riqueza, que luego influyó en maestros como Rubens y Velázquez.

La decadencia de La Serenísima comenzó con la caída de Constantinopla en manos de los turcos en 1453: pocos años después, el descubrimiento de América también desplazaría las corrientes comerciales. Venecia abandonó Chipre, Creta y sus posesiones en el Egeo; luego hubo una peste en 1630, que acabó con un tercio de la población. Y cuando Napoleón quiso aliarse con Venecia, la orgullosa república se negó y fue derrotada en 1797: así llegaron a su fin trece siglos de independencia. Entre idas y vueltas, entre el dominio francés y el austríaco, se fue gestando un sentimiento nacionalista italiano que culminó en la anexión de Venecia a Italia en 1866.

La plaza San Marcos, para Napoleón “el salón más bello de Europa”.

DE SESTIERE EN SESTIERE Desde sus orígenes, Venecia se dividió en seis distritos o sestieri, con un particular sistema de numeración que, sumado a la gran cantidad y el trazado sinuoso de calles, canales, callejones, callejuelas y patios, desorienta a más de un visitante. Sin embargo, a la vez resulta divertido y atractivo perderse en Venecia. El consejo es fluir y dejar que los pasos se pierdan en medio del encanto de la mágica ciudad flotante. Afortunadamente las vías y puentes tienen carteles indicando la dirección hacia los atractivos más importantes.

San Marcos es el barrio más antiguo y lleva el nombre del patrono de la ciudad. Pese a ser muy pequeño, es el corazón de Venecia, el lugar donde está la mayoría de los atractivos (y por ello mismo es muy turístico, por momentos agobiante). Lo mejor es pasar al menos una noche en Venecia para gozar de la calma de la ciudad a partir del atardecer, cuando ya se han ido los tours que llevan visitantes sólo por el día.

La vida en este distrito gira en torno de la extensa plaza San Marcos, llena de palomas y centro de la vida pública y religiosa de la ciudad desde siempre. La piazza data del siglo IX y es tan linda que Napoleón la calificó como “el salón más bello de Europa”. En invierno la constante neblina le da un toque misterioso, en tanto en verano la noche se anima y pasear por sus cafés con música en vivo no tiene precio. Infaltable: tomar un ristretto o un spritz en el emblemático Café Florian, de 1720, y uno de los más antiguos de Italia. Los puntos imperdibles de la plaza son la Basílica, el Campanil, la Torre del Reloj, el Palacio Ducal y el Puente de los Suspiros. A unos pasos está el Museo Correr, con pinturas, esculturas y mobiliarios que narran la historia de la ciudad.

La Basílica de San Marcos, gema de la arquitectura bizantina en Occidente, es el templo religioso más importante de Venecia. Fue levantada en 828 para albergar el cuerpo del patrono de la ciudad, el evangelista Marcos, pero la construcción actual es del siglo XI y ha sufrido modificaciones con el tiempo. El templo, de planta de cruz latina y cinco cúpulas, tiene más de 4000 metros cuadrados de mosaicos dorados, algunos del siglo XIII, y 500 columnas del siglo III. La entrada es gratuita, pero hay que pagar para ver el museo y el tesoro. El campanario (y antiguo faro) de la basílica mide 98,5 metros: es el edificio más alto de la ciudad y ofrece grandes panorámicas.

El Palacio Ducal primero fue un castillo fortificado del siglo IX pero luego fue usado como fortaleza y prisión. Desde aquí 120 dogos dirigieron el destino de Venecia por casi mil años. Su arquitectura combina elementos bizantinos, góticos y renacentistas; adentro hay pinturas y esculturas de Tiziano, Veronés y Tintoretto, incluyendo El Paraíso, el mayor lienzo del mundo. La visita termina en la prisión de donde huyó Casanova y con el cruce del Puente de los Suspiros. Su nombre suena muy romántico: sin embargo, se debe al camino que seguían los condenados a muerte, quienes desde sus ventanas veían por última vez la laguna y emitían su postrer suspiro.

Muy cerca del palacio está la Torre del Reloj, con el reloj de San Marcos o de “los moros”, por dos figuras en bronce oscurecido que tocan la campana cada hora. Fue construida entre 1496 y 1499 como nueva muestra de la riqueza de Venecia. Junto a la entrada de la plaza, en el Gran Canal, se destacan dos columnas de granito: la de San Marcos y San Teodoro (primer patrono de Venecia), traídas de Constantinopla y erigidas en el lugar donde se llevaban a cabo las ejecuciones públicas. Finalmente, desde San Marcos se puede ver enfrente la Basílica de San Jorge Mayor –una de las iglesias más fotografiadas de Venecia– y su campanil, ubicados en la isla de San Jorge.

San Polo, uno de los distritos más animados gracias a sus tiendas y mercados.

SAN POLO Y EL RIALTO El distrito de San Polo está en el centro de Venecia, en torno del emblemático Puente de Rialto. Fue el lugar de asentamiento de los primeros habitantes de la ciudad y aquí también se estableció el mercado central. Hoy en día San Polo sigue siendo uno de los barrios más animados, con sus tiendas y mercados, además de albergar bellas iglesias y llamativos palacios. De paso por San Polo las visitas obligadas son la Basílica de Santa María Gloriosa dei Frari, la Escuela Grande de San Rocco y el majestuoso puente de Rialto. La Escuela Grande de San Rocco sería para Venecia lo que la Capilla Sixtina es para Roma: Tintoretto decoró sus paredes y techos durante 24 años. El Rialto, uno de los iconos arquitectónicos venecianos más visitados, fue durante años el único puente que cruzaba el Gran Canal. Si bien había un puente sencillo, en 1250 el Mercado de Rialto era muy importante y el tráfico fluvial numeroso, de modo que hubo que mejorarlo. Se hizo uno de madera y se lo bautizó como el mercado, pero se derrumbó por el peso de una multitud que asistía a un desfile náutico. Se decidió entonces reconstruirlo en piedra: hubo varios proyectos y ganó Antonio da Ponte, con su diseño de un único arco que se levantó entre 1588 y 1591. Hoy el Mercado de Rialto (abierto de mañana) es un lugar súper colorido, lleno de frutas y verduras.

El siguiente sestiere, que incluye la isla de Giudecca, es Dorsoduro, barrio muy animado por su vida universitaria y muy visitado por los amantes de la pintura, ya que aquí están dos de las más importantes galerías de arte de Venecia: la Academia y la Colección Peggy Guggenheim. La primera contiene la mayor colección de arte veneciano y es una de las pinacotecas más importantes del mundo, con obras de Veronés, Canaletto, Tintoretto, Tiziano y Bellini. Además Dorsoduro alberga uno de los edificios religiosos más importantes, la Iglesia de Santa Maria della Salute, con su cúpula inconfundible e infaltable en toda postal veneciana. La basílica fue levantada para celebrar el fin de la peste que diezmó la población del Véneto en 1630. Y deambulando un poco se llega al campo Santa Margherita, una plaza muy animada con varios lugares recomendables para comer una rica pizza a buen precio.

Al norte de Venecia, por encima del Gran Canal, se halla Cannaregio, el distrito más poblado, donde vivieron personajes como Marco Polo, Tiziano y Tintoretto. Aquí se destaca el antiguo ghetto judío, con sus sinagogas y su atmósfera melancólica. Junto a Cannaregio se encuentra Castello, el distrito más grande de Venecia, que abarca una gran variedad de zonas: desde la más turística cerca del Palacio Ducal, hasta la más humilde en el astillero. Aquí vale la pena conocer la Basílica de San Juan y San Pablo, la iglesia más grande de Venecia, donde descansan los restos de 27 dogos. Por último, Santa Croce es uno de los distritos menos turísticos de Venecia: más pobre artísticamente hablando, su parte oriental es la única en la que se permite el tránsito de autos. Y si aún queda tiempo, se pueden recorrer las islas más interesantes, como Burano (buen lugar para probar los spag hetti alle vongole) y Murano, famosa por sus fábricas de cristal. ¿Queda alguna duda? Venecia invita a volver una y mil veces.

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El Rialto, uno de los emblemas venecianos, fue por años el único puente que cruzaba el Gran Canal.
 
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