turismo

Domingo, 10 de agosto de 2003

NEUQUEN AVENTURAS EN 4X4 POR EL PAISAJE DE ALUMINé

Rodando en la nieve

Una excursión en camioneta 4x4 por los alrededores de Aluminé, entre volcanes cubiertos de nieve y bosques milenarios de araucarias. Un verdadero paseo de aventuras por donde no hay caminos, sorteando complicados arroyos y empinadas subidas sobre un resbaloso suelo nevado.

Por Julián Varsavsky

Aluminé es todavía un típico poblado patagónico de la cordillera, con todas sus calles de tierra y una tranquilidad pueblerina que ya no se encuentra en otros destinos turísticos de la región. Por el contrario, en este pueblo del centro-oeste de Neuquén con 5000 habitantes, las actividades económicas principales son la ganadería ovina y bovina, la explotación forestal y, recién en tercer lugar, el turismo. Pero al mismo tiempo Aluminé dispone de una eficiente gama de servicios, logrando una equilibrada combinación entre naturaleza virgen y confort para el viajero.
Ubicado entre la cordillera de los Andes y la margen oeste del río Aluminé, el pueblo sirve como cabecera para visitar el Corredor de los Lagos Patagónicos y también el Parque Nacional Lanín. En sus alrededores hay una infinidad de circuitos y paisajes cuya belleza se puede abordar de distintas maneras según la época del año. En invierno, la mejor forma es con una camioneta 4x4 que nos proteja del clima y que pueda abrirse paso con facilidad entre la nieve.

A la aventura Hugo Natalini, un poblador de Aluminé, es fanático de las travesías en 4x4. Más por placer que por trabajo, se dedica a organizar y guiar travesías y excursiones turísticas por la montaña. Los circuitos en camioneta –algunos interconectados entre sí– son incontables y se determinan el mismo día de la excursión según las condiciones climáticas y los gustos del cliente. Turismo/12 participó de una excursión en los alrededores de Aluminé, hasta la laguna Corazón, con gente de la zona y una familia de uruguayos que todos los años viene a Aluminé en su poderosa Defender, exclusivamente para “despuntar el vicio” de aventurarse a campo traviesa por los hermosos paisajes neuquinos, allí donde no hay caminos.
Partimos desde el pueblo con rumbo noroeste –en dirección a Villa Pehuenia– bordeando el caudaloso río Aluminé, donde se realiza el Campeonato Nacional de Rafting. A cada orilla una hilera de araucarias se repite tronco a tronco hasta donde alcanza la vista. A los 20 minutos de viaje abandonamos la Ruta Provincial 23 –de ripio– para tomar un angosto camino hacia el Paso del Arco. Los caminos están en buen estado, pero no hay señalización y el tránsito es casi nulo. Sin la compañía de un guía sería imposible llegar a algún lugar sin perderse.
El día está límpido y radiante, y tampoco ha nevado, así que no hará falta colocarle cadenas a las ruedas para andar sobre la nieve. Los caminos se van bifurcando y cada uno parece conducir a un paisaje más hermoso que el anterior a través de suaves lomadas y largas subidas.
En el Reino de las Araucarias La profusión de araucarias es cada vez más espesa, conformando verdaderos bosques de estos extraños árboles milenarios de largo tronco que se ramifica recién en la parte superior -conformando una especie de parasol–, y que vistos a la distancia semejan a esos bosques de hongos gigantes que encontró Otto Lidembrock, el personaje de Julio Verne, en su Viaje al Centro de la Tierra.
A medida que subimos los manchones de nieve se suceden constantemente, hasta que llegado cierto punto cubren casi la totalidad del terreno. Aquí comienza realmente la aventura. La pericia del conductor se vuelve fundamental por tener que conducir en subidas muy pronunciadas sobre un manto de nieve. El peligro mayor es quedarse atascado, y para evitarlo hay que aprovechar los llanos para tomar velocidad y encarar la subida con impulso. Si antes de llegar la camioneta comienza a perder fuerza, habrá que resignarse a sacar el pie del acelerador y dejar que la camioneta baje sola en marcha atrás, desandando el mismo camino (de lo contrario las ruedas se hundirán indefectiblemente en la nieve). Y entonces, vuelta a empezar.
El próximo escollo a sortear es un simple arroyito cuyo hilo de agua ha formado un resbaloso escalón de tierra de 30 centímetros de alto. Pero ya sea con destreza al volante o con ingenio casi nada es obstáculo para estos extraños aventureros de las 4x4: aunque una de las camionetas seatasca, el problema se resuelve con la primitiva técnica de alisar con una pala el terreno. Mientras los grandes se ocupan de allanar el camino, los chicos se divierten tirándose en culo-patín con las alfombras de goma de una de las 4x4.
Ahora nos dedicamos a subir y bajar montañas siguiendo por donde más nos guste, siempre sobre la nieve. El GPS de la camioneta marca 1600 metros sobre el nivel del mar. Estamos a tres kilómetros en línea recta del límite con Chile. En cierto lugar aparecen unas precarias casitas de madera, sin puerta, que durante el verano sirven de refugio para los pastores que llegan desde lejos con manadas de chivos.

Una laguna congelada Finalmente llegamos al punto más hermoso de este viaje: la laguna Corazón. Se trata de un pequeño lago totalmente rodeado por suaves lomadas en cuya cima se erigen centenares de araucarias. Además de la belleza extrema del paraje, resulta muy singular el hecho de que la laguna esté congelada. Los más valientes se atreven a caminar un poco sobre el hielo, bien cerca de la orilla. Los chicos se divierten tirando sobre la laguna trozos de hielo que la cruzan de lado a lado resbalando con asombrosa facilidad. Y los grandes también se divierten como los chicos, con sus “juguetes de grandes”, sus 4x4. Uno de ellos se lanza sobre la laguna y el hielo se parte por el peso de la camioneta, pero por fortuna las aguas apenas alcanzan a cubrir las ruedas. El vehículo avanza como si nada, como un barco rompehielos, y a cada costado se forma una especie de pequeña ola que va fragmentando el hielo en cámara lenta, y produce sucesivos “cracs” que retumban en todo el paraje. La laguna sigue cubierta de hielo, pero ahora totalmente fragmentada en bloques de un metro que forman un damero incoloro en toda la superficie.
Junto a la laguna Corazón disfrutamos del almuerzo y emprendemos el regreso antes de que el frío avance. Al querer sortear un arroyo por la parte más difícil, una 4x4 se atasca irremediablemente en el barro. No queda otro recurso que usar el malacate, una especie de grúa con un motor independiente que la camioneta lleva sobre el paragolpes delantero. Con una soga de acero que se ata a otra camioneta, la 4x4 sale del pozo sin mayor esfuerzo. Así termina esta aventura que combina paisajes espectaculares, destreza al volante y una gran cuota de contenido lúdico mediante el cual –de alguna manera– los grandes siguen jugando a los autitos.

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Los bosques de araucarias distinguen los increíbles paisajes de esta región neuquina.
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