turismo

Domingo, 7 de julio de 2013

PATAGONIA. TEMPORADA INVERNAL

Blanca travesía austral

Desde Bariloche hasta Junín de los Andes, una crónica a pura nieve y naturaleza agreste para descubrir la Patagonia a caballo, en barco, manejando un cuatriciclo y en un trineo tirado por perros. Además, todas las novedades de la temporada invernal en los cerros sureños.

 Por Paula Mom

Fotos de Paula Mom

La ventanilla del avión ya anticipa el manto blanco que cubre el cordón montañoso de la Patagonia. Y yo quiero saltar del asiento. Me gana la ansiedad.

Punto de partida: San Carlos de Bariloche, que ahora se viste de fiesta para recibir al invierno. Los lugareños y turistas curiosos se reúnen en el Centro Cívico, donde se ubicó un escenario con vistas al Nahuel Huapi. En tres días de celebraciones, Bariloche divierte con su tradicional carrera de los mozos, la presentación de una serie de bandas, la elección de la Reina de la Nieve y un simpático concurso de hacheros que premia al que primero logre partir un tronco en dos.

Mientras tanto, la céntrica calle Mitre seduce con sus pintorescas casas de té y su emblemática gastronomía. Casi sin discrepancias, los locales aseguran que en La Marmite –Mitre al 300– se degustan las mejores fondues de la ciudad, y que son imperdibles los ahumados de Familia Weiss. Habrá que comprobarlo. Por la rambla, familias y parejas caminan algo hipnotizadas por ese lago azul profundo con su fondo de cerros nevados. Suenan voces en portugués, inglés, holandés, acentos caribeños y chilenos. ¿Bariloche más cosmopolita?

Con sed de experiencias nuevas, cae la noche y nos adentrarnos en un bar hecho enteramente de hielo, desde la barra, las sillas y las mesas, hasta los vasos (advertencia: son altamente resbaladizos). A dos grados bajo cero, ahora se puede disfrutar –o padecer– en Bariloche un trago entre amigos, como si se estuviera en un iglú antártico. El emprendimiento se llama Ice Bar, valga la redundancia, y fue una idea importada de Noruega que se suma a otros dos que ya existen en el país (Calafate y Puerto Iguazú).

El Nahuel Huapi pone un espléndido escenario, al fondo del Cerro Bayo, para bajar esquiando.

TODO EN NIEVE A diez kilómetros del centro de la ciudad, el Cerro Catedral espera a los viajeros con sus paisajes de postal a 2100 metros sobre el nivel del mar. La mitad del cerro está invadida por pendientes y bosques donde la nieve virgen tienta a los esquiadores experimentados. La otra mitad cuenta con 600 hectáreas de pistas de esquí y caminos, además de 42 medios de elevación. Entre las novedades, hubo una ampliación de la superficie esquiable en las zonas de principiantes e intermedia y se instalaron más anclajes para que los pisapistas puedan llegar a pendientes de difícil acceso. Además, se construyó un paravientos de 150 metros y se invirtió en un sistema de pases digitales. Hay, también, un terrain park para saltar con nuevos obstáculos.

Aunque no todo es esquí en el cerro, y en invierno la diversión es para toda la familia: desde trineos y snow tubing –deslizamiento en la nieve sobre inflables de colores– hasta caminatas con raquetas, esquí de fondo y bicicletas de nieve. Para alojarse, la base del Catedral tiene ya casi 7000 plazas para dormir y todos los servicios.

Villa La Angostura conserva un aire de pueblo de madera, bajo la íntima sombra del bosque.

VILLA LA ANGOSTURA Son las ocho de la mañana y la noche todavía se apodera del cerro. Hay luna llena y en el cielo se ven pintadas millones de estrellas. Una ducha caliente; el cielo se tiñe ahora de rosas y violetas, y la luna no se lo quiere perder. Amanecemos en una pintoresca hostería a orillas del río Bonito en Puerto Manzano, a menos de siete kilómetros del centro de Villa La Angostura. Este es uno de los tantos hospedajes boutique apartados del centro y sumergidos en la pura naturaleza. Pensando en la insignificancia del hombre en este paisaje majestuoso, me preparo para vivir este lugar que me enamoró a primera vista.

Villa La Angostura dista de Bariloche unos 80 kilómetros. Pero aquí la historia es otra. Hay alma de pueblo y un poco campestre. Está rodeada de bosques, lagos, montañas, aroma a madera, a pino, a tierra mojada. Los residentes no se aglomeran, sino que buscan su rincón y sus vistas al verde, al azul, al blanco nieve. Los alojamientos turísticos también. Hay más de 150 hostels, hosterías, hoteles y campings, muchos de ellos con menos de 14 habitaciones. “La gran mayoría de los hoteles y restaurantes son atendidos por sus propios dueños, y eso le da una calidez muy grande al destino. La Angostura es la no masificación de los servicios”, asegura Pablo Bruni, subsecretario de Turismo.

Según National Geographic, este lugar es el que regala una de las cinco vistas más lindas de todo el mundo. El spot está en el Cerro Bayo, y lo cierto es que es una Patagonia llena de colores, que transitan de los verdes y marrones del verano al blanco absoluto invernal, para retomar otra explosión de matices en la primavera. No por nada se la apoda el Jardín de la Patagonia. “Para mí es el lugar donde querrías criar a tus hijos, donde todo el año estás esperando los colores de la próxima estación. Es vivir cuatro lugares en un mismo lugar”, opina Bruni.

A nueve kilómetros del centro, el Cerro Bayo también estrena novedades. Hay una nueva telecabina séxtuple que llega ahora a los 1805 metros sobre el nivel del mar y duplica así la superficie esquiable. Además se modernizaron los refugios y las máquinas pisanieves. Los medios suman ya 16 y las pistas, 26. Favorito de las familias, Cerro Bayo tiene para los más chicos un jardín de nieve con inflables y juegos, una guardería y una patrulla de la ternura que los ayuda y los anima ante cualquier inconveniente. Y en plena temporada, es amplio el abanico de eventos para entretener, con cam-peonatos deportivos en la nieve, cenas bajo la luna llena en el cerro y “chefs en altura” que llegan de todo el país para cocinar en la montaña.

A caballo por los paisajes patagónicos: otra alternativa vigente para el invierno.

AVENTURA Después de unas sabrosas truchas autóctonas hechas a la manteca, el catamarán anuncia su partida desde el puerto. Estamos a 754 metros sobre el nivel del mar, navegando el Nahuel Huapi y esquivando los exuberantes islotes; algunos bien vírgenes y otros habitados, como la isla Victoria o la casa de vacaciones de la reina holandesa. Zigzagueamos los tres cerros de Villa La Angostura –Inacayal, Belvedere y Bayo– y en menos de una hora pisamos tierra firme en el Bosque de Arrayanes de la península de Quetrihué.

Me deslumbra la densidad, el caos de las ramas al crecer, los gritos del bosque y la altura de los arrayanes, con ejemplares que alcanzan los 15 metros y 650 años. El frío desanima un poco a los caminantes, pero casi por arte de magia –o brillante estrategia turística– una casita de té en el bosque tiene chocolate caliente y tortas para todos.

El desembarco es sólo una parada. Desde allí parte una camioneta que nos deja en La Piedra, un parque de aventura que ofrece actividades como tirolesa, escalada y cuatriciclos. Me arriesgo por la última opción, aunque subestimé la facilidad de maniobrar el fourtrack, como lo llaman aquí. Los guías me animan a seguir entre el barro y los senderos ahogados por la población de árboles. Pseudovictoriosa, terminé el recorrido. Me bajo con una sonrisa, y prometo entrenar el manejo y volver por mi revancha.

Por suerte terminó la adrenalina, y charlo ahora con Natalia, la dueña y maestra cervecera de Bauhaus, uno de los pocos bares de la región que fabrican in situ la cerveza artesanal. “Siguiendo la escuela Bauhaus, busco priorizar lo que está hecho con mis propias manos. Hago tres tipos de cervezas: Barley Ale, Stout y Golden Ale, que tienen más cuerpo que las Lager y no se toman tan frías, para poder apreciar todo el sabor y el aroma”, explica Natalia. Y así, estas cervezas artesanales coronan una estadía de descanso en Villa La Angostura, donde la naturaleza es indómita, la gente es amable y la virginidad ecológica invita a quedarse.

LOS SIETE LAGOS Todavía es de noche, pero quiero que el amanecer me deslumbre en el primer lago. Vamos camino a San Martín de los Andes por este mítico tramo de la Ruta 40 que descubro por primera vez, y que ahora está casi todo asfaltado. Son 107 kilómetros por un camino sinuoso, helado, escarchado, que por la ventanilla dibuja bosques, animales, laderas recién nevadas, más bosques y cielos en degradé que siguen mutando hasta el mediodía.

Cercamos el lago Espejo, mientras el sol y la luna disputan su estadía. Pasamos por el Correntoso (que de correntoso no tiene nada, y con sus 300 metros de longitud se gana el título del más corto del mundo), y luego por el Escondido y el Villarino. Cerca del mediodía nos detenemos en el lago Falkner, sorprendidos por las vacas, que en fila caminan bordeando la ruta. Es aquí donde, en verano, los mochileros copan las playitas para acampar, protegidos por las laderas cortavientos. El nombre del lago es el de un jesuita inglés, Thomas Falkner, que en el siglo XVIII tuvo mucho contacto con las tribus nativas de la región.

Llegamos al Machónico. El agua se volvió azul intenso y el verde de la flora lo rodea como protegiendo su encanto. El séptimo es el Lácar, que forma parte de la cuenca alta del chileno río Valvidia y que nos da la bienvenida a la próxima posta.

SAN MARTIN DE LOS ANDES Dos aeropuertos cercanos (uno en Chapelco, a 22 kilómetros del centro y otro en Bariloche), una consolidada oferta gastronómica y hotelera y un paisaje de montaña paradisíaco convierten a esta localidad en la más turística de todo Neuquén. Sin embargo, es uno de los pocos destinos que pese a su fama han sabido conservar su encanto, su arquitectura andina, la calidez hacia el desconocido y la cortesía al peatón, que hace innecesarios los semáforos.

Entramos al predio de la comunidad mapuche de los Vera. En un pequeño establo, mientras ensillan los caballos, nos recibe Víctor Vera, uno de los once primos que habitan estas 1000 hectáreas de pendientes, arroyos, bosques y animales de caza. Lleva puesta una boina negra, tiene la piel algo curtida y ojos verdosos un poco cansados. Cuenta que su abuelo era soldado, que llegó con Roca y que aquí se quedó, cautivado por el amor de Quintuman, su abuela mapuche.

Cuenta también que cría caballos, que organiza cazas cada marzo –cuando los ciervos y jabalíes están en celo– y que guía cabalgatas todo el año. Sonríe. Le da gusto charlar. Nos anima a conectarnos con el caballo, a manejarlo en las pendientes, a llamarlo por su nombre. El mío se llama Chirola. Tiene un paso firme, inquieto, curioso. Entre descampados verdes y bosques perdidos, subimos hasta el cerro Trabunco, donde los caballos ya pisan la nieve, y desde el mirador natural se ve el cerro Chapelco, los que limitan con Chile y la ciudad de San Martín. Cuesta abajo, sube un poco la adrenalina y los aprendices copian a Víctor la postura del cuerpo que adopta arriba del caballo.

CERRO CHAPELCO En la ruta de nuevo, por un camino de añosas montañas, bordeamos el lago Lácar, y a unos 20 kilómetros llegamos a Chapelco. Allí nos esperan 30 huskies para pasear en trineo. Se alistan los criadores, los perros huelen el paseo y los invade la excitación. Ladran a coro y anuncian la partida.

Zigzagueando en un bosque de lengas, el trineo acumula velocidad, salta algunos bumps y es mejor mantenerse agarrado acompañando el movimiento.

La idea es recrear el transporte milenario de los pueblos nórdicos y que sea una experiencia para disfrutar a cualquier edad. En el país, la actividad se realiza solamente en otros dos centros de esquí (Caviahue y Ushuaia).

Fuera del bosque, los esquiadores estrenan las primeras pistas esta temporada. Las primicias del cerro revelan aplicaciones para tablets que informan, en tiempo real, cómo está la nieve y qué medios están abiertos. También se invirtió en máquinas pisapistas y cañones. Hay jardines de nieve, programas y carreras especiales para adolescentes y Back Bowls (excursiones fuera de pista para los expertos, del otro lado de la cumbre). Los medios son doce y una telecabina séxtuple. Y para quienes no esquíen también hay travesías en moto de nieve y raquetas.

El peculiar Via Christi de Junín de los Andes, donde se conjugan conquista e historia bíblica.

JUNIN DE LOS ANDES Llegar al final del recorrido es encontrarme con otra Patagonia, con un fondo de tonos marrones y rojizos en los cerros que se funden con algunas calles de tierra y los homogéneos colores de las casas y tiendas. El centro está en la ruta que corta la ciudad en dos. No está rodeada por lagos, pero sí enclavada a la derecha del río Chimehuin. Unos 40 kilómetros la separan de San Martín.

De Junín me llevo un paisaje diferente, pero también la amabilidad y el ritmo pausado de los habitantes, menos acostumbrados a recibir turistas en masa. Además de las excursiones al volcán Lanín, el lago Huechulafquen y la pesca –pues es ésta la capital nacional de la trucha– Junín tiene una propuesta cultural para los viajeros que la visitan. Más allá de la religión adoptada, vale la pena recorrer el Parque Via Christi, un proyecto comunitario que fusiona el Evangelio con elementos y símbolos mapuches y otros de la Campaña del Desierto y la dictadura, asociados a la persecución y crucifixión de Cristo. Las esculturas son enormes piezas hechas de hormigón, en las que Jesús tiene ocho rostros, pertenecientes a distintos hombres de las comunidades de Junín.

La obra lleva la firma de Alejandro Santana, pero fue un proyecto que integró a los salesianos, a los mapuches y a los vecinos de Junín. Entre otros detalles, resalta la deliberada interpretación del Evangelio que asocia a la tentación y al diablo con las figuras de Hitler, Stalin, Bush y el cura Christian von Wernich. “Quisimos traer el Evangelio a nuestra realidad, porque acá en la Patagonia tenemos una historia de una Iglesia distinta”, explicaba el artista.

En un sendero de dos kilómetros, recorremos el parque hasta llegar a una de las últimas estaciones, donde una cruz de unos cinco metros se alza de frente a una de las vistas más imponentes de Junín. Allí despido a la Patagonia con ansias de volver a ver en primavera este destino camaleónico de nuestra apasionante Argentina.

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