turismo

Domingo, 1 de junio de 2014

FRANCIA. EL DíA D EN NORMANDíA

Setenta años después

Europa celebra en estos días el 70° aniversario del “día más largo del siglo XX”, cuando las tropas aliadas desembarcaron sobre las playas de Normandía para comenzar la liberación de la ocupación nazi. A lo largo de la costa de la Mancha hoy se realiza un viaje lleno de emociones.

 Por Graciela Cutuli

Aquí está Normandía: sus colinas verdes, sus manzanos, sus milenarios puentes de piedra, sus costas acantiladas, sus vacas marrones y blancas, sus quesos, sus campanarios, sus paisajes pintados por los impresionistas, sus banderas norteamericanas... ¿Sus banderas norteamericanas? Desde hace más de medio siglo flamean sobre buena parte de la región, a lo largo de la costa de la Mancha. Muchas veces están sobre los monumentos, edificios y cementerios, junto a las del Reino Unido y Canadá: y durante estos días serán más numerosas que nunca para recordar el inicio del desembarco aliado, aquel que el cine llamó “el día más largo de la historia”. Setenta años después, las playas de Normandía tendrán un protagonismo especial en el verano que está por comenzar en Europa.

Un muñeco representa al paracaidista atrapado en la iglesia de Sainte Mère l’Eglise.

EL PUEBLO DE LOS “IRON MIKES” La visita bien podría empezar en Sainte Mère l’Eglise, donde comenzó aquel Día D. Era apenas la una de la mañana cuando se largaron los primeros paracaidistas y, como en tantas historias con final feliz, las cosas empezaron mal. Muy mal: no sólo los primeros paracaidistas cayeron por error allí y no en el pueblo elegido, sino que empezaron a caer mientras un gran incendio devoraba todo el pueblo –guarnición alemana incluida– y sobre todo alumbraba el cielo y a los infortunados soldados. La película de Darryl Zanuck, que popularizó el slogan de “día más largo”, fijó en la memoria aquellos momentos y, sobre todo, la suerte de John Steele, el paracaidista que permaneció atrapado un par de horas, colgando del campanario de la iglesia. Por suerte para él, la guerra terminó bien y pudo regresar a Estados Unidos, donde falleció 25 años después de ese episodio. Lo recuerda hoy el campanario, con un maniquí que lo representa atrapado sobre su cúpula.

El pueblo es de por sí un museo a cielo abierto sobre aquel día. Además del campanario hay placas, estelas o monumentos en torno de la plaza de la iglesia, y sobre todo el museo de las tropas aerotransportadas norteamericanas, la famosa división Airborne. El edificio tiene forma de paracaídas y se hace notar en seguida al lado de la venerable iglesia de piedra. Conserva armas, documentos, maquetas y dos aviones: uno de los planeadores Waco y un C47 Dakota que lanzaron a los primeros paracaidistas durante la primera hora del 6 de junio de 1944. Sainte Mère l’Eglise fue totalmente liberado hacia las 4.30 de la madrugada. La luz del día no iba a tardar mucho más en mostrarse sobre el horizonte de la campiña normanda: la división Airborne, cuyas insignias se venden en las tiendas de recuerdos de toda la región, tendría que resistir varios días los ataques alemanes mientras los refuerzos acudían desde la cercana playa Utah. En las prolijas calles del pueblo hoy cuesta imaginar el Apocalipsis que se desató aquel día, pero los vitrales de la iglesia dan testimonio para el futuro. Los originales fueron destruidos en las batallas y los nuevos representan a paracaidistas que aplastan el demonio del nazismo en una moderna alegoría de la luchas bíblica entre el Bien y el Mal.

El 6 de junio es una especie de segundo 14 de julio cada año en el pueblo. Se conmemora con paracaidistas, fuegos artificiales, desfiles militares, visitas de veteranos estadounidenses (cada vez menos numerosos a medida que pasan los años) y reconstituciones de batallas. Este año los festejos tendrán un brillo mayor, y desde el sitio oficial de las celebraciones se invita a los visitantes a ir vestidos como en los años ’40. El momento más emotivo será el domingo 8, cuando delegaciones de varios países –hubo también franceses, ingleses, holandeses, italianos y polacos entre los paracaidistas– rindan homenaje a los combatientes al pie del monumento de un soldado que simboliza a todo el resto y se conoce en toda la región como “Iron Mike”.

Arromanches, sobre la Playa Gold, el famoso Port Winston del día del desembarco.

EL CAFE DE LA LIBERTAD Sainte Mère l’Eglise no fue en realidad el primer lugar liberado de Normandía. Para ello hay que ir a la otra punta de las playas del desembarco, hacia el Este. Allí los pueblos mellizos de Ranville y Bénouville están a ambos lados de un puente que pasa por encima del río Orne y el canal de Caen hacia el mar. Desde junio de 1944 el puente se llama Pegasus. Fue tomado por los ingleses a la 0.20 del 6 de junio (cuando eran las 23.20 según la hora inglesa, de modo que Bénouville es el único pueblo cuya plaza conmemora no el 6 sino el 5 de junio).

El puente actual es una réplica, en tanto el original se puede ver en un museo a pasos de allí. El café Gondrée de Bénouville, un típico bar de pueblo, está como en 1944 y fue clasificado como la “primera casa liberada de Normandía” (aunque algunos historiadores alegan que el título corresponde a una casa situada enfrente). Las ventanas del café rebosan todo el año de los colores azul, rojo y blanco, los mismos que forman las banderas de Estados Unidos, Inglaterra y Francia. Hasta hace algunos años los alemanes no eran siempre bienvenidos en este establecimiento. Sin embargo, luego de años de amistad francoalemana y de celebraciones conjuntas del fin de las dos guerras mundiales, cambió por fin la actitud de la propietaria, hija de los dueños que tenía el café en 1944.

Están entonces Sainte Mère l’Eglise y Utah Beach en un extremo de las playas y el puente Pegasus y Sword Beach en el otro. Entre ambos, cada pueblo y porción de la costa tiene algo para mostrar. También se pueden seguir los variados circuitos señalizados temáticamente (hay una ruta del Día D, una del contraataque alemán, una de la confrontación) o seguir la Vía de la Libertad, cuyo kilómetro inicial se encuentra sobre la plaza del Ayuntamiento de Sainte Mère l’Eglise y llega hasta Bastogne, en Bélgica, luego de un recorrido de 1142 kilómetros. Cada tanto, unos hitos de color blanco, rojo y azul la identifican y permiten seguir la huella de las tropas norteamericanas en su avanzada hacia Alemania, pasando por el este de Francia.

El Memorial de Caen traza la historia de la Segunda Guerra Mundial con foco en el Día D.

AMERICA EN FRANCIA Hay una tercera opción. Quizás lo mejor, si se quiere tener una vista de conjunto sobre la región, el desembarco y todo el período 1940-1944, es visitar el Memorial de Caen, el mayor museo temático sobre esa página de la historia europea. Se encuentra en las afueras de la capital normanda, en medio de una gran explanada donde figura una réplica de la famosa escultura Non-violence del artista sueco Carl Fredrik Reuterswärd, que representa una pistola con un nudo en lugar del cañón (hay unas 30 versiones en todo el mundo y una de ellas en Curitiba, Brasil).

Sala tras sala, el Memorial recrea las distintas fases de la Segunda Guerra Mundial y el desembarco, pero incluye hasta fragmentos del Muro de Berlín. Cada día se proyectan las películas Día D y la Batalla de Normandía sobre pantalla gigante. El Memorial tiene también la mayor tienda de recuerdos temáticos de la región.

Las rutas temáticas salen del Memorial, pero para ver más lugares vinculados con el desembarco en sí hay que volver hacia las playas, sobre todo Omaha y Gold. La punta del Hoc, una especie de pared de acantilados que avanza en el mar y separa dos bahías elegidas por los alemanes para controlar esta parte del litoral, fue una de las principales batallas del Día D, y fue allí que los aliados tuvieron que trepar los acantilados con cuerdas y escaleras móviles. Esta hazaña fue recreada en muchas películas y hoy se recuerda en este sitio natural transformado en una especie de museo a cielo abierto. Se ven todavía las fortificaciones alemanas y hasta algunos cañones. El predio es cuidado hasta la obsesión por la American Battle Monuments Commision para honrar a los 225 rangers que desembarcaron en este lugar, una de las porciones de territorio norteamericano en Normandía. Se trata, en efecto, de terrenos cedidos por Francia en reconocimiento a los liberadores. El más famoso de todos es el cementerio militar de Colleville sur Mer, donde se realizan generalmente los actos oficiales francoamericanos y donde estuvieron varios presidentes (los últimos Barack Obama y Nicolás Sarkozy para el 65° aniversario en 2009). Exactamente 9387 cruces blancas rinden homenaje a los soldados caídos durante el Día D y las batallas posteriores. No es el único cementerio de este tipo, pero sí el más grande de todos y el más conmovedor. Hay también cementerios ingleses y alemanes, donde muchas de las cruces sólo dicen “Known but to God”, soldados caídos que no pudieron ser identificados.

Para terminar el recorrido, no hay mejor lugar que el pueblo de Arromanches, sobre la playa Gold. En el camino se pasa por Longues, donde está la única batería alemana clasificada como Monumento Histórico en Francia. Arromanches fue el famoso Port Winston del Día D, un muelle artificial que surgió literalmente del mar. Se encuentra aquí mismo, en este lugar fijado en el recuerdo de aquellos días de junio de 1944. En el mar quedan muchos vestigios del puerto artificial, como grandes bloques de material que resistieron a los obuses alemanes y a las olas de la Mancha. En el centro del pueblo, mientras tanto, se vive como en 1944. Hay un jeep Willys estacionado, banderas norteamericanas, canadienses e inglesas por doquier. También hay un Museo del Desembarco y arriba del acantilado, sobre un promontorio panorámico, una sala de cine a 360 donde se proyectan documentales. Este año habrá además un sobrevuelo de la Patrouille de France por encima del puerto y se podrán recorrer las playas en auténticos jeeps del desembarco.

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La punta del Hoc, un acantilado elegido por los alemanes para controlar la costa.
Imagen: E. Valere/CRT Normandie
 
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