turismo

Domingo, 7 de diciembre de 2014

ARGENTINA DE NORTE A SUR EN KAYAK

Aventura a flor de agua

El kayak es un medio versátil para internarse en rincones de la geografía donde pocos pueden llegar, desde los glaciares de Santa Cruz a los arroyos del delta del Tigre, pasando por las playas del Nahuel Huapi, el mar de Puerto Madryn o los esteros correntinos.

 Por Julián Varsavsky

Al meterse en un kayak hasta la cintura uno tiene la sensación de que el vehículo se transforma en una extensión del cuerpo. Los remos pasan a ser nuestros brazos y, a diferencia de otros medios de transporte, aquí no nos empujan ni un motor ni el viento: sólo nuestro ímpetu personal, reforzando la sensación de que el propio cuerpo es el vehículo, como al caminar.

El nivel de versatilidad del kayak es asombroso, porque permite girar sobre nuestro propio eje, dar marcha atrás e internarse por canales de hasta 50 centímetros de ancho. Si el oleaje no es grande, esta forma de navegación puede satisfacer casi cualquier capricho exploratorio. Así se llega hasta donde nunca hay nadie para curiosear, y hasta regiones casi nunca pisadas por otros.

El silencioso fluir de un kayak cortando por la mitad un espejo de agua entre las montañas es casi una experiencia zen. Si hay buen sol, la sombra de la estilizada embarcación se ve proyectada en el fondo. Al dejar de remar el silencio es absoluto, pero igual avanzamos. Con medio cuerpo por debajo de la línea de superficie en aguas transparentes, uno parece levitar, o acaso volar sobre una alfombra mágica. Y saliendo al alba se corta la bruma del amanecer con la proa, rozando momentos de sugestiva belleza.

Por todo lo anterior, a más de uno esta experiencia iniciática le cambia el futuro de su vida deportiva y viajera. Para los que se atrevan a intentarlo, TurismoI12 ofrece a continuación alternativas en kayak a lo largo de la Argentina.

Entre los témpanos del Upsala, una forma sublime de abordar la belleza de los glaciares.
Imagen: Agustina Bialet

ENTRE TEMPANOS La excursión parte en la mañana desde Puerto Bandera –cerca de El Calafate, en la provincia de Santa Cruz– en un catamarán que surca las aguas del lago Argentino. Una hora después aparecen los primeros témpanos, uno de ellos duplicando el tamaño de nuestra embarcación.

A lo lejos vislumbramos el frente del glaciar Upsala, esa gran muralla blanca agrietada de diez kilómetros de ancho. Y hay conmoción a bordo entre los quince integrantes de la excursión.

Marçal de la Fuente y Jordi Dorca son dos guías de kayak catalanes muy experimentados que hacen una demostración práctica de cómo ponerse el traje seco y el pollerín que protege del ingreso de agua. El proceso de vestirse lleva 20 minutos y comienza la primera clase fuera del agua. Así sabremos cómo volver a subirnos si volcáramos, y las medidas de seguridad. El capitán del catamarán recorre diferentes bahías hasta que encuentra una muy tranquila donde atracar. Desembarcamos en una playa y luego de una práctica dentro del agua partimos en caravana distribuidos en kayaks dobles.

A veces el espectáculo no es tan perfecto porque el viento se lleva lejos los témpanos. Pero hoy remamos con buena estrella, entre centenares de moles de hielo y pequeños fragmentos. Algunos tienen forma de hongo, y están los que parecen un submarino que se insinúa apenas en la superficie del agua con su periscopio. Uno sumergido se acerca asomando un triángulo como la aleta de un tiburón, y otro tiene cráteres de superficie lunar. Otro más se acerca oculto con el sigilo de un cocodrilo, y está el que parece un barquito de juguete a la deriva. También hay torres con ventanita en lo alto, unidas por puentes y mesetas perfectas.

Vamos recorriendo diferentes bahías y por momentos hay que correr témpanos pequeños con la mano para abrirse paso, siempre cerca de la costa rocosa. A los hielos más grandes no nos acercamos, porque a veces se fracturan generando olas.

En ciertos lugares hay tantos fragmentos de hielo que es difícil encontrar por dónde pasar. Pero uno de los guías se adelanta a explorar y encuentra pasadizos entre la roca y el hielo de 50 centímetros de ancho. A veces se levanta viento y remamos con fuerza contra la corriente. Entonces los guías buscan sectores más reparados. Cuando nos da sed agarramos del agua un cubito que alguna vez fue un témpano y nos lo metemos en la boca.

La mayor intensidad de esta experiencia acuática y glacial llega con la relativa cercanía de las grandes moles de hielo, que parecen galeones celestiales con traslúcidas paredes. En una bahía reparada el silencio es perfecto y al dejar de remar oímos el goteo permanente de los témpanos. También palpamos su rugosa porosidad o su lisura perfecta según el caso, y vemos su transparencia azulada.

La excursión en kayak entre los témpanos del Upsala es casi única en el mundo. Uno parece recorrer los confines de un mundo blanco como en la Antártida, con la ventaja de estar a sólo tres horas de navegación de tierra firme.

En kayak y en stand up por en la playa de Puerto Madryn, perfecto para el próximo verano.
Imagen: Julián Varsavsky

VILLA LA ANGOSTURA Pablo Beherán es un guía de kayak que organiza salidas desde la ciudad neuquina de Villa La Angostura, por el brazo norte del lago Nahuel Huapi. Comenzamos a remar en la desembocadura del río Correntoso pasando entre pequeñas islas, para salir al lago abierto y cruzarlo hasta la otra orilla. Allí se encuentra una de las zonas más vírgenes y no tocadas del Parque Nacional Nahuel Huapi. Sobre la costa hay parejas de cauquenes y arroyos cristalinos que bajan de la montaña por el bosque.

Por debajo de la embarcación pasan truchas como rayos, y a lo lejos se levantan los cerros Colorado, Macal y Dormilón. El guía entonces nos conduce a una playita desierta para almorzar y comer manzanas arrancadas de los árboles de una quinta abandonada. Allí nos bañamos a gusto y algunos practican snorkeling.

Para quienes viajan con chicos, la excursión ideal es la que va al lago Espejo, ya que se desembarca en playas muy poco profundas con aguas más cálidas. Se parte desde la Bahía del Guardaparque para ingresar en una zona despoblada sin nadie a la vista. En el Espejo, mientras se palea, es posible ser testigo de la aparición casi milagrosa de una pareja de cisnes de cuello negro, o avistar especies como el jote cabeza negra y el pato vapor. A veces se descubren en la costa huellas de puma y de pudú.

Por aguas entrerrianas La Playa Papaya del Parque Enzué –en la ciudad entrerriana de Gualeguaychú– es muy animada en verano, con instructores de aerodancing y conjuntos musicales que convocan a muchísima gente. Pero para muchos la razón principal para venir son las excursiones en kayak que organiza Pura Vida Eco Aventura. Además de paseos en barco y clases de canotaje en el río Gualeguaychú, hay salidas en kayak de una hora rodeando la isla Libertad. En estas salidas se usan kayaks dobles de travesía muy estables, donde el pasajero va con un instructor, pero también hay embarcaciones individuales. En el trayecto habitual se pasa por las playas Morena, Solar del Este y Punta Sur. Y cada tanto aparecen numerosas aves: garzas, biguás secándose al sol, benteveos y algún martín pescador. En total se recorren siete kilómetros, a ritmo tranquilo. El relajado paseo dura una hora pero también los hay de cuatro horas, dos horas y hasta de tres días, llegando al Palmar de Colón.

ENTRE ARAUCARIAS Junto al lago Moquehue, a 23 kilómetros de la aldea neuquina de Villa Pehuenia, el camping de montaña

Trenel es un centro de turismo aventura donde se proponen salidas en kayak, saltos en canopy y trekking por el bosque.

Las excursiones en kayak las hace el guía Martín Maldonado. La remada comienza frente a una islita rocosa con una araucaria solitaria, que hace pensar el clásico dibujo de las historietas de náufragos que duermen bajo una palmera. El kayak que se usa aquí es del tipo “sit on top” individual de plástico, en el que el cuerpo queda fuera y por sobre la embarcación, por lo cual resulta ideal para principiantes. Esta embarcación es tan estable y liviana que flota con apenas cinco centímetros de agua.

Luego de remar una hora nos recostamos en el kayak como si fuera una reposera, para dormir una siesta a la deriva sobre las aguas del Moquehue. Entonces volvemos a remar, explorando los recovecos del gran espejo de agua que refleja invertidos los picos nevados de las montañas. Por último, en una playa de arena nos damos un chapuzón y así se nos va la tarde, entre mates y avistaje de fauna autóctona.

EL DELTA CAPILAR Los kayaks parecen haber sido diseñados para explorar la compleja trama de ríos, canales y arroyos del delta de Tigre, en la provincia de Buenos Aires. Porque permiten internarse en los ríos, arroyos y arroyitos del gran ecosistema que es el Delta, a través de los cursos de aguas más pequeños, donde no pueden ingresar embarcaciones de motor. De vez en cuando uno se cruza allí alguna garza mora, un martín pescador o una tortuga de agua, al recorrer lagunitas pobladas de juncos y camalotes.

La rítmica remada nos lleva a veces sin rumbo fijo para cruzarnos con los protagonistas de este curioso mundo acuático, donde conviven las lanchas de lujo con botecitos frágiles, las motos de agua con las lanchas de esquí. Canal tras canal, van apareciendo las imágenes que hacen único al Tigre: las canoas deportivas, la lancha almacén, el delivery de pizza, los veleros y los grandes cascos oxidados de cargueros encallados. En ese vaivén hay lugar también para el recuerdo, que evoca la charla con algún viejo isleño, de los tiempos en que supo haber una sucursal flotante del Banco Nación, una escuela anclada en la boca del río Sarmiento, y hasta una iglesia que se balanceaba sobre las aguas.

La empresa Delta en Kayak ofrece estas salidas, incluyendo una nocturna en cada luna llena y nueva. Los circuitos van por la selva en galería, por el interior de una isla y ofrecen también una vuelta al río Sarmiento. Además, los siguientes recreos y complejos de cabañas tienen kayaks para sus huéspedes: Galeón de Oro, Amarran Sancho e Isla Chamamé.

ENTRE YACARES En los correntinos Esteros del Iberá se hacen salidas en kayak que permiten una aproximación asombrosa a la fauna acuática, incluyendo a los parsimoniosos yacarés, que suelen quedar al alcance de la mano de cualquier valiente: a veces se los roza sin querer con la embarcación. De estos reptiles se ve hasta el brillo de los ojos con su parpadeo lateral, y se oye su suspiro largo como advertencia de que estamos cerca del límite. Pero aun si el kayak se diera vuelta en las tranquilas aguas, no hay peligro alguno: el yacaré le teme al ser humano y lo primero que hace es escapar.

Las familias de carpinchos están entre las más confiadas e indiferentes a los intrusos humanos que llegan por agua desde el Irupé Lodge, que ofrece el servicio de salidas guiadas en kayak. Estos safaris en canoa permiten a los viajeros ir casi ocultos entre los juncos, así que el resultado de los avistajes es aún más espectacular. Para las personas con cierta experiencia se hacen salidas de medio día o día completoz

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En el neuquino lago Moquehue, el kayak surca las transparencias como una alfombra mágica.
Imagen: Julián Varsavsky
 
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