turismo

Domingo, 15 de marzo de 2015

FRONTERAS CURIOSIDADES PARA CAMBIAR DE PAíS

De confines y límites

Para la mayoría de los viajeros, una frontera es un lugar donde se cambia de país, se hacen los trámites migratorios y se llenan formularios de aduanas. Pero en algunos casos es algo más: hay fronteras que dividen el tiempo en dos y otras que delimitan tierras que nadie quiere.

“¿Fronteras? Nunca he visto ninguna. Pero he oído que existen en la mente de algunas personas.” Estas palabras son de Thor Heyerdahl, el famoso explorador noruego que demostró que se podía navegar desde las costas del Perú hasta las islas del Pacífico. Más allá de la metáfora, seguramente no vio frontera alguna en el viaje en que cruzó buena parte del mayor océano del globo. Tampoco vio la línea del cambio de fecha, una convención que los hombres dibujan en los mapas y globos terráqueos. Pero no siempre es así: muchos sí han visto fronteras, y no sólo aquellas donde hay que mostrar el pasaporte o el pasaje al bajar de un avión, un barco o cruzar un puesto de control. Hay fronteras, hitos, longitudes y latitudes bien tangibles, y otras que se hacen notar: algunas cercanas, como la Triple Frontera del nordeste argentino, y otras lejanas, como la que separa Rusia y Estados Unidos, que es además un corte en el tiempo.

LA FRONTERA DE LA HORA El tiempo y el espacio se confunden en un punto muy preciso del globo: las islas Diómedes. Salvo los fanáticos de los mapas y los expertos en geopolítica, muy poca gente escuchó hablar de ellas y menos aún podrían ubicarlas. A pesar de su nombre griego (un rey de Argos que luchó en la Guerra de Troya), se encuentran en uno de los lugares más remotos de nuestro planeta: el estrecho de Bering. Entre Alaska y Siberia, las islas son dos grandes rocas separadas por apenas unos kilómetros. Una es rusa y otra estadounidense. En una de ellas viven familias inuit; en la otra siguen apostados soldados rusos, como en los momentos más tensos de la Guerra Fría. Estados Unidos y Rusia no podían estar más cerca... y más lejos al mismo tiempo. Porque estos dos islotes están separados por el Antimeridiano o Meridiano 180, más conocido como la “línea de cambio de fechas”. Desde la parte de Alaska se puede mirar al futuro, en la parte rusa, que ya vive con un día calendario más. Y desde la parte rusa, se puede mirar al pasado, porque el islote “americano” tiene un día menos.

Esta frontera, que corta espacios y tiempos, es sin duda una de las más raras del planeta. Pero no la única. Hasta hace unos años, el archipiélago de Kiribati tenía su propia frontera temporal interior. Este curioso país del Pacífico está compuesto por varios grupos de islitas, muy distantes entre sí, y lo atravesaba el Antimeridiano, dejando una parte con una fecha y la otra con la del día anterior. Desde 1995, y en vista a las celebraciones del año 2000, las autoridades unificaron su calendario. Aunque no de fácil acceso, las Kiribati fueron muy visitadas entre diciembre de 1999 y enero de 2000, cuando acudieron turistas adinerados deseosos de ver el primer sol del nuevo milenio sobre la isla rebautizada “Millenium Island” para la ocasión. Curiosamente, nadie se acordó de festejar la llegada del 2000 en medio de los mares helados del Estrecho de Bering...

INEXISTENTES O TRIPLES Otra pretendiente al título de frontera más rara del planeta es la que no existe. En realidad, delimita una región no reivindicada por ningún país vecino: se trata del Bir Tawil, una porción del desierto del Sahara de unos 100 kilómetros de largo entre Egipto y Sudán. Sus dos vecinos no la quieren integrar a sus respectivas superficies porque, en tal caso, perderían derechos sobre una región costera en disputa mucho más grande. Se trata de un complejo problema limítrofe donde dos fronteras se superponen, permitiendo que tanto Sudán como Egipto puedan reclamar una región entera sobre la costa del Mar Rojo. Quien tome posesión del Bir Tawil cercano perdería sus derechos sobre ella... En todo caso, no es una frontera turística, y los graves problemas internos de Sudán no invitan a llegar hasta el Bir Tawil. Y no se puede mencionar este tema sin hablar del único otro territorio no reivindicado del planeta, la Tierra Mary Bird, esta vez en la Antártida.

Si dejamos las fronteras extrañas para conocer las más espectaculares, una de ellas está en la Argentina: se trata de la Triple Frontera, uno de los pocos lugares en el mundo donde tres países se unen en un mismo punto. Si se pudiese ver desde el aire, parecería una clase de geografía para principiantes: los ríos delimitan las partes argentina, brasileña y paraguaya tal como se ve en un mapa. Más claro imposible. Más espectacular tampoco, porque la misma frontera, a unos kilómetros de distancia, pasa por las Cataratas del Iguazú, una de las Maravillas del Mundo, y sin lugar a dudas la frontera más hermosa que se pueda fotografiar.

Más allá de Misiones, se estima que hay unas 160 triples fronteras en el mundo. La Argentina tiene otras dos: en los Andes, donde limita con Chile y Bolivia, y en Corrientes, donde limita con Brasil y Uruguay, enfrente de Monte Caseros. En muchos lugares los tripoints (triples fronteras) son hitos turísticos: nadie se quiere perder las fotos saltando de un país a otro con sólo caminar unos metros, como es el caso en Vaalseberg, donde un hito sobre una plaza indica el lugar preciso donde se encuentran Alemania, Bélgica y los Países Bajos (en el lugar mismo donde hubo durante un siglo un territorio neutral de tres kilómetros cuadrados que no había podido ser repartido entre Bélgica y Prusia luego de las guerras napoleónicas). Entre los tripoints más espectaculares está el del Monte Roraima, donde convergen Guyana, Venezuela y Brasil. Es una montaña cuya cumbre es una gran meseta, de 2810 metros de altura, que se eleva en medio de la selva ecuatorial.

El país que más triples fronteras tiene es China (15 en total), gracias a su gran superficie y sus numerosos vecinos. Aunque el tamaño no lo es todo, porque a pesar de su inmensidad Estados Unidos y Canadá no cuentan con ninguna triple frontera, mientras que Austria tiene varias (entre ellas con Eslovenia e Italia, con Eslovaquia y Hungría, con la República Checa y Alemania, con Suiza e Italia). Además cuenta con la única frontera subterránea que existe en el mundo: para conocerla hay que descender a las minas de sal de Hallein, entre las más antiguas del mundo y explotadas hace ya 2500 años. Ahora han sido reconvertidas en atracción turística, y durante la visita se cambia de país en una de sus galerías, “cruzando” a Alemania. Anecdóticamente, Hallein es el lugar donde nació Franz Xaver Gruber, el autor de “Noche de paz”, el villancico más popular de todos los tiempos.

LAS VIGILADAS Cabe preguntarse si, además de las triples, existen las cuádruples fronteras. La más famosa de todos es el Four Corners, el punto preciso donde se encuentran los estados de Arizona, Utah, Nuevo México y Colorado, en el oeste de Estados Unidos. Está en medio del desierto, pero hay una placa de metal en el suelo y es muy popular entre la gente que visita las vecinas reservas de utes y navajos para sacarse tandas de fotos con todas las combinaciones posibles de posturas. Hay otra cuádruple frontera en América del Norte, en los gélidos bosques del norte de Canadá, donde se encuentran las provincias de Saskatchewan, Nunavut, Manitoba y los Territorios del Noroeste, en un lugar más frecuentado por alces y osos grizzlis que por hombres. En la Argentina, la única está donde se juntan las provincias de Mendoza, Neuquén, Río Negro y La Pampa. Se encuentra en la estepa entre Rincón de los Sauces y Catriel, al norte de la ruta 6, que une ambas localidades.

En cuanto a países, no existe ninguna en la práctica. La única que podría ser considerada como tal es donde se juntan cuatro países africanos: Botswana, Zimbabwe, Zambia y Namibia, en la extremidad de la Franja de Caprivi. Pero las fronteras todavía están en negociación y hay varios reclamos.

Además de las fronteras triples, cuádruples o inexistentes, están las que se pueden tildar simplemente de raras. Por ejemplo la más alta del mundo, que pasa precisamente por la cumbre del Everest (separa China de Nepal) y la que no sigue un río sino que lo enmarca en la totalidad de su curso (Gambia, en Africa Occidental, es un país conformado por las dos orillas del río del mismo nombre). Está la frontera que corta un bar en dos (en Baarle uno se puede sentar en Bélgica o en Holanda sin salir del mismo café). Y está también la que se puede ver desde el espacio (es la frontera entre Haití y la República Dominicana: mientras la primera utiliza intensivamente los suelos, la segunda preservó sus bosques tropicales y desde el espacio se ven dos matices de verde que respetan escrupulosamente la frontera).

Para terminar, hay que mencionar las dos fronteras más extremas del mundo en cuanto a su rol de delimitación. Por un lado está la menos controlada del planeta, un simple portón dentro de una muralla. Y por el otro la más vigilada, en tensión y estado de guerra permanente. La primera es el ingreso principal a los Museos Vaticanos, y nos recuerda que el Estado pontificio es un micropaís soberano. En realidad hay un control, pero está orientado a proteger el museo y sus colecciones. Mientras tanto en la DMZ de Corea, la famosa zona desmilitarizada, soldados de dos de los mayores ejércitos del mundo (el norteamericano y el norcoreano) se hacen frente todos los días y están en estado de alerta máxima desde hace más de 50 años. Como para desmentir las palabras de Thor Heyerdahl: aquí la frontera existe y no sólo en la mente de algunas personas.

La Triple Frontera del extremo nordeste de la Argentina, vista desde la provincia de Misiones.

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El límite entre Bélgica y Holanda en Baarle divide también casas y lugares públicos.
 
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