turismo

Domingo, 21 de junio de 2015

BUENOS AIRES. PASEOS INVERNALES EN TIGRE

Delta para todo el año

Propuestas para una escapada por el Delta, que se disfruta también en la temporada fría. Alojamientos con opciones de aventuras y relax. Arborismo, kayak y canoas. Además, clásicos como el Puerto de Frutos y opciones de paseos en el bus turístico.

 Por Guido Piotrkowski

Fotos de Guido Piotrkowski

El Tigre también se disfruta con frío. Desde un paseo por el Puerto de Frutos y una cálida visita a los museos en la zona urbana hasta una estadía en algunos de los tantos alojamientos en las islas, este vergel acuático, ubicado a 25 minutos de la ciudad de Buenos Aires, no se toma vacaciones en invierno. Sino que, al contrario, por estos pagos están trabajando con ahínco para que los visitantes se acerquen, también, cuando el fresco se hace presente en este entramado de islas.

La temporada invernal se puede aprovechar practicando actividades al aire libre que templen el espíritu como el arborismo, o remando bajo el tibio sol en kayaks o canoas para entrar en calor. Y si el clima no acompaña del todo, no importa: no hay que temerle al Tigre, porque acá hay alojamientos confortables y calentitos, bien preparados para pasar el invierno y disfrutar un fin de semana en pareja o en familia.

Un mundo de agua y embarcaciones: la esencia de Tigre durante las cuatro estaciones.

AMARRAR EN LA ISLA Las islas ofrecen multiplicidad de alojamientos. Entre los muchos disponibles hay dos muy buenas opciones para pasar el día o un fin de semana completo con actividades al aire libre, pero también puertas adentro, al calor de un buen hogar de leña o una salamandra. En Amarran Sancho, ubicado sobre el Arroyo Espera, se organizan excursiones en kayak y safaris fotográficos en la reserva, con caminatas guiadas a cargo del guía Juan Esteban de Jager. Que sabe, y mucho, de flora, fauna, mareas e historias del lugar. Durante el paseo explica que están replantando flora autóctona, erradicando así la flora exótica y restableciendo la fauna para recrear el ambiente originario del humedal. Jager es también el guía de las excursiones en kayak y arrancó hace muy poquito con clases de arco y flecha. Además, es el responsable de un locro descomunal que sirven en el restaurante. La opción del relax se refleja en los saunas, el jacuzzi caliente a la intemperie y los masajes descontracturantes. Y en el salón, refugiados junto al hogar a leña y las salamandras, los huéspedes pueden disfrutar de una amplia variedad de juegos de mesa y proyecciones de películas.

“El gran desafío es el invierno. Los fines de semana largos han sido un golazo para el turismo, es impresionante la diferencia de demanda que hay”, dice Gustavo Scheidegger, dueño del lugar. “Cuando veo el salón lleno de gente jugando cartas me da mucho placer. Ese concepto le falta a Tigre. La gente viene en verano, y nosotros estamos trabajando para que venga en invierno.” En el restaurante y el deck, con preciosa vista al río, se ofrecen diferentes propuestas: desde una suculenta merienda a un sabroso trago, un rico sandwich y opciones de gastronomía gourmet. “Una de mis ideas es expresar en la mesa lo que ocurre afuera. ¿Cómo hago para reflejar lo que pasa en la comunidad en tu mesa? Yo quiero buscarle un nexo. Que te tomes un té de anacahuita en el spa, que pruebes la caña palmito, un buen pescado de río, la mermelada que hacen los isleños, la miel, las naranjas. El menú lo vamos variando, en función de ir mezclando para no aburrir. Todavía no logro reflejar lo que pasa en la isla en el plato, los higos en febrero, las naranjas en agosto... también hay unos hongos que salen del sauce, pero no son tantos. Todavía no lo logré, pero es mi deseo”, asegura y concluye Scheidegger en el cálido salón.

Por su parte la Posada Isla Escondida está ubicada en el Arroyo Esperita, y nació pensada como un lugar de descanso, algo así como un rincón zen con el foco puesto en la armonía y el relax. En esta antigua casona de fines de siglo XIX, que algunos dicen perteneció a la familia de Mariquita Sánchez de Thompson, con vista a un amplio jardín y el arroyo, se ofrecen clases de yoga, días de spa y alojamiento con diferentes actividades “para renovar la energía e incentivar el espíritu”. Por eso, la novedad es un intenso, profundo y descontracturante masaje bajo el agua, en la pileta cubierta y climatizada, ideal para estos días de frío. Además, los domingos hay clases de meditación en los jardines y canoas para que los huéspedes utilicen libremente y salgan a explorar por ahí. El restaurante, por su lado, ofrece diferentes alternativas de sabrosa comida casera, y el huésped puede elegir la hora y el lugar donde comer, ya sea en los jardines, el muelle o la habitación.

Euca, un parque de juegos para que chicos y grandes prueben sus propios límites.

ARBORISMO Euca es el primer parque aéreo de Argentina. Fue construido por Daniel y Sandrine Rivier en Valle Grande, al borde del río Atuel, en San Rafael (Mendoza), y desde hace un par de años tiene su versión bonaerense en Tigre, más precisamente en Benavídez. El parque mendocino está en medio de un bosque de eucaliptus, y los juegos transcurren en la copa de los árboles, de ahí su nombre.

“Euca nace de una actividad muy popular en Europa llamada arborismo –explica Pablo Barrios, responsable del parque–. Es una alternativa divertida para disfrutar en familia. El único requisito es medir más de 1,25 metro. Aquí se propone la destreza física para superar los obstáculos distribuidos sobre una superficie de tres hectáreas, divididas en nueve niveles de dificultad.”

Euca Tigre es el parque aéreo de juegos más grande de Sudamérica, según dicen sus creadores. Cuenta con más de 105 juegos en altura para toda la familia divididos en nueve niveles de dificultad y con la más alta tecnología en seguridad. Entre sus atractivos, además de dos tirolesas de más de 260 metros de recorrido, hay también una doble palestra de 13 metros de altura para escalar, donde pueden subir dos personas en simultáneo. Pero el shock de adrenalina, el gran atractivo, es el Verti-GO!, una plataforma para lanzarse en una caída libre controlada desde 13 metros de altura. “Es una actividad que se puede compartir en familia y con amigos. Acá se establece un vínculo muy especial, ya que se trata de superar dificultades en la altura, resolver la mejor manera de sortear desafíos. Además, pone en valor el compañerismo, el trabajo en equipo, el ser solidario. Es un momento muy especial cuando los padres lo comparten con sus hijos. Tenés que olvidarte del celular, la compu, la tablet y concentrarte en escalar, trepar, bajar por tirolesas y volver hacer cosas con tu cuerpo, conectado solamente con tu valor para superarte y completar cada nivel.”

Artesanías en el Puerto de Frutos, uno de los paseos favoritos del fin de semana.

CLASICOS, MERCADO Y PASEO En Tigre, al igual que en la ciudad de Buenos Aires o varias capitales del mundo, también hay un Bus Turístico. Parte desde la Estación de Trenes y tiene dos recorridos diferentes que pasan por los puntos emblemáticos de la ciudad: el primero va por el Parque de la Costa, Casino, Puerto de Frutos, Museo del Mate, Museo Naval y Museo de Arte Tigre, y el otro toma el Camino de los Remeros, pasa por el Centro Comercial Nordelta y Villa La Ñata. Las salidas son los sábados, domingos y feriados cada dos horas desde las 12.10 a 18.10.

El Bus Turístico se engancha, de manera gratuita, con las opciones de paseos que ofrece Sturla Viajes. Postales de Buenos Aires es uno de ellos. Se trata de un paseo que recorre el Río de la Plata con una vista única de Buenos Aires desde el agua, en sólo 25 minutos. También organizan, con salida desde la Estación Fluvial, el Paseo por los Cinco Ríos, que recorre los puntos más representativos de las islas del Delta. En ambos paseos, y durante las vacaciones de invierno, los menores de diez años viajarán gratis.

El Puerto de Frutos, por su parte, es un clásico imprescindible en cualquier paseo tigrense. Renovado hace algunos años, este paseo de compras invita no sólo a comprar, sino a tomarse un buen jugo natural o deleitarse con un waffle, para luego sí llevarse alguno de los productos regionales y artesanales –a muy buen precio– por los que este sitio es tan famoso. Muebles en mimbre y madera, hamacas, lámparas, plantas, productos de talabartería y muchísimo más.

Para comer, o simplemente sentarse a contemplar el río y sus vaivenes, el Paseo Victorica –un boulevard lindero al río Luján– tiene un puñado de bares y restaurantes para almorzar, tomar una merienda o un trago.

Y así, pasar el invierno.

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