turismo

Domingo, 30 de octubre de 2005

MENDOZA > DE LA CAPITAL A LOS VIñEDOS

Al pie de la Cordillera

Mendoza es el punto de partida de excursiones hacia el corazón de los Andes y las tierras del vino, pero también una ciudad que enamora por el verde, los paseos urbanos y la presencia de la historia.

 Por Graciela Cutuli

Tierra de frontera, de clima privilegiado, de viñedos de exportación, de un pacto con la naturaleza que permitió construir al pie de los Andes una ciudad que hoy se enorgullece de su historia y su tradición cultural. En Mendoza, la naturaleza está siempre presente: la rodean las altas cumbres cordilleranas, las chacras donde el sol se vuelca en los colores de las uvas, los ríos que ofrecen rápidos y aventura. Está al borde del desierto, pero es un oasis, una capital que descansa a la sombra de infinitas hileras de árboles y en el gran pulmón que es el Parque San Martín. Para un descanso urbano, y cada vez más para un turismo vinculado a los caminos del vino, Mendoza es el lugar ideal.

Su historia varias veces centenaria empieza con la fundación, en 1561, de lo que hoy se llama Ciudad Vieja o Ciudad de Barro, por las construcciones de adobe. Tres siglos más tarde, el terremoto de 1861 la reduciría a ruinas. Una forma de recordar que la naturaleza concede permisos a veces temporarios. Pero como la voluntad humana también es fuerte, al oeste de la Ciudad Vieja se levantó la Ciudad Nueva, junto al pedemonte, la Mendoza actual que atrae con su vida cultural y el desarrollo turístico.

Mendoza la Vieja Para empezar por el principio, lo primero a visitar en Mendoza es el Area Fundacional, que fue siglos atrás el centro de la Mendoza colonial. Los principales vestigios aún en pie después del terremoto son las ruinas de San Francisco, que pertenecieron a un antiguo colegio y templo jesuítico. Aquí se conservaba el bastón de mando de José de San Martín. El centro del Area Fundacional es la Plaza Pedro Castillo, antiguamente la Plaza de Armas, rodeada por los principales edificios, entre ellos el Cabildo y la Iglesia Matriz. El lugar del Cabildo lo ocupa hoy el Museo del Area Fundacional, donde están a la vista las excavaciones realizadas en esta zona. En la cámara subterránea del museo se exhiben obras de artistas mendocinos, mientras el interior invita a recorrer la historia de Mendoza empezando por los pueblos indígenas. Lo más interesante es el sector de las fosas excavadas, que permite ver las ruinas del Cabildo colonial, el Matadero y la Feria Municipal. Dejando atrás la plaza, hacia el sur, se atraviesa el Parque Bernardo O’Higgins, paralelo al zanjón del canal Guaymallén, que desemboca en el Acuario Municipal (está considerado como uno de los principales de Latinoamérica) y, a tres cuadras de distancia, en la Catedral de Nuestra Señora de Loreto, coronada por un armonioso campanario de tres cúpulas.

La ciudad nueva Toda la vida que existía en este sector de la ciudad en tiempos de la colonia se trasladó, después del terremoto de 1861, al sector nuevo de Mendoza, cuyo casco urbano fue reconstruido por un arquitecto francés. En el centro de la Mendoza Nueva se encuentra la Plaza Independencia, de cuatro manzanas de superficie, flanqueada a su vez por otras cuatro plazas menores. Estas calles soleadas y surcadas por acequias, trazadas expresamente para regar el arbolado urbano, concentran lo principal de la moderna Mendoza, invitando al paseo y la recorrida por sus principales edificios: entre ellos el Colegio Nacional Agustín Alvarez, el ex Banco Hipotecario, la Casa de Gobierno (que conserva la bandera del Ejército de los Andes), el Museo del Pasado Cuyano y la Basílica de San Francisco, réplica de la parisiense Eglise de la Trinité. Dentro de esta iglesia se encuentran los restos de Merceditas, la hija de San Martín, y algunos de sus descendientes. En una de las principales esquinas se destaca el Pasaje San Martín, una galería comercial coronada por espléndidas cúpulas vidriadas, como las que se construían en Buenos Aires a principios del siglo XX. Sobre la avenida Las Heras, además, Mendoza puso en marcha un proyecto original: el Museo Popular Callejero, con varios módulos que, a lo largo de distintas cuadras, relatan episodios de la vida local.

El Parque y las afueras Sin duda Mendoza puede considerarse privilegiada por tener un espacio verde como el Parque General San Martín, diseñado sobre un proyecto de Charles Thays. Más de 350 hectáreas, a las que se accede por dos espléndidos portones coronados por un cóndor y el grupo escultórico de los Caballitos de Marly (réplica de los existentes en la Place de la Concorde de París), albergan el Jardín Zoológico mendocino, el rosedal, la ciudad universitaria y el Anfiteatro Griego Frank Romero Day. Este escenario es sede de la fiesta mendocina que alcanza proyección nacional y concentra, durante unos días, toda la atención de la prensa y los turistas: la Fiesta Nacional de la Vendimia, que cada mes de marzo celebra la producción vitivinícola de la provincia. El Parque San Martín está dominado por el Cerro de la Gloria, un observatorio de privilegio sobre el trazado urbano, coronado por un monumento imponente al Ejército de los Andes.

Pero además de su atractivo como ciudad, Mendoza es imperdible por todo lo que ofrece en las afueras del casco urbano. Empezando por las bodegas que la rodean, donde se elaboran vinos que incluyen a los viñedos mendocinos entre los más famosos del mundo. Desde la opción más sencilla, una visita de medio día que pasa por dos o tres bodegas de elaboración artesanal e industrial, hasta los recorridos de varias jornadas que llevan hasta los centros de producción más alejados, Mendoza es la capital indiscutida del vino, y la punta de lanza de una industria que lleva las botellas argentinas hasta los más remotos lugares del mundo. Toda visita, desde luego, incluye una pequeña clase de degustación para que los principiantes se internen en ese mundo fascinante de los aromas, colores y sabores del vino.

Excursiones y aventuras Tampoco hay que alejarse demasiado para disfrutar de la aventura que ofrecen los relieves mendocinos en las puertas mismas de la ciudad: aquí se destacan las bajadas en rafting por el río Mendoza, para salir empapados y llenos de adrenalina, y las excursiones por la alta montaña, que ofrecen un primer panorama de la Cordillera. Además vale la pena visitar algunas de las antiguas estancias, muchas de las cuales son edificios históricos donde la calma rural se impone sobre todo lo demás, y es posible remontarse a los tiempos aquellos en que Mendoza era apenas una gran aldea en plena ebullición. La típica finca mendocina y sus emprendimientos productivos le deben mucho al sistema de riego por canales y acequias, y esperan al visitante con visitas explicativas y tentadoras degustaciones. Felizmente, las promesas del pasado hoy ya se concretaron, y en cualquiera de sus versiones –rural, gastronómico, histórico o urbano– el turismo local depara todos los placeres que sea posible imaginar.

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En el centro de la Mendoza Nueva está la hermosa Plaza Independencia, de cuatro manzanas de superficie.
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