turismo

Domingo, 6 de noviembre de 2005

BRASIL - LAS PLAYAS DE BUZIOS

El paraíso esmeralda

Una zona de playas descubierta en los ’60 para el turismo internacional, ubicada junto a una aldea de pescadores en una lengua de tierra que ingresa de lleno en el mar turquesa. Son veintitrés playas doradas cerca de Río de Janeiro, que ofrecen una sofisticada infraestructura turística sin perder su encanto de edén natural.

Por Leonardo Larini

Hasta los años ’60, Buzios fue una pequeña y tranquila aldea de pescadores que, gracias a la visita de Brigitte Bardot, comenzó su lenta transformación hasta convertirse en el maravilloso destino turístico que en la actualidad visitan miles de personas durante todo el año. La estrella de cine francesa llegó a Buzios con su novio brasileño de entonces y ambos se alojaron en la Posada del Sol, el primer centro de hospedaje que tuvo el pueblo cuando apenas se estaban instalando el agua corriente y la luz, y aún no existía ningún televisor. La Bardot, precisamente, quedó fascinada con esa rusticidad que –alejada del mundo del espectáculo y del mundo mismo– dejaba traslucir la belleza de la naturaleza.

En aquellos lejanos días, la diva pudo disfrutar del anonimato que creía perdido y de una estadía que no olvidaría jamás. Junto a ella viajaron también algunos periodistas de distintos medios gráficos franceses; pronto las fotografías comenzaron a recorrer el mundo y así fue que esta hermosa localidad adquirió la fama internacional que tiene hoy en día. Y si bien durante la década del ’50 la zona ya era frecuentada por los miembros de la clase alta de Río de Janeiro que buscaban alejarse del ruido de Copacabana, las playas de Buzios se consolidaron como una atracción a partir de la década del ’80, cuando los argentinos las eligieron como sitio de moda para sus vacaciones. Además, muchos de ellos se radicaron aquí para siempre y emprendieron diversos proyectos como bares, restaurantes y hermosas posadas.

Entre los que quedaron maravillados por la belleza de Buzios figura el Gato Dumas, que llegó de San Pablo en 1974 y permaneció aquí hasta 1980. El, como tantos otros, comprobó que el hechizo de Buzios no es fácil de eludir. Hay algo en sus leves brisas que enamora instantáneamente e invita a relajarse y entregarse por completo a su encanto y su sensualidad.

VAMOS A LA PLAYA

Con los primeros rayos del sol, el mar adquiere el transparente esmeralda que se mantendrá a lo largo de todo el día; esa tonalidad fascinante surcada por coloridas embarcaciones de pescadores, rodeada del verde de las colinas y el plácido blanco de las playas.

Con una temperatura media anual de 26 grados, la península de Armaçao –de ocho kilómetros de largo por dos de ancho– fue descubierta por los portugueses en el siglo XVI. En la actualidad cuenta con veintitrés magníficas playas de las más variadas características. Están las próximas al pueblo, que son las más concurridas, y las que se encuentran en los alrededores –un poco más alejadas, incluyendo las nudistas–, especiales para disfrutar de la paz y el silencio al aire libre. Tartaruga, Forno y Azedinha se caracterizan por sus aguas calmas y templadas. Para la soledad o el aislamiento de las parejas se recomiendan Praia dos Amores y Praia das Virgens, y en la zona sur están Praia da Foca y Praia da Tucums. Los surfistas, por su parte, pueden desarrollar sus habilidades en Geribá –con casi dos kilómetros de extensión–, en Ferradurinha y en Baia Formosa.

En cuanto al buceo –una actividad que atrae a cientos de turistas–, se practica en Ferradura y João Fernandinho. Olho da Boi es absolutamente virgen y desde sus solitarias arenas se contemplan los atardeceres más deslumbrantes. Una de las más populares y aptas para nadar es Praia dos Ossos. Y mientras las palmeras flamean y la brisa trae la bruma tropical desde el mar, es imposible no caer en la tentación de probar las brochettes de camarones que ofrecen los vendedores ambulantes en algunas de estas playas. Acompañados de limón y una buena cerveza, son la mejor opción para un almuerzo ligero antes de seguir disfrutando del sol. Más tarde, claro, es la hora de los jugos de frutas, entre los que sobresale el exquisito de maracuyá. Pero las actividades en Buzios no se limitan a pasarse el día entero en las playas. Para alternar, el visitante tiene a disposición múltiples excursiones en barcos o veleros, alquiler de bicicletas, cuatriciclos y buggies para recorrer zonas alejadas, y distintos servicios para practicar turismo de aventura y ecológico, trekking y mountain-bike.

LA BUENA MESA

Rodeado de colinas plenas de verde, y con el aroma del mar serpenteando en sus calles onduladas, el pueblo de Buzios ofrece una enorme variedad de sitios para la diversión nocturna y las compras, además de las más de cien posadas y hoteles para todos los gustos y presupuestos. En el centro, en la calle principal conocida como Rua das Pedras, hay bares y pubs donde suenan el reggae y el samba, y locales comerciales con ropa de marca. Los restaurantes ofrecen gastronomía de diferentes orígenes y en todos es posible deleitarse con diversos manjares. Un restaurante muy famoso en Buzios es Cigalón –ubicado en la citada Posada del Sol–, cuya chef es una argentina que prepara exquisitos platos como la mini-sopa velouté de zapallo, petit gâteau de puerros con mousse de queso de cabra, brandade de bacalao y espuma de batata, y crème brûlé al anís.

Mientras las valijas se van llenando desordenadamente de ropa, souvenirs y recuerdos a punto de ser estrenados, el sol se esconde detrás de las colinas y el cielo púrpura se confunde con el mar que lentamente va tomando una leve tonalidad dorada. Comienzan a encenderse las lucecitas de las posadas y los bares, y los barcos flotan sobre la península, ondulándose en la calma del atardecer. Cuando se contempla ese espectáculo –potenciado después por el reflejo de la luna sobre el agua–, se entiende la decisión de tantas personas de quedarse a vivir aquí. Nadie mejor que ellos sabe que existe un lugar en el mundo donde es posible vivir de la belleza y la paz todos los días del año.

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Los pescadores lanzan sus redes y pescan la belleza del mar.
Imagen: Ana Schlimovich / Embajada de Brasil
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