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Domingo, 13 de agosto de 2006

JUJUY > FIESTA EN LA PUNA JUJEñA

Toros en Casabindo

Cada 15 de agosto, un pueblito con casas de adobe perdido en la inmensidad de la Puna homenajea a la Virgen de la Asunción con una corrida de toros. Los improvisados toreros de Casabindo no lastiman al animal y salen a un ruedo muy particular sin trajes de luces pero muy dispuestos a enfrentar el riesgo de una cornada.

 Por Julián Varsavsky

Quizá la mayor fuerza del sincretismo religioso jujeño se vive en el poblado de Casabindo –ubicado en la Puna profunda– donde cada 15 de agosto se homenajea a la Virgen de la Asunción con una corrida de toros. En el camino hasta el pueblo se atraviesa una árida altiplanicie a 3400 metros de altura. En la lejanía aparece la imagen borrosa de las torres blancas de la iglesia de Casabindo –conocida como “La Catedral de la Puna”– que a simple vista luce desproporcionada para los 200 habitantes de este pueblo sin sombra por la falta de árboles, con casas de adobe un poco desperdigadas y calles de tierra y arena por donde casi no transitan autos.

Pero cada 15 de agosto una larga caravana de vehículos levanta una nube de polvo que ensombrece el camino de entrada. Se dirigen a un Casabindo ruidoso y alborotado como nunca, que se dispone a homenajear a su Patrona, la Virgen de la Asunción, “la mamita”. De los autobuses bajan centenares de personas llegadas desde toda la provincia, acompañadas por bandas de sikuris, esas quenas de la Puna que le roban los silbidos al viento. La fiesta comienza la noche anterior en las peñas musicales a la luz de los fogones, entre tragos de chicha y los graves soplidos del erque.

Danzas y procesión

La Puna se estremece con las trompetas y redoblantes que acompañan la procesión de la virgen.

El Toreo de la Vincha comienza el 15 de agosto por la mañana con una misa que ofrece el obispo de Humahuaca. Uno de los momentos cumbre de la jornada es cuando la imagen de la virgen sale de la iglesia en andas de la gente, entre bombazos y campanadas que hacen tronar la Puna. La larga procesión que va detrás de la imagen sagrada atraviesa la pista de toreo ubicada frente a la iglesia y avanza a paso lento por todo el pueblo al ritmo de una banda de saxos, trompetas y redoblantes que imitan las melodías litúrgicas de la Semana Santa andaluza. El aroma del incienso impregna el ambiente y aparecen en escena los samilantes, unos adoradores de la virgen con la ropa y el sombrero decorados con plumas de suri (ñandú). Los samilantes bailan la Danza de los Suris durante casi todo el día frente a la iglesia, al son de la caja, la flauta y los cascabeles que portan en sus muñecas y rodillas.

Pero el baile más llamativo de la celebración remite claramente a los ancestrales sacrificios prehispánicos que probablemente se llevaban a cabo en Casabindo desde antes de la colonia (por aquí pasaba el Camino del Inca). La Danza del Cuarto la bailan dos parejas durante todo el día. Cada pareja tiene una mitad del cuerpo recién descuartizado de una oveja. Por un lado, una mujer sostiene una pata del animal sacrificado y frente a ella el hombre sostiene la otra, unidas por el costillar en carne viva. Dos metros más adelante la otra pareja también baila sosteniendo la segunda mitad de la oveja y todos simulan tironear de las patas para desgarrar al animal y quedarse cada uno con un cuarto.

Devotos toreros

A los 2 de la tarde comienza lo que realmente todos esperan. Un bombazo inaugura la corrida y sale al ruedo el primer joven que hace una petición a la virgen. Para que ésta se cumpla el muchacho deberá arrebatarle al toro una vincha con monedas de plata que lleva en las astas. Un gran rectángulo conformado por un muro de piedra y adobe y algunas gradas hace las veces de “ruedo”. El público se sienta sobre la pared con los pies colgando hacia adentro; otros se suben a los árboles y hay quienes se trepan al campanario y el techo de la iglesia para tener una panorámica del espectáculo.

Unas zapatillas viejas, remera y jeans son el único uniforme de estos toreros que en su mayoría nunca en su vida se habían parado frente a un toro (durante el resto del año nadie torea y la idea de una escuela de toreros despierta carcajadas entre los lugareños). Por lo general dos o tres toreros terminan corneados de poca gravedad.

Algunos toros se niegan a correr y se dejan quitar la vincha con mansedumbre. Otros parecen tranquilos, pero azuzados por la multitud emprenden violentísimas carreras de 50 metros que obligan al torero alanzarse al suelo como un arquero para evitar la embestida. Los toreros esperan turno escondidos en una capillita blanca en el centro del ruedo, cuya puerta es tan angosta que el toro no puede entrar (aunque a veces lo intenta). Y cuando algún torero es desbordado por la situación, huye graciosamente hacia la capilla refugiándose justo a tiempo para evitar la cornada. Pero hay otro refugio más: un mástil al cual el perseguido se trepa de un salto quedando inmediatamente a salvo.

En general los valientes pobladores se enfrentan al toro con un paño rojo algo tajeado –muy lejos de lo que sería una capa de torero– que a diferencia de sus equivalentes españolas no esconde ninguna espada traicionera. Otros se hacen los cancheros burlándose del toro en sus narices y se llevan más de un susto que les transforma el humor. Pero más allá de los toques graciosos, el toreo es cosa seria en la Puna desde el momento en que está en juego la vida.

El Toreo de la Vincha es un evento de proporciones para la provincia. Para la ocasión se instala una feria callejera donde se venden colchones, ollas, frutas, ponchos... todos productos elementales que para quienes llegan desde lo profundo de la Puna acaso no haya otra posibilidad de conseguirlos.

A las seis de la tarde el frío y el viento señalan que la fiesta ha terminado y la caravana de autos levanta una nueva polvareda que se pierde en la lejanía del Altiplano. En la noche los ínfimos arroyos se congelan y el pueblo de Casabindo, en medio de la nada, vuelve a sumirse en el silencio y la absoluta oscuridad.

DATOS UTILES

  • Paquetes: La empresa Tour Andino ofrece un paquetes de 3 días y 2 noches por la Quebrada de Humahuaca y Casabindo con el Toreo de la Vincha, incluyendo alojamiento y traslados desde San Salvador de Jujuy, desde $552 por persona. Otro paquete similar pero de dos días y una noche cuesta $375.
  • Excursiones: Una excursión en el día al Toreo de la Vincha desde San Salvador cuesta desde $85. Más información: Tel. 0388-4242303 www.tourandino.com.ar

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Frente a frente, toro y torero en el improvisado ruedo frente a la iglesia de Casabindo.
 
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