Voces de alerta sobre la expansión de los biocombustibles

¿Estamos en presencia de un modelo beneficioso para el país y la región? Hay un pensamiento disidente que impugna la estrategia. En Argentina Grupo de Reflexión Rural (GRR) viene alertando sobre los efectos de esta fiebre por los biocombustibles.

Jorge E. Rulli y Stella Semino, miembros de esa agrupación, han sistematizado este rechazo en varios artículos. Según ellos, se trata de una vuelta de tuerca al modelo colonial de primarización de la economía, con eje en la agro exportación de commodities y la depredación de los recursos.

Es la profundización -alertan- de un modelo rural atado a los intereses de los agro-negocios globales, que ya ha hecho de la Argentina una “republiqueta sojera”, en beneficio de corporaciones trasnacionales dedicadas a la producción y comercio de semillas transgénicas.

Hoy, recuerdan, el país ha comprometido sus tierras fértiles con el monocultivo, orientado a producir forraje para alimentar ganado de corral y pollos de criadero en los países ricos. Pero a eso hay que sumarle ahora producciones masivas de biodiesel y etanol para mezclar con las gasolinas en Europa y Estados Unidos.

El negocio de los biocombustibles, con el principal objetivo de exportar a los países ricos, exacerbará la puja por la tierra (bioenergía versus producción de bienes agropecuarios), lo que hará elevar el precio de los alimentos en la Argentina y en el mundo, vaticinan.

“La conversión de tierras utilizadas hasta ahora para la producción de forrajes o para producir alimentos, y de ahora en más, para complejos agroenergéticos, pondrían poner en riesgo indudable el derecho soberano de nuestro pueblo a una alimentación saludable”, dicen los autores.

Esto ocurrirá en un país que no ha doblegado la lacra del hambre. En efecto, las estadísticas indican que hay en nuestro país 260.000 menores de 5 años que padecen desnutrición. Es decir, por cada 153 argentinos hay un niño desnutrido. Eso según la Encuesta Nacional de Nutrición y Salud, realizada en diciembre.

“La soja no es un mero cultivo, la soja es un sistema, la soja es el sistema general que condiciona cualquier política”, repiten los miembros del Grupo de Reflexión Rural, al explicar las características del modelo agrario en curso.

Y añaden: “Tanto la seguridad como la soberanía alimentaria de los pueblos desaparecen en los marcos de una realidad catastrófica y en medio de la insumo-dependencia, el desarraigo rural y el despoblamiento del campo, el hambre, la indigencia y los colapsos ambientales”.

“Este modelo no sólo es insostenible y amenaza gravemente a los agrosistemas y a la diversidad biológica, también expulsa población del campo a la ciudad, liquida las economías regionales y rechaza toda aplicación de las ciencias agronómicas en exclusivo beneficio del uso de agrotóxicos y de biotecnologías”, denuncian Rulli y Semino.

Por otro lado, los biocombustibles han ganado fama, incluso entre grupos ambientalistas, como energías renovables que son “libres de carbono”, por lo que no producirían gases con efecto invernadero.

Sin embargo, la doctora Mae-Wan Ho, profesora de biología de la Open University y consejera sobre biotecnología de la ingeniería genética y seguridad biológica, asegura que eso es un mito.

“Hay estimaciones realistas -replica- que muestran que generar energía a partir de cultivos requiere más energía fósil que la energía que producen, y que no reducen sustancialmente las emisiones de gases con efecto invernadero, cuando se incluyen todos los factores en los cálculos. Más aún, causan daños a los suelos y al medio ambiente”.

Al respecto, Semino también discute los efectos supuestamente benignos que tendría por ejemplo el uso del biodiesel, en términos de menos emisión de dióxido de carbono.

Según su análisis, el balance ambiental positivo que se pregona en Argentina no contabiliza los gases producidos por: el cambio en el uso de la tierra; los incendios de montes y bosques con el fin de extender la plantación de soja; la fertilización nitrogenada que ha comenzado en los últimos años para mejorar el rendimiento de la soja; los 15 millones de hectáreas de residuos que quedan después de la cosecha.

“Lo que no debemos permitir -refiere, por tanto- es que vastas extensiones de tierra sean dedicadas a la agro energía, de la misma forma que desde ya hace varios años nos oponemos a que los campos se dediquen a abastecer a los mercados internacionales con la producción de forraje y demás commodities”.

Vistas estas objeciones, una pregunta final se impone: quienes impulsan la agro energía como sustituto de los combustibles fósiles, para seguir cebando el actual consumo mundial, ¿habrán evaluado los riesgos de colocar la agricultura no ya al servicio de la producción de alimentos sino también de combustibles?.

Por Marcelo Lorenzo, El día de Gualeguaychú.
Fuentes: BiodiversidadLa, Grupo de Reflexión Rural.

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