UNIVERSIDAD › SEMANA INTERNACIONAL DEL ACCESO ABIERTO A PRODUCCIONES CIENTIFICAS

Ciencia y saber sin barreras

El movimiento surgido para enfrentar el oligopolio de las revistas científicas organizó actividades en todo el mundo. En Argentina, se realizaron charlas en el Conicet para difundir los beneficios de la libre circulación del conocimiento.

Apenas atravesado el umbral del siglo XXI, en las ciudades de Budapest, Berlín y Bethesda tomaron forma las declaraciones inaugurales de lo que sería el movimiento por el acceso abierto a la información científica. A contramano de la progresiva expansión global de Internet y sus consecuentes facilidades para la puesta en circulación de contenidos, en el mundo académico tomaba impulso un proceso de concentración de las publicaciones científicas en manos de un puñado de grandes editoriales comerciales, que desde entonces detentan el poder suficiente para aumentar tarifas e imponer agendas de investigación. En ese marco fue que la propia comunidad científica, las editoriales especializadas no comerciales y algunas entidades que financian investigación comenzaron a pedir un cambio. Como consecuencia del movimiento global fundado entonces, desde el lunes y hasta mañana se desarrolla la Semana Internacional de Acceso Abierto, con una agenda de actividades en países de todo el mundo, Argentina incluida.

“El acceso abierto al conocimiento científico es el acceso libre, gratuito, inmediato y sin restricciones a la literatura científica y académica a través de Internet. Bajo este régimen, cualquier investigador, docente, estudiante y ciudadano debería poder leer, descargar, copiar, distribuir, imprimir, buscar o enlazar textos completos, sin barreras financieras, legales o técnicas. El único requisito es citar a los autores y no modificar la obra”, explicó a Página/12 Fernando Ariel López, licenciado en Bibliotecología y Ciencias de la Información.

Las primeras declaraciones sobre el tema propusieron implementar el acceso abierto al conocimiento mediante dos vías. Por un lado, la “vía dorada”, que invita a los investigadores a publicar en revistas de acceso abierto y, por otro, la “vía verde”, que consiste en autoarchivar los documentos producidos en repositorios digitales institucionales o temáticos. Estas propuestas fueron complementadas luego con acciones más enérgicas: algunas universidades y centros de investigación empezaron a solicitar el acceso abierto como requisito para financiar investigaciones. Un paso más adelante está Argentina, que desde noviembre de 2013 cuenta con la Ley de Creación de Repositorios Digitales Institucionales de Acceso Abierto. Esta norma ordena que toda producción científica financiada total o parcialmente con fondos públicos debe ser compartida en acceso abierto y gratuito.

López, que fue coautor del proyecto de dicha ley, señaló que el acceso abierto genera múltiples beneficios tanto para universidades como para investigadores, estudiantes y la comunidad. El acceso abierto permite a las universidades “conocer y preservar lo que producen” y disponer de un repositorio que funcione “como memoria y como portal de difusión de su producción”, lo que genera “más visibilidad y la posibilidad de ser indexados por los motores de búsqueda”. El libre flujo permite también que los documentos científicos lleguen a nuevos públicos y posibilita su articulación con el sistema productivo. Al mismo tiempo, redunda para los investigadores en una “mayor visibilidad de sus producciones, más acceso a sus temas de investigación y más contacto con pares”, entre otras cosas.

López resaltó que lo que determinó el surgimiento del movimiento de acceso abierto fue “la oligopolización del mercado de las revistas científicas” (ver aparte). Según señaló, pese al abaratamiento de los costos de publicación generado por las herramientas digitales, las grandes editoriales han ido subiendo los precios e imponiendo contratos “por paquetes”. El especialista aseguró que América latina aporta ejemplos sólidos de que el modelo “puro” de acceso abierto es posible, y destacó la experiencia de biblioteca electrónica SciELO, que nació en 1997 en Brasil, y Redalyc, que surgió en la Universidad Autónoma del Estado de México. Ambas tienen actualmente alrededor de mil revistas científicas de calidad en acceso abierto, de todas las temáticas.

La ONG Sparc, con sede en Washington, organiza anualmente la Semana Internacional del Acceso Abierto, con actividades en los cinco continentes. La 8ª edición se está desarrollando hasta este domingo. En Argentina hubo una serie de charlas en el Centro Argentino de Información y Tecnología (Caicyt) del Conicet, transmitidas por streaming a más de 27 nodos del país y del extranjero. El 29 y 30 de este mes se realizarán en la UNLP dos mesas sobre “Acceso abierto en Argentina y América latina”.

Informe: Delfina Torres Cabreros.

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“El único requisito es citar a los autores y no modificar la obra”, explicó Fernando López.
Imagen: Joaquín Salguero
 
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