Mario Wainfeld, fue un maestro. Un gran tipo.
Un día de julio de 1969, Arturo Jauretche se sentó ante la enorme televisión de tubo, blanco y negro, gabinete de madera, y vió a Armstrong pisar la luna.
Dentro de pocas semanas habrá elecciones presidenciales en nuestro país.
Me puse a pensar en que cada época sube un estado para la población, lo que sería una manera parecida de organizar la felicidad o el hipnotismo, para que los contactos nos visualicen y saquen concl
A Mario lo conocí poco. Como muchos, crecí leyéndolo los domingos.
La muerte de Mario es un golpe terrible para este diario. Terrible.
Recordé un chiste de esos viejísimos. El de los dos amigos que van caminando y charlando, y al llegar a la barrera de la estación uno está atento y el otro distraído.
A veces la vida es hermosa. Siempre fue mi sueño hacer un ciclo de entrevistas con Mario Wainfeld.
"Yo sé que no es como venir desde Quilmes, pero quería saber si te gustaría trabajar en el diario, en la redacción", dijo y se le escuchó una pequeña risa que con el tiempo se volvería característi
Un tipo extraordinario, en el sentido literal, no hay tipos como él.
Había llegado al periodismo tarde, pasados los 40, después de un par de decadas en las que combinó una profesión de abogado que ya no lo entusiasmaba con la militancia peronista.
Hace muy poco nos juntamos para charlar sobre un programa de entrevistas que habían pensado junto a Melisa Molina para sumar a la web del diario.
Vamos a extrañar tanto a Mario de Palermo. Por su modo paciente de encontrar, aunque más no sea, alguna verdad en este océano de incertidumbres que es la realidad política argentina.
Alguien me contó que un día se cruzó a Mario Wainfeld en una movilización, lo vio en un esquina y se detuvo con algo de pudor --ya que no se conocían-- a saludarlo.
La nota que nunca quisiera escribir. Estoy devastada. Durante años compartimos escritorio, mesas de radio y algún que otro programa de televisión.
"¡¡Compañero gallina!!"
"Perón estaba en el balcón. Vio que abajo estaban Fimenich y Perdía, que gritaban con la gente: ¡La vida por Perón! ¡La vida por Perón!
Siempre golpea la muerte de un gran amigo. Mucho más cuando ha sido un compañero de la vida en el último cuarto de siglo.
La campaña electoral sigue su curso y la atención de la ciudadanía crece en forma proporcional a la toma de conciencia sobre la trascendencia del voto, con el agregado de la emergencia de opciones
Ya no sucede con tanta naturalidad, pero hubo un tiempo en cada 21 de septiembre, las radios argentinas inundaban sus programaciones con temas referidos a la primavera.