DEPORTES › COMO PASA SUS DIAS MARADONA A MINUTOS DEL PREDIO DE LA AFA

La vida del vecino ilustre de Ezeiza

 Por Gustavo Veiga

Diego Maradona no tiene mucho camino que recorrer entre su casa del barrio El Trébol y el predio donde trabaja con la Selección en Ezeiza. Son apenas cinco minutos de viaje. Sus días transcurren casi íntegramente en el municipio donde el Concejo Deliberante lo declaró ciudadano ilustre. Hace casi dos años que vive allí con su pareja, la rubia Verónica Ojeda. La estrecha relación que mantiene con el intendente local, Alejandro Granados, y su hijo Gastón, presidente del club Tristán Suárez, es más que conocida. Ese vínculo, con el paso de los años, lo empujó a mudarse desde Villa Devoto al partido del sudoeste del Gran Buenos Aires.

En los ratos libres, que desde su llegada a la selección se redujeron bastante, Maradona suele compartir encuentros con los Granados, visitó la cancha de Tristán Suárez –acaso el club con más presupuesto de la B Metropolitana– y hasta concurrió a la inauguración del shopping Las Toscas, ubicado también en Ezeiza y donde departió con la presidenta Cristina Kirchner. Menos trivial y más político resultó su apoyo a la presentación oficial del nuevo contrato del fútbol televisado en el predio de la AFA que se recuesta sobre la autopista Riccheri. Ese día volvió a codearse con la Presidenta, mientras los dos escuchaban a Julio Grondona dar el anuncio esperado del “Fútbol para todos”.

Granados es muy popular en Ezeiza, incluso desde mucho antes que Diego se instalara en el municipio. Peronista multipropósito, adhirió con fe de cruzado al menemismo en los ‘90 y desde la presidencia de Néstor Kirchner es un intendente disciplinado con el gobierno nacional. En las últimas elecciones, ganó con holgura presentándose con una candidatura testimonial a concejal. Diego hizo campaña por él. Era de esperar. Granados lo afilió al justicialismo.

Esa relación se trasladó al mundo privado. Cuando el ídolo tuvo un problema de convivencia con sus vecinos de El Trébol por levantar un paredón en su casa –aunque lo prohíbe el estatuto de ese barrio cerrado–, habría invocado que el intendente lo autorizó. Algunos residentes de viviendas contiguas se quejaron en voz alta. Recurrieron a la Justicia para que se hiciera cumplir el reglamento. Y además denunciaron que recibieron amenazas.

A Maradona no le importa demasiado qué digan los demás. Es un transgresor natural. En su vivienda con pileta de Ezeiza, donde el paredón que levantó contrasta con las cercas de ligustrina de las otras propiedades, suele tener custodia. Y en el predio de la AFA donde dirige al seleccionado lo cuida la empresa de seguridad Mapra, que tiene entre sus propietarios al hijo del ex boxeador Alfredo Prada.

“Yo podría vivir en cualquier lugar del mundo y ustedes lo saben, pero elegí Ezeiza porque es mi lugar en el mundo, porque tengo seguridad, vivo tranquilo y estoy muy cerca de mis amigos Dulce y Alejandro.” Lo dijo enfundado en la ropa deportiva que usa como entrenador de la selección y eligió el acto de cierre de campaña previo a las elecciones del 28 de junio para apoyar al matrimonio Granados. Ellos son sus amigos, sus vecinos de la estancia La Celia donde hace veinte años, allá por 1989, se festejó con asado y vinos bien estacionados la victoria que llevó a Carlos Menem a la presidencia.

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