EL MUNDO

“Los bolivianos que viven acá van a reclamar a Evo”

El politólogo Franco Castiglioni sostiene que la relación entre Argentina y Bolivia puede mejorar, pero que Kirchner deberá atender algunas cuestiones, como la situación de los bolivianos.

“En Bolivia está apareciendo una nueva identidad, aquella que reivindica los derechos del aborigen, del que hasta ahora aparecía como un marginado.” Para el politólogo Franco Castiglioni, la asunción de Evo Morales abrió un nuevo momento histórico, aquel que busca dar voz “a los pueblos originarios y a los pobres, a los olvidados por el neoliberalismo”. Al abordar el futuro mapa en la región, el ex director de la carrera de Ciencia Política de la UBA se muestra más que optimista. Aunque reconoce las enormes diferencias que separan a los países vecinos, no tiene dudas de las coincidencias ideológicas que los unen y de la necesidad estratégica con la que se enfrentan: “A cada uno le sirve que el otro triunfe, porque ninguno hoy va a querer un gobierno de signo opositor, un gobierno de derechas.”

–¿Qué futuro tienen las relaciones bilaterales entre Bolivia y Argentina a partir de la asunción de Evo Morales?

–En primer lugar, hay que despejar viejos malos entendidos. Por ejemplo, cuando en junio de 2005 el ex presidente Mesa llamó a la defensa de las instituciones, lo hizo bajo una durísima acusación contra el MAS. Sin embargo, el gobierno argentino apoyó inmediatamente ese llamado, aunque sin hacer ninguna mención contra las acusaciones que mostraban a Evo como causante de todos los males en Bolivia. Además está la cuestión de los inmigrantes bolivianos en el país. En este momento se trata de una comunidad que se siente con la identidad muy alta. Hay un presidente que, por primera vez, puede que se acuerde de ellos, y su situación tal vez se plantee en la agenda de ambos países. Cuando Evo habla, aquí hay miles de ciudadanos bolivianos que lo están escuchando, están prestando atención a ese mensaje. Hoy (por ayer) en todos los televisores apareció algo que, hasta hace algún tiempo, resultaba impensado: durante la asunción aparecía en pleno lo que es la bolivianidad, ese nuevo poder que está reivindicando a los pueblos originarios y a los pobres, a los olvidados por el neoliberalismo. Para los bolivianos Evo es una figura convocante y, como quedó manifestado el otro día en Plaza de Mayo, los bolivianos que viven acá van a reclamar su presencia. Y esto es algo que el presidente Kirch-ner deberá tener en cuenta. En Bolivia está apareciendo una nueva identidad, aquella que reivindica los derechos del que, hasta ahora, aparecía como un marginado. Y no se trata de una convocatoria antiimperialista. Morales aparece reivindicando derechos sociales y culturales. Aparece entonces una identidad de raza, y eso tiene mucha más fuerza que cualquier cuestión política.

–¿Podemos afirmar un alineamiento ideológico entre los países de la región?

–Evidentemente estamos ante gobiernos de izquierda. Pero en cada país la izquierda debe adaptarse a las condiciones propias de su estructura política y social: la organización que tienen los trabajadores, el funcionamiento de los partidos, el sistema productivo. Así nos encontramos con casos tan opuestos como el de Chile, con un sistema semejante al modelo europeo, y Bolivia, con un mapa político completamente distinto.

–Sin embargo, ambos países se enfrentan con una misma demanda histórica sobre una mayor redistribución de la riqueza.

–Sí, pero mientras Chile tiene un modelo económico claramente volcado a la exportación y cuenta con un gobierno estable encabezado por un partido con capacidad organizativa para ejercer políticas públicas, Evo Morales está empezando de cero. Chile tiene un Estado fuerte, el mejor organizado de toda América latina. En Bolivia existe una debilidad estatal histórica, producto de una herencia colonial, que debe ser superada. Eso sí, tendrá que cuidarse de no “sobreofertar”, es decir no hacer promesas que luego no puedan ser satisfechas por la Asamblea Constituyente. El llegó al poder con el 53 por ciento. Se trata de votos que, sin duda, le van a dar apoyoy un largo período de gracia. Pero también se trata de votos con muchas expectativas, algo que lo pone en una situación bastante difícil.

–¿Cómo puede llegar a repercutir la asunción de estos gobiernos en el mapa de la región?

–Bueno, obviamente no todas tienen que ser coincidencias. Cada país tiene que defender sus intereses. Pero cuando hay un lenguaje similar y prima un común denominador, se vuelve necesario además contemplar los intereses del otro. Algo hemos avanzado en esta dirección cuando se firmó con Brasil la Cláusula de Adaptación Competitiva.

–Las discusiones generadas dentro del Mercosur a raíz del posible acuerdo entre Uruguay y Estados Unidos parecen ir en sentido contrario.

–Más que nada parece haberse tratado de un llamado de atención a sus socios que, hay que destacar, resulta además muy poco coherente. Para Uruguay una sociedad con Washington ofrece más desventajas que puntos a favor. Su pequeña economía sucumbiría rápidamente con un socio así. Es por ello que digo que siempre están en juego los propios intereses. Sin olvidar que a cada uno le sirve que el otro triunfe, porque ninguno hoy va a querer un gobierno de signo opositor, un gobierno de derecha. Y tenemos buenas señales. El encuentro de ayer entre Lagos y Morales es algo que tiempo atrás no se hubiera pensado.

Reportaje: Carolina Keve.

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