SOCIEDAD › JAIME SORIN, EX DECANO DE LA FACULTAD DE ARQUITECTURA DE LA UBA

“Las obras se podrían haber hecho eligiendo las prioridades”

 Por Mariana Carbajal

“Con las obras adecuadas y un plan de contingencia” se podrían haber “mitigado los daños” de las inundaciones que asolaron en los últimos días a las ciudades de Buenos Aires y La Plata, opina Jaime Sorín, ex decano y profesor de la Facultad de Arquitectura de la UBA. Además de la falta de obras, lo que contribuyó al anegamiento en algunos barrios porteños fue “que en los días previos se cortaron muchas ramas, que no se recogieron por el feriado, que taparon alcantarillas, sumado a que es otoño y hay más hojas caídas”, y a que “se redujeron superficies de absorción” al eliminar adoquinados y la grama de espacios verdes y reemplazarlos por cemento. Tanto una como otra ciudad se vieron afectadas a su vez por las consecuencias de “un boom inmobiliario sin ningún control”, indicó. En la última década, destacó Sorín, se construyeron en la ciudad de Buenos Aires 25 millones de metros cuadrados nuevos, y se mantuvo la misma infraestructura de la década del ’50.

–¿Se podrían haber evitado las inundaciones de los últimos días en La Plata y la Ciudad de Buenos Aires?

–Cuando cae semejante cantidad de agua es difícil evitar que haya inundación en ciudades como éstas, atravesadas por arroyos de llanura. En una llanura el agua escurre lentamente. Eso hay que tenerlo en cuenta cuando se construye una ciudad. Pero sí se pueden mitigar los daños. En la provincia de Buenos Aires hay obras que están empezadas o faltan terminar y hubo un fenómeno nuevo como la inundación del centro de La Plata. Hay que estudiar qué sucedió para que eso ocurra. Puede ser que falten alcantarillas. En la Ciudad de Buenos Aires, de los cinco arroyos que la cruzan, en el único caso en que las obras están más terminadas es en el Maldonado, que corre bajo la Juan B. Justo: el canal principal está finalizado, pero faltan los aliviadores, que permiten que las alcantarillas lleven el agua y no quede en las calles.

–El gobierno de Mauricio Macri dice que no puede terminar las obras del Vega y del Medrano porque no tiene el aval del gobierno nacional para obtener crédito...

–Las obras se podrían haber hecho con dinero de la Ciudad, eligiendo las prioridades. Pero hay que señalar que el sur también es inundable, por donde pasan los arroyos Erézcano, Elía y Cildáñez. También sobre la avenida Larrázabal hay una cuenca. No solamente la zona de Belgrano y Núñez se inundó. También Mataderos, Lugano y Villa Cildáñez, que nunca se había inundado. Además de la falta de obras, lo que pasó es que en los días anteriores a la tormenta se cortaron muchas ramas, que quedaron en la vía pública y vinieron los feriados, y taparon las alcantarillas, sumado a que estamos en otoño y caen más hojas. Esto hizo una mezcla explosiva. Debió haberse previsto un plan de contingencia.

–¿Qué características tiene que tener para que sea efectivo?

–Debe funcionar con alertas tempranas, incluso en feriados. Los planes de contingencia tienen que funcionar los 365 días.

Esta ciudad tiene un problema de obra y de planificación. El Código de Edificación y Planeamiento, que define lo que se puede construir en cada zona, es de 1977. Se le hicieron algunas modificaciones en el año 2000. Está pensado para una ciudad de seis millones de habitantes. La ciudad tiene alrededor de tres millones y ya no tiene infraestructura ni para un habitante más. Son códigos puramente inmobiliarios. Y falta la pata de con qué infraestructura se abastece a las nuevas edificaciones. La infraestructura está completamente igual que en la década del ’50. En estos últimos diez años se construyeron 25 millones de metros cuadrados nuevos. Y no se acompañaron con nueva infraestructura. Algunos vecinos protestan porque las torres les quitan el sol, pero otros porque les falta agua. Hay un plan de hidráulica que se terminó de aprobar durante la gestión del ex jefe de Gobierno Aníbal Ibarra. Ahí están definidas todas las obras que se tienen que hacer para mitigar las inundaciones. Es una cuestión de obras y de gestión. Pero hay que pensar también que aunque las obras estuvieran hechas, debe haber además un mantenimiento adecuado; hoy el sistema de recolección de residuos, por ejemplo, está completamente perimido. Además, en los últimos años se han hecho obras absolutamente perjudiciales.

–Por ejemplo...

–Como el retiro de los adoquines en las calles. Los adoquines permiten una filtración importante. Y se asfaltó mal: en Palermo, por ejemplo, el centro de la calle está a la altura del cordón y rápidamente las calles se inundan. Muchos asfaltos, por otra parte, taparon las alcantarillas. Donde se han ensanchado las esquinas, quedaron las esquinas más altas, y el agua no puede pasar. Se eliminó la granza, esas piedritas rojas, en muchas plazas barriales y se reemplazó por cemento peinado que no absorbe el agua. La granza permitía que el agua se infiltrara. El Código de Edificación permite que se construya hasta el fondo de un terreno. En muchos edificios nuevos se reemplazaron los centros de manzana por estacionamientos de cemento. Se pueden colocar superficies absorbentes, pero son más caras.

–¿Y qué factores influyeron en La Plata para que se produzca semejante catástrofe?

–La Plata está en una zona de poca pendiente y está lejos del Río de la Plata. Fue construida en 1880 con un sistema de alcantarillado que hoy está bastante obsoleto. También ahí está el problema del arroyo El Gato. Nunca se previó el boom inmobiliario de las características que se observa hoy. Algo siempre se van a inundar. Lo que tienen que pensar es en cómo minimizar los riesgos. Otras ciudades de Latinoamérica tienen protocolos sobre cómo actuar cuando se anuncian tormentas fuertes. Hay que avisarle a la gente para que se corran los autos de las zonas inundables. Tiene que haber un sistema de prevención temprana y ayuda inmediata. Debería haber un impuesto diferencial para las zonas en las que las obras públicas permitieron revalorizar los terrenos. Es lo que establece una ley nueva aprobada en la provincia de Buenos Aires y que fue muy cuestionada por algunos sectores, por la cual el desarrollador debe pagar al Estado un 10 por ciento del valor de la tierra urbanizada para que se puedan comprar terrenos en mejores condiciones para la gente que de otra forma termina viviendo en asentamientos, que suelen estar en zonas inundables. También hay que analizar los impactos ambientales serios. Nordelta inunda los barrios que están a su alrededor. Está construido sobre el bañado de San Fernando: hicieron las lagunas y con eso se rellenaron las tierras. Eso se sabía. Al no estar el bañado, el agua inunda los barrios periféricos. Igual que sucede con el shopping Dot, en Núñez, y el barrio Mitre. El Dot bombea agua de sus tres subsuelos, reconoce que no hizo las obras que le exigieron y el gobierno no controló. El barrio Mitre se volvió a inundar. Ese barrio se hizo en 1957, durante el gobierno de Aramburu, con el criterio de viviendas de emergencia para tres años y ya lleva 60 años. Nunca se hicieron las obras para cambiar esa situación y el Dot empeoró todo.

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Imagen: Pablo Piovano
 
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