Celebración por la vitalidad de un ciclo

Con una gran satisfacción no exenta de orgullo, y a la vez con un dejo de genuina sorpresa, quienes hacemos La Línea Piensa celebramos haber llegado a la muestra número 100. Desde luego, cuando lo iniciamos en el mes de mayo del año 2006 no imaginábamos que el ciclo iba a sostenerse durante tanto tiempo, ni tampoco que tendría la adhesión ni la repercusión que logró entre los artistas, el público y demás actores del medio artístico local. 

A la vez, La línea piensa ha alcanzado felizmente esta suerte de mayoría de edad gracias al apoyo y a la generosidad del Centro Cultural Borges, de su director Roger Haloua, y de la Fundación Tres Pinos, quienes apostaron sin vacilaciones ni recelos al sostenimiento del ciclo, algo que no siempre es habitual ni factible en este medio. También, las tres coordinadoras (Laura Spivak, Valeria Traversa y la actual, Melina Ojagnan) aportaron el esfuerzo, el talento y el espíritu tan decisivos en el imprescindible aporte logístico para que la continuidad de las muestras resultara efectivamente ininterrumpida. Lo mismo vale para el equipo de montaje y el resto del personal involucrado del Centro Cultura Borges, quienes con su enorme predisposición invariablemente positiva hicieron todo mas fácil cada vez que las cosas amenazaban con complicarse demasiado. 

Ya hemos dicho que propusimos el ciclo como un modo de rescatar y exhibir aquellas maneras y formas de la práctica del dibujo que se destacaran por la autonomía y la invención poética en los lenguajes de la línea, antes que por la sujeción y el sometimiento de los mismos a la hegemonía de la representación. Ese pequeño manifiesto ha quedado saludablemente desactualizado, habida cuenta del modo en que el dibujo se ha expandido, desarrollado y transformado en el heterogéneo concierto de las prácticas estéticas actuales, diluyendo sus propias fronteras y salteando sus límites conceptuales como disciplina, convirtiéndose en un campo que sigue expandiéndose y revelando nuevas e inesperadas fisonomías. Esta certeza de algún modo nos obliga a mantener la apuesta a la vitalidad del ciclo con una mirada permeable y lo más amplia posible, teniendo en consideración la mayor diversidad en las expresiones exhibidas, aunque sin perder de vista que La Línea Piensa se define fundamentalmente como un espacio pedagógico antes que curatorial, en el sentido de que privilegia mostrar maneras de dibujar antes que ideologías, y prácticas específicas antes que identidades de artistas.

* Artistas visuales. Cofundadores de La línea piensa. Texto que celebra las 100 exposiciones.