Por una sociedad más fraterna

Jamás se me ocurrió que podría haber sido elegido Papa. Un mes antes de ese 13 de marzo habíamos estado conversando en la Curia de Buenos Aires y me decía: “Seguramente antes de fin de año nombrarán al nuevo Arzobispo, yo iré a vivir al Hogar Sacerdotal y confesaré en alguna parroquia, probablemente en San Pantaleón o San Cayetano”.

Jamás imaginé el gozo inmenso de ese día, la alegría de tanta gente, las campanas de la Catedral de San Isidro echadas a vuelo como en tantas otras diócesis del país.

Le escribí al poco tiempo expresándole mi alegría y mi sorpresa. Les transcribo lo que me contestó:

“Para mí lo mejor de este momento es la gracia de la paz. Es tanta que de movida te das cuenta que no es propia; es un regalo. Y esto lo viví desde el primer momento de la alarma, cuando los votos empezaban a subir. La paz es el gran regalo de Dios, gracias a este regalo puedo sobrevivir. Es como si el Señor me hubiera “blindado” con esta paz”.

Tengo presente su primer encuentro con la prensa: “Sueño con una Iglesia pobre para los pobres”, les dijo a los periodistas. De esta manera el papa Francisco aparecía en la mayoría de los medios y ya desde el comienzo de su Pontificado como una esperanza de cambio y de reforma. No solo hacia adentro de la Iglesia sino también hacia afuera a través de un liderazgo moderno e incisivo que busca proponer el Evangelio en un estilo claro para el hombre de hoy y siempre contundente por el peso de sus verdades. 

El viaje a Brasil por la Jornada Mundial de la Juventud y posteriormente, el viaje a los Estados Unidos lo colocaron en un lugar muy importante habiendo sido visto y escuchado por millones de personas. Su sencillez, su lenguaje directo y la profundidad de sus reflexiones lo fueron transformando en una persona querida y respetada en todo el mundo.

Mi primera entrevista con él después de su elección fue en julio del 2013. Medio en broma le dije que se había convertido en un “boom comunicacional”. Me contestó: “Hoy siento más que nunca que El Señor me pide que sea yo mismo. Este es el secreto de la comunicación”. Después de estos cinco años podemos decir con certeza que hemos sido testigos de la vida y de la palabra de un hombre cabalmente fiel a sí mismo.

En estos años una inmensa cantidad de personas han podido saludarlo, estrecharle la mano o darle un abrazo.El Papa ha puesto de manifiesto una enorme capacidad de escucha y de atención, mirando a los ojos a quien se dirige a él y creando un espacio de encuentro en breves segundos, en el que muchas veces ha podido hacer una devolución y en sus respuestas hemos notado una percepción aguda de lo escuchado y nos hemos sorprendido de su extraordinaria memoria. La gente que lo ve nunca dice “saludé” al Papa, sino “estuve” con el Papa.

Su carta EvangeliiGaudium es el documento programático de todo su Pontificado. Allí plantea los fundamentos para una reforma de la Iglesia a través de la conversión pastoral de todo el Pueblo de Dios.

La Encíclica Laudato Si es el primer documento en el que un Papa se expresa tan claramente sobre el cuidado de la Creación, vinculando la suerte de los pobres del planeta con los perjuicios cometidos por el hombre contra el medio ambiente. De este modo conectó a la Iglesia con un problema central para el futuro de la humanidad. 

Su Carta sobre la Alegría del Amor pone de manifiesto la preocupación de la Iglesia por la familia, los peligros del aislamiento individualista y la atención especial a tantos hermanos que han sufrido rupturas en sus matrimonios y en su relación con la Iglesia. El tema de la misericordia ha recorrido transversalmente todo el contenido de su Magisterio. 

En estos cinco años de trabajo muy intenso, Francisco además de predicar diariamente en su Misa en Santa Marta, nos ha entregado enseñanzas muy fecundas para la vida de la Iglesia y reflexiones muy hondas sobre nuestra cultura, nuestro compromiso social y con el futuro de la humanidad. Este magisterio tan rico es lo que lo va a sobrevivir, por eso no puedo dejar de expresar mi preocupación de que en nuestro país se conozca tan poco el pensamiento y los mensajes de Francisco. 

Muchas personas opinan sobre lo que el Papa hace o sobre lo que dicen que dijo. Algunos sectores en los medios hacen foco en sus gestos y tratan de interpretarlos con una lectura política muy alejada de su auténtico rol de Pastor. Daría la sensación de que cuando Francisco se encamina decididamente a hablarnos del drama de la pobreza, a dar visibilidad especialmente en Europa a los rostros de los refugiados y a cuestionar con seriedad algunas consecuencias de nuestro sistema de vida y de nuestra cultura, comienza a aparecer una fuerte desconfianza hacia su persona en la que se busca consciente o inconscientemente escamotear el contenido de sus mensajes.

La inmensa mayoría de los argentinos estamos orgullosos de nuestro Papa y sentimos no solo que nos deja muy bien representados en el mundo sino que, está llevando adelante un enorme servicio para que nuestra sociedad humana sea más fraterna y solidaria y la alegría del Evangelio nos alcance a todos.

* Obispos de San Isidro, presidente de la Conferencia Episcopal Argentina.

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