Un preso fue reconocido como autor de un crimen
El video que se convirtió en prueba

Un hombre que estaba preso desde 2016 en Marcos Paz, condenado por integrar una banda que ingresaba a edificios de Capital Federal con llaves robadas o copiadas, fue procesado por el crimen de una kinesióloga violada y estrangulada en 2015 en el barrio porteño de Colegiales. En julio de 2017, la Fiscalía 22 a cargo de Eduardo Cubría recibió la carta de un “denunciante anónimo” que dijo reconocer en un video publicado en un programa de C5N al sospechoso del crimen, un preso alojado por entonces en la cárcel de Marcos Paz.

En la grabación de la cámara de seguridad del edificio de Palpa 3565, en el que vivía la kinesióloga Mirta Beatriz Avancini, se puede ver que el 17 de diciembre de 2015 a las 16.10 un joven ingresa al edificio con la llave y una mochila al hombro y se retira a las 16.29 con la misma mochila y un maletín, luego de dialogar con el encargado para decirle, según los investigadores, que había ido a reparar una computadora al 5° piso. A las 15.45 –es decir, 35 minutos antes de la llegada del joven– esas mismas cámaras muestran a Avancini salir del edificio. Dos días después, el hermano de la víctima, miembro de la Policía Federal (PFA), la encontró estrangulada en su consultorio, localizado en la calle Céspedes 3473, a menos de dos cuadras de distancia. Avancini estaba encerrada en el baño, atada de pies y manos con precintos, con un lazo alrededor del cuello y un trapo sobre la cara. La autopsia reveló que la kinesióloga agonizó alrededor de 38 horas y murió como consecuencia de una “asfixia mecánica por compresión del cuello”. El cuerpo presentaba varios golpes y signos de abuso sexual.

Previo a encontrar el cuerpo, el hermano había pasado por la casa de la víctima, donde encontró todo revuelto y se enteró que dos días antes había ocurrido un robo en un departamento vecino, cuando un ladrón había sorprendido en el palier del ascensor a una niñera en el momento de sacar la basura. 

El fiscal Cubría siguió la pista aportada por el testigo y encontró que el día y a la hora del crimen de la kinesióloga el sospechoso registraba llamados desde su celular en la misma zona de Colegiales. Después, intentó vender los objetos robados en San Nicolás y en Liniers. También determinó que el acusado le había dicho a una mujer que había “salido en la tele”.

Si bien no se encontraron huellas o ADN que lo ubiquen en el consultorio donde fue violada y asesinada la kinesióloga, sí se encontró su ADN en el precinto con el que ató a la niñera durante el robo en el departamento vecino. 

Para los investigadores, esa persona entró y salió del lugar con las llaves previamente robadas a Avancini en su consultorio. El hecho de haber tenido las llaves con las que ingresó después al edificio donde ella vivía lo convirtieron, para el juez Manuel Gorostiaga, quien lo procesó, en un partícipe necesario del “abuso sexual, el homicidio criminis causae y el femicidio”.