Comenzó el juicio a una joven de 19 años por el crimen de su novio
Las razones de una mujer para matar
Más allá de las eventuales revelaciones que aporte el proceso judicial, las consideraciones desde el psicoanálisis apuntan a indagar sobre los diferentes fantasmas que se juegan en las relaciones amorosas para hombres y mujeres.
Nahir Galarza es juzgada por matar a Fernando Pastorizzo.Nahir Galarza es juzgada por matar a Fernando Pastorizzo.Nahir Galarza es juzgada por matar a Fernando Pastorizzo.Nahir Galarza es juzgada por matar a Fernando Pastorizzo.Nahir Galarza es juzgada por matar a Fernando Pastorizzo.
Nahir Galarza es juzgada por matar a Fernando Pastorizzo. 

Comenzó en la ciudad de Gualeguaychú el juicio por el crimen de Fernando Pastorizzo, con su novia ‑Nahir Galarza‑  sentada en el banquillo de los acusados (1). El 29 de diciembre del año pasado, tras publicar en las redes sociales una amorosa despedida a su recién fallecido ex novio ("te amo para siempre"), Nahir ‑una joven de diecinueve años de la ciudad de Gualeguaychú‑, se dirigió a una dependencia judicial para confesar que ella misma había matado al muchacho de dos disparos en el pecho con el arma reglamentaria de su padre policía, no sin antes dejar en claro que nada debía adjudicársele a su familia en la comisión del hecho. Dado el estado de shock en que se encontraba, el funcionario a cargo dispuso poner a la joven bajo cuidado psiquiátrico. En una posterior declaración, Nahir argumentó que los disparos fueron accidentales y que en su primer testimonio había mentido por temor de que acusaran a su padre en virtud de ser el titular del arma del que salieron las balas que terminaron con la vida de Fernando.

Más allá de las eventuales revelaciones que aporte el proceso judicial, vale formular algunas consideraciones a propósito de este tristísimo e impactante caso. El actual escenario de las relaciones de pareja se destaca por la violencia que cada día se cobra la vida de más de una decena de mujeres. Esta vez le tocó a un joven varón ocupar el lugar de víctima. Al momento no se cuenta con los detalles sobre las circunstancias que desataron tamaño y atroz desenlace. En todo caso vale preguntarse qué motivaciones pueden llevar a una adolescente a tomar semejante decisión. 

Desde ya la edad de ambos protagonistas ‑el joven contaba con veinte años de edad‑ no es un dato menor: si algo distingue al duro tránsito de la adolescencia es el carácter absoluto que adoptan las pasiones. Dicho esto, y sin pretender formular mayores conjeturas sobre el caso que nos convoca, bien podemos afirmar que las razones para asesinar a una pareja corren por carriles bien diferentes en hombres y mujeres. La herida narcisista que empuja a una persona hacia el asesinato del partenaire suele adoptar rumbos diferentes según el rol sexual que porta un sujeto. Es que las fantasías del campo femenino y masculino no acostumbran a estar en sintonía. Si por el lado macho la amenaza de perder el objeto supone una afrenta a la potencia del varón, el campo femenino en cambio no se muestra tan interesado en la posesión del objeto como en la anhelada condición de única que una mujer espera del amor de un hombre; desde ya una compleja demanda que la función paterna está encargada de atemperar y orientar ‑no siempre con éxito‑ desde la infancia hasta los por demás controvertidos años de la adolescencia. Es que en el amor el hombre está convocado para facilitar a su compañera la relación con esa Otra que toda mujer arrastra en sí misma, tal como Freud ‑no después de amargos sin sabores‑ coligió cuando, desechando toda complementariedad sexual, ubicó a la madre como objeto primordial para ambos sexos. Por eso, si de cuestiones de amor se trata, en toda locura o violencia femenina merece rastrearse la renuncia o retaceo a esta función mediadora que la mujer necesita de la figura masculina, sea pasada, presente, real o fantaseada. El arte suele brindar valiosos indicios: El arrebato de Lol V. Stein de Marguerite Duras muestra cómo una adolescente pierde la razón al comprobar el deseo con que su novio mira a La Otra durante la celebración de un baile. En el campo de la ópera, Madame Butterfly de Puccini deja ver la presencia del emblema paterno ante el desengaño amoroso: la protagonista se suicida con el cuchillo del padre. En tanto que la Emma Zunz de Borges aborda el crimen de una joven que, al matar al hombre responsable de la ruina de su padre, también venga ‑en ese hombre malvado‑ la "cosa horrible" que su propio padre (el padre de Emma) le hacía a su mamá. Un dato a tener en cuenta si, tal como sugiere el psicoanálisis: todo encuentro es un re‑encuentro, es decir: si nos preguntamos a quién mataba Nahir en el cuerpo de su amado ex novio.

 

1) https://www.pagina12.com.ar/119414‑nahir‑ante‑los‑tribunales

* Psicoanalista. La posición del autor no compromete la posición editorial del diario.

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