Ahora que estamos todas
RESISTENCIAS | La Asamblea Feminista de Trabajadorxs en Télam, un aquelarre de organizaciones políticas, sociales y sindicales que se dio cita el viernes pasado a 39 días de permanencia pacífica y en defensa de los medios públicos, denunció el ajuste y el vaciamiento del Gobierno como una manera de disciplinar específicamente a las mujeres.
Imagen: #somostelam

“El feminismo sin justicia social no es posible.” El viento helado sobre el bajo de la avenida Belgrano se lleva puesto hasta al más taura. Pero Carla Gaudensi hace tronar la cuadra desde esa consigna lanzada a voz en cuello, con el megáfono que lejos de cubrir su rostro pequeño vibra en una ronda inmensa y enardecida. Todas están ahí, juntas y al calor de una lucha común aplaudiendo a la delegada de la comisión interna de Sipreba-Télam, en defensa de los medios públicos y contra la precarización de la economía que afecta principalmente a mujeres, lesbianas, trans y travestis. “El ajuste y el vaciamiento también pueden ser leídos como una manera de disciplinar específicamente a las mujeres, que encuentra su primer antecedente en el 8M de este año, cuando el directorio de la empresa sancionó a ocho compañeras que participaron de la protesta. Seis de ellas fueron despedidas”, dice uno de los párrafos centrales del documento que elaboraron las trabajadoras. Confirma que de los 357 despedidxs, 139 son mujeres, la mayoría jefas de hogar, y el 64 por ciento sindicalizadas. Nada es casual: los apercibimientos por “el bidonazo” de las trabajadoras de Télam durante el Paro Internacional de las Mujeres fue entonces la prueba acabada de una política discriminatoria que terminó de recortar derechos básicos en la perpetuación del cierre del jardín materno-paternal, el déficit de paridad y las persecuciones laborales a varias compañeras. “Por eso, si callan a Télam nos callan a todxs”, advierte Jordana, del Colectivo de Educadoras de la Villa 21-24. “Creemos en la lucha contra los poderes que quieren vulnerarnos. Defendemos el derecho a la información.”

Es viernes de neblina. Las hijas y nietas de las brujas que nunca pudieron quemar exorcizan los bocinazos, el cordón policial que las desea invisibles, los insultos de conductores que acusan al feminismo. Isabel Almada es operadora social en prevención de la violencia de género, pero también autora de los mejores cortes de manga que obsequia a los más hostiles. “Esos infelices no entienden que a este gobierno las vidas no le importan. La política neoliberal sólo hace que elijamos cómo morir.” Isabel es una de las 150 representantes de sectores sindicales, políticos y sociales que participaron de la jornada  en la Agencia Nacional de Noticias. “Asamblea feminista junto a compañeras y mujeres trabajadoras en defensa de los medios públicos y en contra del disciplinamiento de nuestros cuerpos y de nuestras voces. El cierre de Télam es ocultar la agenda feminista”, lee una de las trabajadoras despedidas y un silencio repentino conmueve hasta las tripas: alguien pronuncia los nombres de Sandra Calamano y Rubén Rodríguez. “Son las muertes de María Eugenia Vidal”, lamenta Erica, docente del distrito de Moreno, donde explotó en mil pedazos la Escuela N° 49 que conducía Calamano. “Todas nos vemos reflejadas en lo que le sucedió a Sandra, porque el recorte lo vamos a sentir con más fuerza las mujeres y en especial las que están en áreas de Educación y Salud. Pero nos tenemos que poner al frente para demostrar que nosotras podemos frenar ese ajuste asesino.” 

La convocatoria entramada por Télam, Sipreba, el colectivo NiUnaMenos, CTEP, CTA Autónoma y De los Trabajadores, y la CGT retoma la histórica fusión intersindical feminista del 8 de marzo y a aquellas hijas del Paro Internacional de Mujeres, para volver a clavar sus demandas en el hueso del autoritarismo institucional. “Queremos cambiarlo todo, darle lugar a este desconcierto que provocamos, problematizar nuestros lugares y fortalecerlos ante el desmantelamiento”, arenga René Vidal, del Sindicato Argentino de Televisión (SAT). “Queremos discutir condiciones dignas de trabajo, no sólo ocupar áreas de género.”

En esa alianza indestructible entre sindicalismo, organizaciones sociales y feminismo se dirime la soberanía de la información y los sentidos, vibra la herramienta sindical y se juega la institución paritaria como signo de la democracia, enumera una referente de ATE Capital agitando su pañuelo verde en la marea de sedas replicadas en cuellos y puños. Son las dueñas de una construcción capaz de mezclarlo todo. La legalización del aborto es la coyuntura más expresiva de esa transversalidad. “Sabemos lo que es romper el silencio.” Laura Salomé, de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto, concluye inevitable que “somos las mujeres las que estamos en las calles y tendemos puentes, y sabemos que en este 8A somos cientos de miles reclamando por el derecho a decidir”. Luci Cavallero, del colectivo NiUnaMenos, suele decir que “la discusión se transformó en experiencias de politización. Así el aborto pasó de ser un problema excluyente de salud pública para convertirse en una contraseña de decisión sobre lo que queremos hacer con nuestros cuerpos.”

El atardecer de ese viernes 4 es rebelde y contrahegemónico. Una experiencia de politización colectiva que comenzó el 3 de junio de 2015 con la movilización masiva de NiUnaMenos, se expandió en los paros internacionales y ahora reverbera en cada debate de las trabajadoras. Las atraviesan los modos de sostener a sus familias, las estrategias materiales de supervivencia, la autodefensa contra las violencias, la sororidad de tantas que alientan a seguir. Por todos esos tejidos que nos unen y amplían la red hasta el infinito hoy nosotras #SomosTélam. En manada. Organizadas. Porque vivas, libres, con trabajo y desendeudadas nos queremos.

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